Publicado 05/02/2021 13:13CET

Cumplir el distanciamiento social es más fácil con la idea del beneficio personal y no del colectivo

Gente paseando y conversando en la Rua San Pedro en Lugo, tras el levantamiento del cierre perimetral de la ciudad, en Lugo, Galicia (España), a 30 de diciembre de 2020.  Lugo y Ourense serán las dos únicas urbes gallegas sin cierre perimetral en Fin de A
Gente paseando y conversando en la Rua San Pedro en Lugo, tras el levantamiento del cierre perimetral de la ciudad, en Lugo, Galicia (España), a 30 de diciembre de 2020. Lugo y Ourense serán las dos únicas urbes gallegas sin cierre perimetral en Fin de A - Carlos Castro - Europa Press - Archivo

MADRID, 5 Feb. (EUROPA PRESS) -

Mantenerse alejado de los demás reduce las posibilidades de contraer la Covid-19, desde esa perspectiva considerar por el bien común el distanciamiento social durante una pandemia resulta tener el atractivo del beneficio personal, según observa una investigación estadounidense, que ahonda en la idea de que, más allá del beneficio que reporta a la comunidad, mantener esta medida de protección es sobre todo un arma de protección personal.

Los investigadores de la Universidad de Columbus, en el estado de Ohio, presentaron a los participantes del estudio escenarios de comportamiento virtual de varios entornos públicos - una tienda de comestibles, una playa llena de gente, un paso de peatones-- y les pidieron que se ubicaran a sí mismos y a personas ficticias en esos contextos, en función de sus preferencias de distanciamiento social. Cuatro meses después, se les preguntó a los participantes si habían dado positivo en la prueba de infección por SARS-CoV-2 o si creían que habían estado enfermos con un caso de COVID-19.

Los análisis estadísticos mostraron que cuanto más participantes demostraron una preferencia por el distanciamiento social en los escenarios, menos probable era que se hubieran enfermado con COVID-19. La implicación del estudio fue clara: lo que era bueno para la sociedad según los consejos de salud pública también era bueno para las personas que querían evitar el virus.

"La evidencia de nuestro trabajo indica que es valioso el distanciamiento social, no solo para reducir la propagación de un virus dentro de una comunidad, sino porque en realidad es beneficioso para el individuo que participa en el distanciamiento social", ha señalado Russell Fazio, autor principal de el estudio y profesor de psicología en la Universidad Estatal de Ohio.

"Hay una noción egoísta en todo esto: 'Oye, es bueno para mí personalmente. No solo estoy beneficiando a otras personas'", señala el investigador, quien ha publicado este estudio en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.

Los investigadores pidieron a los participantes que informaran cuánto practicaban el distanciamiento social en la vida real. Pero el equipo agregó un elemento innovador: escenarios virtuales de distanciamiento social en los que los participantes tomaban decisiones "en el momento" sobre cómo reaccionarían en diferentes situaciones. "La medida de comportamiento virtual funcionó mucho mejor como un predictor de enfermedad que la medida de autoinforme, y hay una variedad de explicaciones para eso", señala Fazio.

Por ejemplo, algunas personas pueden exagerar su comportamiento real de auto-distanciamiento para dar una buena impresión a los demás. "Si me gusta verme a mí mismo como alguien muy consciente de la ciencia y que apoya la reducción de la pandemia, eso también está afectando mi proceso de memoria cuando intento participar en esta reconstrucción y proporcionar una calificación que represente cómo es mi pasado", explica el experto.

El laboratorio de Fazio estudia cómo las creencias y actitudes personales influyen en el comportamiento. La aparición de la COVID-19 en los Estados Unidos provocó una oportunidad para tratar de comprender el comportamiento de distanciamiento social. "Todo el grupo del laboratorio llegó a ver la pandemia como un llamado a la acción para los científicos del comportamiento porque, en última instancia, se trataba de una prueba del comportamiento humano. Rara vez se pide a toda una sociedad que cambie su comportamiento", explica Fazio.

DESARROLLO DE UN SEGUNDO ESTUDIO

Los investigadores reclutaron una muestra de 1.885 ciudadanos estadounidenses que representan un rango de edades, ubicaciones geográficas e ideologías políticas. En encuestas separadas realizadas en mayo y junio, se preguntó a los participantes si tenían condiciones de salud preexistentes o trabajos que les obligaran a dejar su hogar, y en qué medida se estaban distanciando socialmente, ya sea en el momento de la encuesta o mirando hacia atrás en tiempo si respondían después de que las economías habían comenzado a abrirse.

Los escenarios de comportamiento virtual, inicialmente creados para un estudio de interacciones con extraños, se ampliaron para esta nueva investigación. El equipo de Fazio señaló a los participantes que los escenarios se utilizarían para evaluar "el comportamiento de las personas en situaciones cotidianas comunes y cómo este comportamiento puede haber cambiado a la luz de la actual pandemia de COVID-19/coronavirus". Los investigadores instruyeron a los participantes para que vieran escenas de situaciones sociales e indicaran cómo ellos personalmente, como individuos, las solucionarían.

Se presentaron diez escenarios. Se evaluaron cuatro situaciones: rutas para caminar que los participantes tomarían a lo largo de una calle o sendero de un parque o en una biblioteca con gente alrededor, y qué asiento elegirían en una cafetería. En seis escenarios interactivos, los participantes movieron un control deslizante para indicar cuánta distancia querrían entre ellos y sus amigos, compradores de comestibles, un extraño que pasaba o varias personas en fila; trazaron el camino que tomarían al cruzar una plaza abarrotada; y colocaron su toalla en una playa concurrida.

Las respuestas se compilaron en una puntuación compuesta para cada participante, con una puntuación más alta que indica más adherencia a las recomendaciones de distanciamiento social. Cuatro meses después, los investigadores preguntaron a los participantes si se habían hecho la prueba de COVID-19 desde que completaron las encuestas y, de ser así, si dieron positivo o negativo. A los que no se habían hecho la prueba se les preguntó si creían que alguna vez habían tenido COVID-19.

En el momento del seguimiento, 199 participantes informaron un resultado positivo de la prueba desde las encuestas iniciales (85 personas) o que creían que habían contraído COVID-19. Los investigadores midieron las relaciones entre las variables de la encuesta (condición de salud preexistente, trabajo fuera del hogar, prácticas de distanciamiento social autoinformadas y puntajes de escenarios virtuales) y la probabilidad de contraer el virus, ya sea basándose en pruebas positivas reales o en las creencias de las personas de que había contraído el virus.

Los análisis estadísticos arrojaron consistentemente los mismos resultados: cuantos más participantes exhibían un comportamiento de distanciamiento social, menos probabilidades tenían de haber contraído COVID-19. La evidencia más sólida de que el distanciamiento social protege a los individuos se encontró en la relación entre una puntuación de comportamiento virtual baja y mayores probabilidades de dar positivo en la prueba de COVID-19.