Publicado 16/10/2021 07:59CET

Cuando tener un complejo puede convertirse en enfermedad: la dismorfofobia o trastorno de la imagen corporal

Dismorfofobia.
Dismorfofobia. - ISTOCK

   MADRID, 16 Oct. (EDIZIONES) -

   Muchas personas tienen complejos con alguna parte de su cuerpo. No les gustan por ejemplo sus orejas, pero intentan taparlas un poco con el pelo y no pasa más. No obstante, si este complejo ya llega a interferir en la vida de la persona, le genera ansiedad, malestar, le impide salir a la calle, mantener relaciones sociales; ahí sí que hay un problema.

   Así nos lo explica en una entrevista con Infosalus la doctora Vanessa Fernández, miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, quien señala que las personas con dismorfofobia o trastorno de la imagen corporal están a disgusto con una o varias partes de su cuerpo, algo que les genera además ansiedad, así como un malestar muy intenso.

   "Si no hubiera este malestar tan intenso no hablaríamos de un problema sino de un complejo. Es un trastorno psiquiátrico que impacta en la vida del paciente, el nivel de intensidad emocional es muy alto, muy impactante. Puedo tener un complejo porque no me gustan mis orejas y me las tapo un poco, pero con este trastorno la persona cree que tiene las orejas enormes y se avergüenza de que le miren, evita relacionarse por ejemplo por ello, e incluso llega a deprimirse", relata la experta.

   Ahora bien, la también profesora de la Universidad Complutense de Madrid señala que este trastorno hay que diferenciarlo de la anorexia y de la bulimia, "no son lo mismo", si bien sí están relacionados. De hecho, aclara que es frecuente que las personas que padecen estos trastornos de alimentación también suelen desarrollar dismorfofobia.

   Es más frecuente de lo que parece y sobre todo en mujeres, según prosigue, a partir de la adolescencia, y puede darse con cualquier parte del cuerpo, aunque las zonas más frecuentes son la nariz, la boca, los ojos y el pelo, y más concretamente en el caso de las chicas, las mamas.

   "La persona focaliza su atención en ese aspecto que no le gusta de su cuerpo y el malestar tan intenso que le produce, ese disgusto hacia esa parte de su cuerpo le interfiere en su vida diaria. Mantienen conductas de evitación, como no ir a la piscina en verano por ejemplo, o casos tan impactantes de personas que en verano van con chaquetas de lana que les envuelven, o incluso que llegan a taparse la cara porque sienten que los demás les están mirando esa parte horrible de su cuerpo, que les hace sentir tan mal", subraya.

EL PROBLEMA DE LA AUTOESTIMA

   Entre sus causas, la miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid apunta por ejemplo a la autoestima: "Lo que pasa es que no sabes si la autoestima es causa o consecuencia porque si una persona se siente así también su autoestima baja. Pero sobre todo tiene que ver con un entorno del paciente que es muy exigente a nivel de estética. Por ejemplo, si una chica tiene unas amigas que se arreglan mucho o que siguen mucho a algún famoso o influencer".

   También influye en el desarrollo de este trastorno de la imagen corporal determinados rasgos de personalidad como el perfeccionismo, la ansiedad social, o la inseguridad de la persona, según sostiene.

   Entre sus síntomas, Fernández señala a la expresión exagerada de un malestar asociado a un 'defecto', porque no siempre son defectos, un malestar exagerado a una disconformidad física. "Ese malestar se caracteriza por elevados niveles de ansiedad, de tristeza, o de frustración", indica.

   El otro gran síntoma de dismorfofobia, según puntualiza, son las conductas de evitación de lugares donde se pueda ver en mayor medida ese defecto. "Se trata de un trastorno que interfiere de forma significativa en la vida del sujeto. Y también un criterio de exclusión es que no tenga un trastorno mental mayor como alucinaciones, no es que no les guste su nariz, sino que la ven como un zapato, o que por ejemplo tiene una antena en la cabeza", remarca la doctora Vanessa Fernández.

   El diagnóstico se consigue una vez en consulta por evaluación y entrevista clínica con el paciente, donde se puede observar esta sintomatología; y en los adolescentes debe hacerse una entrevista con la familia.

   En los casos graves va a haber que tratar con fármacos porque a veces el trastorno de la imagen corporal se asocia con cuadros depresivos. "Cuando te ves tan mal te deprimes y a veces hay que tratar con ansiolíticos o antidepresivos. En otros casos, la terapia más efectiva es la cognitivo-conductual, que trabaja por eliminar esos pensamientos irracionales. Se les muestran técnicas para vencer las inseguridades o controlar la ansiedad, por ejemplo, o a no focalizar la atención en esa parte de su cuerpo, a la vez que se maneja el aumento de la autoestima del paciente", detalla.

   En última instancia, Vanessa Fernández llama la atención sobre las consecuencias de este trastorno, "bastante impactante en la vida del paciente", y por el que deben recibir ayuda en consulta cuanto antes.

   Dice que de la dismorfofobia derivan alteraciones emocionales como la depresión, la ansiedad, las relaciones sociales disruptivas. Apunta que son personas que, por ejemplo, se enfadan muy fácilmente porque tienen muchos niveles de ira, o niveles de insatisfacción muy altos con su vida, y que siendo adolescentes, por ejemplo, les puede bloquear su desarrollo vital.