Actualizado 18/02/2022 09:07

El cerebro de los adolescentes, ¿cómo les ha afectado la pandemia?, ¿por qué se acuestan tan tarde?

Archivo - Adolescentes con mascarillas.
Archivo - Adolescentes con mascarillas. - LEOPATRIZI/ISTOCK - Archivo

   MADRID, 18 Feb. (EDIZIONES) -

   La adolescencia es una de las etapas más importantes de la vida de una persona. Según la define el doctor en Biología y profesor e investigador de la sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo de la Universitat de Barcelona David Bueno, representa una "segunda oportunidad", así como una etapa de "gran robustez", pero también de "gran debilidad" para el cerebro.

   A su juicio, los adolescentes han sido los más perjudicados durante esta crisis sanitaria a nivel mental, más que los niños o las personas mayores, por lo que considera que se trata del momento ideal para hablar de cómo es y cómo se forma su cerebro.

   "La adolescencia es una segunda oportunidad porque el cerebro hace muchísimas conexiones nuevas, y rehace las antiguas. Por tanto, es la puerta a la edad adulta en esa segunda oportunidad para terminar de consolidar lo que ya aprendieron o hicieron durante su infancia, y reconducir aquello que no se consolidó de la manera más adecuada posible", explica en una entrevista con Infosalus con motivo de la publicación de 'El cerebro adolescente' (Grijalbo), un manual del que es autor.

Define también que la adolescencia es una época de "gran robustez", precisamente porque su cerebro es plástico y se adapta muchísimo al entorno, así como una etapa "de gran debilidad" para el cerebro porque según cómo sea el entorno, el adolescente tendrá más problemas para ser un adulto empoderado, con capacidad de decisión, y con objetivos vitales más o menos claros.

CÓMO ES EL CEREBRO ADOLESCENTE

   Según precisa Bueno, el cerebro adolescente está en un proceso de transformación equivalente a una metamorfosis, donde el cuerpo no cambia de forma drástica pero sí lo hace su cerebro. "Hay algunas zonas que experimentan reorganizaciones muy profundas precisamente para dejar atrás los comportamientos de la infancia, y poder así adquirir los propios de la edad adulta. Es decir, esto significa que una persona con capacidad de decidir, de buscarse sus objetivos vitales, con creatividad, y con todas esas características que en definitiva nos hacen humanos", agrega.

   Así, incide en que por eso la adolescencia se distingue por ser una época de gran experimentación, sobre todo con su entorno, lo que en muchas ocasiones lleva a los adolescentes a romper los límites. "Un adolescente necesita tener límites para poderlos romper, algo que los adultos muchas veces no llevamos demasiado bien. Un adolescente sin límites no madura tan correctamente y un adolescente al que le sujetamos tan fuerte que no puede romper límites tampoco va a madurar tan bien. La dificultad es encontrar qué limites romper para que no se arriesguen en exceso, aunque deben tomar algunos riesgos porque eso también fortalecerá su carácter y formará parte de ellos cuando sean adultos", defiende este experto.

TRES ZONAS CLAVE DEL CEREBRO ADOLESCENTE

   Entonces, este profesor de la Universitat de Barcelona describe que en este cerebro adolescente hay tres zonas clave para entender todos sus comportamientos:

1.- Emociones hiperreactivas por un fundamento biológico, y apunta a la amígdala, el centro que genera las emociones. En los adolescentes se vuelve hiperreactiva, mucho más que en la infancia y más que en la juventud y en la edad adulta.

   "Hiperreactiva significa que responde más rápidamente de forma emocional y con más intensidad. Esto se hace así con un objetivo biológico claro e imprescindible porque las emociones son conductas que transmitimos cuando no hay tiempo para pensar y necesitamos una respuesta inmediata. Los adolescentes se enfrentan por primera vez a retos adultos pero sin serlo, así que les falta la experiencia para saber cómo responder a estos retos. Cualquier reto que les pueda parecer una amenaza, la forma biológica de responder es a través de una descarga emocional por lo que deben tenerlas a flor de piel como mecanismo de defensa", subraya.

