Publicado 11/08/2021 07:50CET

Los contaminantes ponen en riesgo la protección de las mucosas

Archivo - Nariz, mocos, respirar. Cara de hombre.
Archivo - Nariz, mocos, respirar. Cara de hombre. - 401711 /PIXABAY - Archivo

MADRID, 11 Ago. (EUROPA PRESS) -

La lenta pero creciente contaminación del aire y el agua que los seres humanos encuentran e incluso ingieren se puede pasar fácilmente por alto, pero la investigación sigue revelando nuevos datos que demuestran que estas exposiciones tienen un impacto en la salud humana. De hecho, los investigadores han encontrado que contaminantes ambientales comunes dañan la estructura y función de las mucosas, primera línea de defensa interna del organismo.

Científicos de la Universidad Técnica de Múnich, en Alemania, han hecho una revisión de la literatura científica reciente sobre los efectos de las partículas contaminantes en el sistema de las mucosas, una membrana interna que sirve de lubricante del cuerpo y primera línea de defensa contra las infecciones y las toxinas. Estos datos, que publican en la revista 'Biophysics Reviews', establecen una clara relación entre la exposición a las partículas transportadas por el aire o el agua y varias condiciones de salud.

"Las barreras de la mucosa son realmente importantes para proteger varios sistemas corporales, pero esa función de la mucosa sólo existe si no la dañamos --explica el coautor Oliver Lieleg--. Lamentablemente, nuestros sistemas mucosos nativos se ven comprometidos por las micro y nanopartículas presentes en nuestro entorno".

La contaminación del aire y el agua tiene cuatro efectos principales en el sistema de la mucosa. Los cambios estructurales pueden crear agujeros, haciendo que la barrera de la mucosa tenga fugas. Los agentes patógenos y las toxinas pueden ir a remolque de las partículas y entrar en el organismo.

Además, las células pueden producir demasiada o muy poca mucosidad, y ninguna de las dos cosas es buena para preservar una función óptima (por ejemplo, al lubricar el ojo para protegerlo de la abrasión al parpadear). Por último, la calidad (por ejemplo, la rigidez) del propio moco puede alterarse.

"El moco es una mezcla compleja de componentes, y mantener la composición correcta es importante --explica Lieleg--. Imagínese que se añade demasiada harina a la receta cuando se hace una masa. El pan saldría duro y quebradizo. Contaminar la mucosa con carbón negro o microplásticos tiene efectos negativos similares y puede alterar la estructura y la función de la mucosa", señala

Tanto los procesos naturales, como las erupciones volcánicas, como las actividades humanas pueden dar lugar a partículas problemáticas y producir contaminantes en el aire, como el hollín, y en el agua, como los microplásticos omnipresentes en los cursos de agua de todo el mundo.

El simple hecho de respirar, comer y beber expone al cuerpo a estos contaminantes. Algunas fuentes de alimentos, como la miel, pueden incluso sorprender por su potencial de contaminación, y los efectos de estos alimentos podrían subestimarse.

Investigaciones recientes en humanos y animales demuestran que la exposición a las partículas está a menudo correlacionada con el desarrollo o la progresión de enfermedades respiratorias y cardíacas, así como con varios tipos de cáncer, y con el deterioro del desarrollo embrionario.

Los mecanismos por los que esto ocurre son todavía muy inciertos, pero los efectos de la exposición a las partículas en la estructura y función de la mucosa probablemente contribuyen a varios resultados negativos para la salud.

"Este es un tema del que tenemos que ocuparnos y pronto. Eso está claro a día de hoy --advierte Lieleg--. Aun así, necesitamos más investigación para entender mejor qué partículas suponen una amenaza y por qué. Se necesitan esos conocimientos adicionales, para que podamos averiguar la mejor manera de mitigar estos efectos".