Publicado 14/05/2020 8:10:32 +02:00CET

Por qué es bueno para tu salud el tener un mal día

Días malos, optimismo.
Días malos, optimismo. - TRILOKS - Archivo

   MADRID, 14 May. (EDIZIONES) -

   Aunque no te lo creas, el tener un mal día es bueno para tu salud. Tenemos malos días constantemente por lo que si no sabemos llevarlos bien, gestionarlos, se nos complicará mucho la vida. Hay que asumir que existen los malos días, que son parte de nuestro día a día, y no hay que darle tantas vueltas a por qué nos pasan las cosas que menos nos gustan.

Así lo defiende Anabel González, doctora en Medicina, psiquiatra y psicoterapeuta en una entrevista con Infosalus, con motivo de la publicación de 'Lo bueno de tener un mal día' (Planeta), un libro con el que pretende, a partir de su experiencia como sanitaria, ayudar a las personas a cuidar de sus emociones para estar mejor.

   "En Galicia, de donde yo soy, hay mucha gente que se amarga el día cuando llueve y el caso es que llueve con mucha frecuencia. Entonces es horrible para ellos. Lo que hay que pensar es que podemos convertir los malos días en días más llevaderos", defiende la también especialista y miembro de la Sociedad Europea de Trauma y Disociación (ESTD).

   La clave se encuentra en manejar bien las distintas emociones, según revela esta experta del Hospital Universitario de A Coruña. Por ejemplo, dice que podemos tener un mal día porque hemos discutido en el trabajo o con nuestra pareja, o bien estamos tristes por lo que sea, pero la doctora González defiende que si aprendemos a modular esas emociones, éstas se harán más manejables.

   "Podemos aprender mucho de los malos días y de las experiencias y es que si no las gestionamos bien se acumulan, acaban dando muchos problemas psicológicos y también físicos, como más enfermedades, nuestro sistema inmunitario se debilita, o dormiremos peor, por ejemplo. Nos afecta a muchos niveles", defiende la psiquiatra.

   Aquí destaca que a la hora de regular las emociones tiene una ventaja el ser mujer, independientemente de que en éstas influyan los estados hormonales. "Las mujeres siempre han estado en mayor contacto con las emociones por la cultura que hemos recibido. Siempre (y erróneamente) se ha enseñado a los hombres a no llorar, deben ser fuertes, y la gestión que pueden hacer ellos por regla general de sus emociones es peor. Llorar no es sinónimo de debilidad, que no se nos olvide", apostilla.

   Después, se encontraría el caso de esas personas que tienen un mal día y para colmo se echan leña sobre su propio fuego, 'para qué mejorar mi día si ya es malo, paso'. "El ser humano tiene un cerebro más complejo que los animales y a veces hacemos cosas por el bien, pero a veces esta capacidad, en lugar de usarla así, la usamos contra nosotros mismos, y empleamos sistemas que no funcionan, o al menos en el primer momento, de forma que a la larga nos dan problemas", señala González.

   En este sentido, la también psicoterapeuta subraya que en muchas ocasiones ante un problema preferimos pasar, es más fácil para nosotros el no paramos a pensar en ello, no lo atendemos porque ya sin hacerle caso se alivia en nosotros. No obstante, avisa de que si lo dejamos pasar irá aumentando el malestar en nosotros y poco a poco con los días; el problema se irá complicando. Esto en cierta medida podría estar relacionado, según sostiene, con personas que están todo el día enfadadas.

   "Estas personas que están enfadadas constantemente es porque internamente pueden estar peleando con la realidad, y cada vez que ocurre algo que no está en sus planes, y es que el mundo no sigue nuestros planes, entonces se indignan y por eso están enfadados. También puede ser porque en el fondo están tristes, y esto no se lo quieren permitir porque estar triste es de débiles. Se van a venir abajo, y entonces se van mejor al enfado. Pero esto no resuelve el problema y expresan por eso otra emoción. Lo mejor hubiera sido llorar y desahogarse para entender qué pasa pero no se lo permiten", agrega la especialista del Hospital Universitario de A Coruña.

LA CLAVE: MANEJAR LAS EMOCIONES

   Por eso, la doctora González remarca que es muy importante aprender a manejar nuestras emociones. ¿Cómo se logra? Hay que pararse a pensar en ellas siempre. "Son muy importantes porque nos dicen qué significan las cosas, qué necesidades tenemos, y cómo podemos conseguirlas. Si no las escuchamos empezaremos a tener muchos problemas. A veces funcionamos en piloto automático de una manera cuando igual, si las escucháramos y actuáramos de otra forma sería mejor. Hay personas que controlan las emociones pero esto funciona un rato. Cuando hay cosas que salen de nuestro control nos podemos desbordar", advierte.

   Con ello, la también psicoterapeuta insiste en que se pueden hacer muchas cosas, y en primer lugar insiste en que hay que notar que están ahí, escucharlas. Después dice que se puede escribir sobre ellas, e incluso compartirlas. "Hay personas que notan las emociones pero que las esconden. No hay que pensar que todo va a través del control de las mismas, a veces hay que dejarlas fluir y así ellas solas encuentran una manera de equilibrarse, fluyen solas. Hay que hablar de ello, compartirlo es muy importante también", apunta.

   Es más, sostiene que si nos atascamos mucho hablándolo también se puede buscar ayuda profesional o algún tipo de actividad que nos ayude con esa emoción, como ejercicios de trabajo físico. "Muchas personas hacen yoga o se dan paseos, muchas de las cosas que vamos pensando y nos van preocupando se van soltando un poco a través de esa actividad", puntualiza.

   Y es que desde pequeños aprendemos a regular nuestras emociones. "Venimos al mundo con un determinado temperamento, pero quienes tenemos alrededor son los modelos de los que aprendemos y cuando estamos inquietos quienes nos cuidan su forma de reaccionar nos puede enseñar a alterarnos más o menos. Son aprendizajes implícitos. Siempre se puede aprender a regular las emociones, nunca es tarde", zanja la doctora González.

Contador