   2.- Menos capacidad de reflexión y de gestionar bien las emociones y destaca la corteza prefrontal, otra zona del cerebro que gestiona los comportamientos más complejos, la planificación, la reflexividad, la toma de decisiones basadas en las reflexiones que hayamos hecho, así como la gestión emocional.

   "Se trata de una zona que experimenta cambios más drásticos de conectividad en la adolescencia porque los adolescentes tienen que dejar atrás comportamientos infancia para adquirir los de la edad adulta. Estas reconfiguraciones, que son muy importantes, hacen que esta zona del cerebro funcione con menos eficiencia en esta etapa, lo que implica que tienen menos capacidad de reflexión, pero esto no significa que no puedan reflexionar sobre todo. En la adolescencia son especialmente críticos con todo porque tienen que madurar esta zona y porque se están reorganizando. Pero la eficiencia de estas reflexiones no es elevada", agrega.

   3.- La zona de estriado del cerebro es la que genera sensaciones de recompensa. Los adolescentes descubren que hay actividades y actitudes que estimulan esta zona y hacen que se sientan a gusto y ensayan con cualquier situación para lograrlo.

   "Al combinar estas tres zonas, hiperreactividad emocional, menos capacidad de gestión emocional, y ganas de probarlo todo a ver si les gusta o no es la descripción de un adolescente típico", subraya.

POR QUÉ SE ACUESTAN TAN TARDE LOS ADOLESCENTES

   Otro de los aspectos más llamativos de la adolescencia es que les cambia el sueño y se acuestan muy tarde. David Bueno reflexiona en este sentido que durante la adolescencia la hora de acostarse se retrasa de media unas dos horas por motivos biológicos. "Esto significa que su cerebro esta 100% funcional más tarde que los niños y que los adultos, cuando les exigimos que en el instituto estén atentos desde las 8 de la mañana, pero entonces su cerebro no está 100% activo, y esto debemos tenerlo en cuenta pero no implica que tengan que ir más tarde al instituto pero sí que no les exijamos grandes esfuerzos a primera hora porque si no se estresarán más y lo vivirán como una amenaza", añade el experto.

   Con ello, Bueno remarca que el cerebro adolescente no es un cerebro adulto, aunque tengan comportamientos parecidos, por lo que en esta etapa lo idóneo es apoyarles emocionalmente y darles ejemplo: "Nosotros para que ellos tengan pautas de lo que es ser adultos debemos darles buenos ejemplos y mantener un cierto estímulo y que se mantengan motivados por lo que hacen para que les sea más fácil capear este estrés".

   De hecho, subraya que en la adolescencia son más débiles frente al estrés, especialmente cuando es moderado o agudo de forma crónica, porque esto les perjudica muchas funciones del cuerpo. "Pero en la adolescencia el estrés es también un enemigo del cerebro, porque no deja que reflexionemos bien, o gestionemos bien nuestras emociones, y dificulta la adquisición de nuevos aprendizajes. El cerebro adolescente tiene un nivel basal de estrés más elevado que los adultos por una función biológica. El estrés sirve para hacer frente a situaciones inesperadas y porque para ellos el mundo es inesperado porque jamás han sido adultos. Tienen que empezar a enfrentarse a sensaciones de adulto y una forma de estar alerta es incrementar este nivel basal de estrés", sostiene.

   Por eso, David Bueno considera que los adolescentes parten con desventaja en esta etapa porque en el momento en el que su entorno les estresa un poco más, enseguida pueden llegar de forma fácil al estrés agudo y hacer que esto se cronifique y dificulte la maduración de su cerebro, y por eso son más débiles en esta etapa.

   "La adolescencia es una etapa crucial de la vida, imprescindible, y no debe darnos miedo. Como adultos debemos disfrutar de la adolescencia de nuestros hijos aunque a veces nos saquen de quicio y de nuestros alumnos porque es una etapa irrepetible pero muy provechosa para ellos, así que disfrutémosla con ellos y sin agobiarnos", sentencia el doctor en Biología e investigador.