Actualizado 28/10/2015 14:41 CET

¿Qué es la demencia vascular?

Cerebro, demencia vascular
Foto: GETTY77PHOTORAIDZ

   MADRID, 28 Oct. (INFOSALUS) -

   Se trata de una demencia por un trastorno de la circulación sanguínea en el cerebro, ocasionada por lesiones vasculares derivadas de una isquemia o hemorragia, o por una combinación de ambas, en ausencia de lesiones degenerativas que justifiquen la demencia. Estas lesiones provocan un fallo en el funcionamiento cognitivo y ejecutivo del cerebro.

   Según explica a Infosalus el doctor Jaime Gallego, Coordinador del Grupo de Estudio de enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología, es la segunda causa de demencia y suele derivarse de ictus de repetición, de lesiones estratégicamente situadas y/o de lesiones de vasos sanguíneos de pequeño tamaño (arteriolas), algunas de ellas de curso silente, asintomático al inicio.

  SÍNTOMAS DE LA DEMENCIA VASCULAR

   Los síntomas pueden aparecer de forma aguda, gradual o escalonada o progresar tras un ictus o ataque cerebral. Entre ellos se encuentra la lentitud ideatoria, lentitud ejecutiva, la dificultad en las tareas fáciles como juegos, nueva información, rutinas de trabajo, perderse en rutas familiares, dificultad para encontrar palabras, pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras, cambio de conducta y personalidad o pérdida de destreza y habilidad en las relaciones sociales.

   Al inicio se suele observar una relativa preservación de la memoria episódica y del aprendizaje. Además, también pueden producirse agitación, delirios y alucinaciones, depresión, fallos en la lectura o en el habla, según la zona o zonas cerebrales donde se encuentren las lesiones. El trastorno de la marcha es frecuente, con pasos cortos, titubeantes, inseguros, con dificultad para dar la vuelta.

RELACIÓN CON EL ALZHEIMER

   Las diferencias con la enfermedad de Alzheimer, el tipo de demencia más común, es la presencia de enfermedad vascular y otros factores de riesgo como diabetes, hipertensión, cardiopatías o la existencia de múltiples lesiones en el cerebro por infartos distribuidos en distintas áreas. Sin embargo, existe una clara correlación entre ambas enfermedades, siendo frecuente que en los cerebros de los pacientes con demencia vascular se encuentren lesiones tipo Alzheimer.

En su manifestación clínica la demencia vascular además comienza con fallos en las rutinas relacionadas con planificar, mantener y realizar determinadas tareas. Se producen déficits en la movilidad, sensibilidad y visión que apuntan a que existe un substrato vascular de vaso grande y pequeño.

   Los factores de riesgo por tanto son la edad avanzada, los antecedentes de ictus y de factores de riesgo vascular: hipertensión, diabetes, tabaquismo, enfermedad cardíaca, anteriopatía periférica, apnea del sueño y deterioro cognitivo previo o la existencia de antecedentes en otros miembros de la familia.

   "Los fallos y la alteración mental y la existencia de base de un ictus aumenta el riesgo de desarrollar demencia y sería más probable aún si existieran otros factores de riesgo y alteraciones en el sistema circulatorio", señala el doctor, Jefe del Servicio de Neurología del Complejo Hospitalario de Navarra.

   La demencia tras un ictus se produce en personas con deterioro cognitivo ligero o enfermedad de Alzheimer incipiente y lleva a que ésta aparezca antes. Puede presentarse a cualquier edad por infartos cerebrales múltiples pero con el establecimiento de las adecuadas medidas de prevención se puede frenar su avance.

MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA

   En el deterioro cognitivo vascular lo fundamental es la prevención primaria. Aunque no existen fármacos que puedan reparar los daños que se han podido ocasionar en el cerebro, sí se emplean tratamientos para controlar y tratar los factores de riesgo vascular.

   En el caso del ictus isquémico se emplean junto a los hábitos de vida saludable (dieta, supresión del tabaco, moderación en el consumo de alcohol, ejercicio, etc.), fármacos que controlan mejor la hipertensión arterial, la dislipemia, y antiagregantes o anticoagulantes en el caso de cardiopatía embolígena o en los pacientes que ya han sufrido un ictus previo.

   Es importante además, el adecuado manejo de los síntomas conductuales, la confusión, las alteraciones del sueño o la agitación. También se emplean alternativas terapéuticas aplicadas a otros tipos de demencia y que mejoran la situación de los pacientes.

   "En ocasiones la enfermedad cerebrovascular precipita el deterioro cognitivo que no se había manifestado previamente. Muchos pacientes con demencia o deterioro cognitivo muestran cambios mixtos, ya que es difícil separar el componente degenerativo del vascular cerebral", aclara el doctor.

   Aunque lo ideal es prevenir, el doctor señala que cuando los procesos no se pueden mejorar al menos sí existe margen de actuación sobre la calidad de vida del paciente y su familia ya que los rasgos conductuales se pueden y deben tratar.

   "El ictus en sí tiene una alta prevalencia entre la población y el riesgo de secuelas y trastornos en la esfera cognitiva y mental es alto pero además hay que contar con el componente degenerativo al que la enfermedad vascular contribuye", concluye el especialista.