Publicado 03/06/2021 13:44CET

Uno de cada 500 adultos españoles puede haber tenido un tumor de niño

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Archivo - Business People Meeting Eating Discussion Cuisine Party Concept - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / RAWPIXEL LTD - Archivo

   MADRID, 3 Jun. (EUROPA PRESS) -

   El directora de la Unidad de Pediatría y Áreas específicas del Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla), Catalina Márquez Vega, ha señalado, durante el II Congreso Digital de la Asociación Española de Pediatría, que uno de cada 500 adultos españoles puede haber tenido un tumor cuando era un niño.

   En este sentido, la doctora ha informado de que trabaja para intentar minimizar los efectos secundarios de los tratamientos y garantizar la calidad de vida de los pacientes, en los que las secuelas, tanto físicas como psicológicas, pueden manifestarse incluso varios años después de haber superado la enfermedad.

   Con respecto a las secuelas que puedan aparecer, va a depender de factores diversos como la localización del tumor, el diagnóstico o el tratamiento recibido. Entre las más frecuentes se encuentran las que afectan al sistema endocrino y al aparato reproductor, algo que hay que tener en cuenta si se desea tener hijos en el futuro, ya que se puede recibir orientación para intentar hacer un tratamiento de preservación de la fertilidad.

   Por otro lado, tal y como ha detallado la experta, están los problemas cardiacos causados por la toxicidad que pueden inducir algunos tratamientos antitumorales que, junto con el sedentarismo, la hipertensión y la obesidad, pueden favorecer la aparición de enfermedades coronarias.

   En cuanto a las consecuencias psicológicas, la doctora ha explicado que, después de haber estado una temporada larga fuera de su círculo habitual, pueden surgir problemas a la hora de volver a relacionarse con sus compañeros y amigos. "Un efecto que la familia puede llegar a 'agravar' por sobreprotección, al no dejar que se desarrollen como el resto de los niños de su edad", ha enfatizado.

   Actualmente el seguimiento de cada paciente es variable en función del tipo de tumor que haya tenido y la terapia que haya recibido, oscilando, según el caso, entre los cinco y los diez años posteriores a la finalización del tratamiento. Sin embargo, se ha visto que, conforme aumentan los años de seguimiento, siguen apareciendo nuevas secuelas, por lo que lo más adecuado sería hacer un seguimiento individualizado durante toda la vida.

   "Los niños o adolescentes a los que se les ha diagnosticado y tratado un cáncer van a vivir muchos; no se trata solo de controlarles a corto plazo para descartar recaídas, sino de observar precozmente las secuelas que pueden ir apareciendo", ha detallado Márquez.

ESTILO DE VIDA

   Para minimizar estos riesgos, la experta ha destacado la importancia de seguir un estilo de vida saludable, la cual puede contribuir a retrasar o disminuir la aparición de los efectos secundarios a la larga. Y es que, además de tener más probabilidad de sufrir determinadas enfermedades por el hecho de haber tenido un tumor en la infancia y haber recibido tratamiento de quimioterapia, hay factores de riesgo que pueden influir en su aparición, como el consumo de tabaco o drogas, el sedentarismo o la ingesta de una dieta desequilibrada.

   En este sentido, Márquez ha recordado que los niños que han tenido una enfermedad crónica como es el cáncer pueden hacer deporte con normalidad, aunque siempre adaptado a sus circunstancias y capacidades personales.

   "Muchas veces se les protege y se les trata como si no pudieran hacer determinadas actividades y eso no es así; son perfectamente capaces, incluso aquellos que tienen secuelas. A lo mejor no pueden hacer lo mismo que antes de la enfermedad o al mismo nivel, pero hay muchas más opciones", ha aseverado.

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