Publicado 06/06/2022 07:10

Demuestran la flexibilidad del comportamiento innato

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MADRID, 6 Jun. (EUROPA PRESS) -

Algunos comportamientos cruciales para la supervivencia parecen estar programados, es decir, se producen sin experiencia previa. Ahora neurocientíficos del Centro Sainsbury Wellcome de la University College de Londres han demostrado en estudios con ratones la flexibilidad del comportamiento innato al comprobar que son capaces de suprimir sus respuestas de huida innatas.

Los investigadores estudiaron la flexibilidad del comportamiento de huida en ratones. En su estudio, publicado en la revista 'Current Biology', han comprobado que, aunque el comportamiento de huida puede provocarse de forma sólida en un entorno de laboratorio, los ratones pueden aprender fácilmente a suprimir esa respuesta, ignorando de forma efectiva los estímulos que se ha determinado que no suponen una amenaza.

"Un ejemplo obvio es la domesticación del ganado y de los animales domésticos. Esto demuestra claramente que los organismos aprenden que las cosas que inicialmente interpretaban como amenazantes pueden no serlo --explica Troy Margrie, jefe de grupo del Centro Sainsbury Wellcome y autor correspondiente del trabajo--. El ganado, por ejemplo, temía antes a los seres humanos, pero en algún momento aprendió que éstos podían convertirse en una fuente fiable de alimento, refugio e incluso protección frente a otras especies".

Para explorar esta flexibilidad conductual, los investigadores del laboratorio de Margrie presentaron en primer lugar a los ratones un disco oscuro que se expandía por encima de ellos, llamado estímulo amenazante, para simular que un depredador se dirigía hacia ellos desde arriba.

Descubrieron que podían evocar una huida muy potente aislando a los ratones durante un par de días antes de la prueba y utilizaron este modelo robusto de huida como punto de partida para cuantificar su flexibilidad. A continuación, como enfoque inicial, presentaron este estímulo inminente repetidamente para observar si los ratones dejaban de responder a él. Sin embargo, tras muchas presentaciones del estímulo, los ratones no aprendieron sistemáticamente a suprimir su comportamiento de huida.

"Curiosamente, uno de los problemas a los que nos enfrentamos es que, en las condiciones adecuadas, los ratones reaccionan con mucha fuerza a los estímulos amenazantes de alto contraste, lo que significa que huyen y se esconden, por lo que puede llevar mucho tiempo exponer a los ratones a suficientes estímulos para que supriman de forma fiable su respuesta de huida", explica Steve Lenzi, investigador del laboratorio Margrie en el SWC y primer autor del artículo.

Por ello, los investigadores introdujeron una barrera física que impedía el acceso al refugio cercano y ajustaron el contraste de los estímulos inminentes, para hacer un gradiente de baja amenaza a alta amenaza. Estos ajustes condujeron a una supresión constante de la respuesta de huida en los ratones.

Demostraron así que esta supresión era sólida y persistía durante varias semanas. Además, la supresión era específica del estímulo, lo que significa que los ratones seguían escapando cuando se les presentaba un estímulo amenazante diferente, como un ruido fuerte en lugar del estímulo amenazante.

También demostraron que el grado de supresión de la huida dependía en gran medida del historial reciente de amenazas y huidas. "Esto sugiere que la huida no es simplemente un reflejo, sino que depende de la memoria de la amenaza y, por lo tanto, está bajo control cognitivo", subraya Troy Margrie.

"Aunque este trabajo se centra fundamentalmente en el comportamiento, creemos que el paradigma que hemos establecido aquí puede utilizarse para sondear los circuitos neuronales que sustentan la flexibilidad de los comportamientos innatos, por lo que también lo aplicamos en la búsqueda y el estudio de las regiones cerebrales que participan en la regulación del comportamiento de huida, y esperamos que otros hagan lo mismo", añade Steve Lenzi.

Además de explorar cómo el historial de amenazas afecta al control de la conducta de huida, los investigadores examinaron el impacto del entorno social. En el estudio, el equipo comparó el comportamiento de huida de los ratones alojados en grupo frente a los alojados individualmente.

Descubrieron que los ratones que vivían colectivamente en grupos grandes, de 20 individuos, eran mucho menos propensos a escapar cuando se les sometía a pruebas individuales. En cambio, los ratones que estaban aislados y vivían solos durante un tiempo, parecían estar mucho más atentos o quizás reaccionar.

"Inicialmente queríamos entender si la experiencia genérica influye en la decisión de escapar. El alojamiento individual o en grupo es una forma muy fácil y natural de introducir diferencias de experiencia en los ratones de laboratorio --afirma Lenzi--. Además, hay muchos ejemplos de estudios de campo que muestran que las estadísticas de grupo pueden influir profundamente en los comportamientos de evitación o vigilancia de los depredadores. Los animales que están solos tienen que estar más atentos, mientras que en una bandada pueden repartir la vigilancia entre el grupo".

Los investigadores encuentran aun muchas preguntas abiertas que se derivan de estos resultados y sus próximos pasos son para profundizar en los mecanismos de cómo se produce este tipo de aprendizaje. El laboratorio de Margrie planea utilizar este protocolo etológicamente relevante para empezar a entender los mecanismos neurales de cómo los animales aprenden a suprimir la huida y, en concreto, cómo los diferentes sistemas del cerebro interactúan con el circuito de huida para permitir esta flexibilidad de comportamiento.

La comprensión de este nicho empezará a ayudar a abordar la cuestión más amplia y desconocida de cómo el aprendizaje interactúa con nuestras tendencias innatas a realizar ciertos comportamientos.

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