Desvinculan la testosterona de la agresividad infantil y la asocia a la hormona del estrés

Un estudio de la UPV/EHU desvincula la testosterona de la agresividad infantil y la asocia a la hormona del estrés
ISTOCK
Publicado 16/04/2019 11:09:08CET

Se han medido los niveles hormonales de testosterona y estradiol y de cortisol de 80 niños y 59 niñas de ocho años

BILBAO, 16 Abr. (EUROPA PRESS) -

Investigadores de la UPV/EHU han determinado que los bajos niveles de conducta agresiva en las niñas pueden explicarse por unos niveles bajos de testosterona y altos niveles de empatía, y que los altos niveles de conducta agresiva en determinados niños pueden explicarse por la presencia de altos índices de cortisol (hormona asociada al estrés) y no de la testosterona, por lo que el estudio no vincula dicha hormona sexual masculina y baja empatía para explicar conductas agresivas.

En ese sentido, el estudio, llevado a cabo en el Departamento de Procesos Psicológicos Básicos y su Desarrollo de la Facultad de Psicología, ha concluido que la testosterona y el cortisol modulan los efectos de la empatía sobre la agresividad en niños y niñas.

Los investigadores se han centrado en analizar los mecanismos psicobiológicos que puede haber detrás de la conducta agresiva infantil y de los diferentes grados existentes respecto a la capacidad empática de niños y niñas de ocho años.

Según ha explicado la profesora del departamento, Eider Pascual-Sagastizabal, han abordado el estudio de la conducta agresiva infantil "con diferentes variables de corte biológico, psicológico y social". "Pero estamos hablando de un tipo de conducta agresiva leve, normativa, que es inherente al propio ser humano, y hemos trabajado con población normativa, es decir, no son niños que tengan problemas de conducta", ha precisado Pascual-Sagastizabal.

El trabajo ha sido publicado en la revista científica Psichoneuroendocrinology, donde se han dado a conocer los datos del estudio realizado en torno a los niveles hormonales de la testosterona, el estradiol y el cortisol y a la capacidad empática de niños y niñas de ocho años.

El objetivo fundamental de este trabajo ha sido "ver si existe alguna interacción a nivel biológico y psicológico que pudiera explicar la conducta agresiva de niñas y niños y saber si esa conducta puede explicarse por diferentes mecanismos psicobiológicos en niños y niñas", ha añadido.

Los datos de la investigación indican que "efectivamente, existen marcadores psicobiológicos de la conducta agresiva, es decir, hay variables de corte psicobiológico que explican la conducta agresiva infantil", ha señalado la investigadora.

En el estudio han participado 80 niños y 59 niñas de ocho años de edad estudiantes de Tercero de Educación Primaria, a los que se ha medido los niveles hormonales de testosterona y estradiol (hormonas sexuales) y de cortisol (hormona asociada al estrés).

Asimismo, se les ha medido "su empatía a través de un cuestionario que pasaron sus progenitores, y la conducta agresiva fue evaluada en el propio aula: el resto de compañeros y compañeras de clase evaluó la conducta de cada uno de ellos", ha indicado Pascual-Sagastizabal.

CONDUCTA HUMANA

Según ha explicado la investigadora, los resultados del estudio pusieron en evidencia que "la empatía y las hormonas podían explicar de manera conjunta la conducta agresiva. De hecho, las interacciones eran diferentes para niños o para niñas".

La investigadora ha apuntado como explicación que "la razón por la cual una niña es poco agresiva parece que puede ser explicada en parte por sus niveles altos de empatía y sus bajos niveles de testosterona", es decir, han constatado que las niñas que combinan estos dos elementos psicobiológicos son menos agresivas que otras.

En cambio, a la hora de analizar el comportamiento de los niños varones, sin embargo, "siendo la testosterona tan famosa como es en relación con la conducta agresiva, nuestros datos no relacionan la testosterona con la empatía para explicar la conducta agresiva", ha manifestado Pascual, ya que los niños con unos niveles de cortisol más altos, y unos niveles de empatía más bajos que el resto, resultaron ser más agresivos. Por otra parte, los niveles de estradiol no han reflejado ninguna interacción con la empatía en ambos casos.

Sin embargo, Pascual-Sagastizabal sostiene que estos resultados corresponden a "esta muestra, a este momento y a esta edad. No es una muestra representativa porque en ningún momento el objetivo que perseguimos es la representatividad", ya que se trata de datos que corresponden a un colectivo pequeño de niños y niñas, "pero son datos fundamentales y hace falta que se investigue más", ha puntualizado.

El objetivo del estudio ha sido ampliar el conocimiento sobre la conducta agresiva para intentar "entender la complejidad de una conducta humana y, dentro de esa complejidad, intentar añadir cuantas más variables posibles". Se trata de una investigación "básica, fundamental para entender por qué hay cosas que funcionan cuando se aplican o se interviene y por qué otras veces no funcionan", ha recalcado.

En ese sentido ha señalado que "siempre se ha dicho que a más empatía menor conducta agresiva, pero nosotros lo que aportamos es que igual no es siempre así". Por tanto, la investigadora concluye que "es necesario que los profesionales trabajemos en diferentes niveles de una misma realidad, que en este caso es la conducta agresiva".

El trabajo ha sido realizado por investigadoras e investigadores del departamento de Procesos Psicológicos Básicos y su Desarrollo, pertenecientes al Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación y al departamento de Psicología Social y Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Facultad de Psicología de la UPV/EHU.

Contador