Actualizado 01/06/2011 19:47 CET

Uno de cada tres españoles desconoce los efectos nocivos para la piel de la radiación infrarroja A

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EUROPA PRESS

MADRID, 1 Jun. (EUROPA PRESS) -

El 38 por ciento de los españoles desconoce que la exposición prolongada a la radiación infrarroja A (IR-A) es perjudicial para la salud de la piel, principalmente porque un porcentaje similar (39%) no ha oído hablar nunca de ella, según los resultados de un estudio de Laboratorios Cinfa y el Instituto Dermae.

Además, más de la mitad (64%) no es consciente de que es producida por el sol y no solo por aparatos electrónicos, pese a que la propia Agencia Española de Meteorología informa diariamente sobre los niveles de esta radiación.

El objetivo de la investigación era mostrar el conocimiento de la población española sobre la radiación solar y su nivel de concienciación a la hora de protegerse. De acuerdo con los datos recogidos, los españoles son conscientes de los peligros del sol, pero el 43 por ciento no siempre toma medidas frente a él.

De igual modo, aunque el 84 por ciento de los españoles reconoce saber que la piel "tiene memoria", la mayoría de ellos se preocupa principalmente por las quemaduras (el 71%), un efecto a corto plazo de la radiación solar.

Asimismo, los hombres y las personas de piel morena demuestran ser menos conscientes de los efectos que tiene el sol en su piel.

Como señala el doctor Agustín Buendía, coordinador del Grupo de Trabajo de Epidemiología y Promoción de la Salud en Dermatología de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), "las mujeres afirman ser más constantes a la hora de protegerse, se aplican cremas solares con más regularidad y conceden más importancia a los posibles efectos a largo plazo, como el envejecimiento de la piel, inducidos por la radiación IR-A".

El problema de esta radiación, según este experto, es que pasa "inadvertida", añade la jefa de la Sección de Dermatología del Hospital 12 de Octubre de Madrid y miembro del Instituto Dermae, Aurora Guerra.

"Las personas no son conscientes porque no sienten que aumente la temperatura de su piel, ni ven sus efectos a primera vista, al contrario de lo que ocurre con las quemaduras que producen los ultravioleta (UV) cuando, sin embargo, la radiación IR-A penetra profundamente en la piel y agrava los efectos de la radiación UV, provocando severos daños como el envejecimiento de la piel y la destrucción del ADN celular", explica.

En cuanto a los hábitos de protección frente al sol, el 20 por ciento de las personas que se exponen lo hacen en las horas centrales del día, desde las doce hasta las cuatro de la tarde, que son las más perjudiciales.

LAS COMUNIDADES DEL NORTE, A LA CABEZA EN PROTECCIÓN SOLAR

El estudio también ha analizado los hábitos a nivel autonómico. De forma general, se observa que las personas de comunidades situadas al norte de la península tienden, en mayor medida, a tomar el sol "en cualquier ocasión que pueden", pero se protegen mejor.

De todas ellas, los habitantes de Navarra (67%), Asturias (66%) y País Vasco (66%) son los que toman medidas generales de protección frente al sol de manera más regular.

En cambio, las poblaciones que menos se protegen de manera regular son Baleares (43%), Galicia (48%) y Andalucía (53%). Destaca el hecho de que varias de ellas son comunidades habituadas a la radiación solar. Así, los ciudadanos de Baleares son los que tienen peores hábitos y más de la mitad de ellos (alrededor del 56%) no toma medidas de protección siempre que se exponen al sol.

En cuanto al uso de fotoprotectores solares, Navarra vuelve a encabezar el ranking, con un 73%, seguida por Canarias y La Rioja, con un 68% y un 67% respectivamente. En el otro extremo, los baleares son los españoles que menos emplean las cremas solares, ya que un 43 por ciento dice que las utiliza a veces y un 8 por ciento nunca.

"La tendencia es que las poblaciones que están más habituadas al sol, como Baleares, Andalucía y Extremadura, crean que no necesitan protegerse porque su piel ya está acostumbrada a las radiaciones, pero no es así, porque los daños provocados por la radiación se acumulan a lo largo de la vida y, aunque la piel esté bronceada, la radiación sigue penetrando en ella", recuerda Buendía.