Publicado 16/11/2021 12:17CET

El confinamiento rompió los mecanismos forjadores de identidad de los adolescentes

Archivo - Isaac (centro) camina por una calle junto a su madre, Mónica, y su hermano, Gabriel, durante la franja horaria de salida permitida para los niños de hasta 14 años durante la fase 0 del estado de alarma, en Madrid (España) a 7 de mayo de 2020.
Archivo - Isaac (centro) camina por una calle junto a su madre, Mónica, y su hermano, Gabriel, durante la franja horaria de salida permitida para los niños de hasta 14 años durante la fase 0 del estado de alarma, en Madrid (España) a 7 de mayo de 2020. - Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo

MADRID, 16 Nov. (EUROPA PRESS) -

Arantza Fernández Rivas, jefa de la Sección de Psiquiatría Infanto-juvenil del Hospital de Basurto en Vizcaya, ha advertido de que el confinamiento por la pandemia de COVID-19 afectó a la salud mental de los adolescentes al romper sus mecanismos forjadores de identidad.

"El confinamiento ha sido un factor muy importante que ha roto las relaciones sociales de los menores, incidiendo de forma muy directa en sus mecanismos forjadores de identidad, algo que ha tenido una especial incidencia sobre la población femenina", ha apuntado durante una jornada organizada por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), con el apoyo de Janssen.

La experta también ha señalado que en el incremento de estas patologías de salud mental incidió de forma significativa la situación de ansiedad e incertidumbre generada por la pandemia de COVID-19, así como las pérdidas sufridas y el sentimiento de culpabilidad, al señalarse a esta población como responsable de los contagios.

"Esta situación que se está viviendo no es exclusiva de España, sino que en toda Europa se está produciendo un incremento similar de las hospitalizaciones por problemas de salud mental", ha añadido Celso Arango López, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y el Adolescente del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Así, ha recordado que en la última década se estaba observando un incremento sostenido de algunos de los problemas de salud mental en la población infantil y adolescente que muy posiblemente se vieron agravados tanto por el confinamiento como por la convivencia obligada con distintos miembros de la familia. "Ante la imposibilidad de modificar los ambientes externos, el menor se frustra y se inhibe su capacidad de relaciones sociales", ha precisado.

Pilar Cutando, psicóloga infanto-juvenil de la Asociación Aragonesa Pro Salud Mental (ASAPME) y una de las responsables del teléfono de atención a la salud mental de los menores durante la pandemia, ha comentado también cómo la falta de metas y objetivos entre los adolescentes supuso un importante obstáculo para ellos.

"Eso provocó una tendencia a su aislamiento. Y, aunque es cierto que también nos llegaron consultas de infantil y primaria, esas eran problemáticas diferentes, más relacionadas con cambios emocionales y rabietas", ha resaltado, a lo que ha agregado que, una vez que el confinamiento pasó, siguió habiendo mucho miedo entre esa población y se mantuvieron muchos de sus problemas.

TRABAJO EN LOS CENTROS EDUCATIVOS

Los expertos reunidos para este debate han reivindicado la importancia de dirigir actividades encaminadas a la prevención de los problemas de salud mental en los centros educativos. "Se trata de lugares privilegiados para detectar y tratar todos esos problemas. Supone una importante oportunidad para trabajar en edades tempranas, pero es importante también la formación, tanto de los profesionales educativos como de las asociaciones de madres y padres", ha sostenido Cutando.

Con ella ha coincidido Miguel Ángel Pérez, decano de la Facultad de Salud de la Universidad Camilo José Cela y vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid: "Es importante trabajar en los centros educativos para ayudar a los menores a que puedan identificar los elementos que les causan estrés y regularlo. Pero también debemos tener en cuenta que no es posible obligar al profesorado a asumir más responsabilidades, por lo que sería fundamental reforzar esos centros con figuras que ayuden en este sentido".

Profundizando en esta idea de actuaciones en el ámbito educativo, Arantza Fernández ha explicado la experiencia llevada a cabo en Vizcaya en un programa que lleva cinco años funcionando. En él, profesionales de la salud mental enseñan a los profesores un currículum socioemocional que luego ellos aplican en sus centros a través de una formación de una hora semanal.

"Los resultados demuestran que con tan solo un año de este programa se mejoran muchos aspectos de la conducta social, ayudando a afrontar con éxito las situaciones de adversidad o de sufrimiento emocional e incluso llegando a mejorar el rendimiento escolar en asignaturas relacionadas con el aprendizaje de idiomas".

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