Actualizado 25/08/2014 16:15

Los beneficios de un aire más sano pueden compensar el coste de las políticas de reducción de carbono

Contaminacion en Aviles
Foto: COORDINADORA ECOLOGISTA DE ASTURIAS

MADRID, 25 Ago. (EUROPA PRESS) -

   Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) que analizaron tres políticas de reducción de las emisiones de carbono en Estados Unidos vieron que el ahorro en el gasto en atención de la salud y otros costos relacionados con enfermedades pueden ser grandes, en algunos casos, más de diez veces el costo de la implementación de las medidas para disminuir el carbono.

   Tasas más bajas de asma y otros problemas de salud se citan frecuentemente como beneficios de las políticas destinadas a reducir las emisiones de carbono procedentes de fuentes como las centrales eléctricas y los vehículos, debido a que estas políticas también conducen a disminuciones de otros tipos nocivos de contaminantes del aire.

   "Las políticas de reducción de carbono mejoran significativamente la calidad del aire", sentencia Noelle Selin, profesora asistente de Ingeniería de Sistemas y Química Atmosférica en el MIT y coautora de este estudio que se publica este domingo en 'Nature Climate Change'. "De hecho, las políticas destinadas a rebajar las emisiones de carbono mejoran la calidad del aire de forma similar a las políticas dirigidas específicamente a la contaminación del aire", añade.

   Selin y sus colegas compararon los beneficios para la salud con los costos económicos de tres políticas climáticas: una estándar de energía limpia, una política de transporte y un programa de límites máximos y comercio de emisiones. Las tres iniciativas fueron diseñadas de forma parecida a las propuestas de las políticas de Estados Unidos para el clima, con el estándar de energía limpia que requiere una reducción de emisiones de las centrales eléctricas similar a la planteada en el Plan de Energía Limpia de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense.

   Los investigadores hallaron que el ahorro en problemas de salud podría ayudar a recuperar el 26 por ciento del costo de implementar una política sobre el transporte, pero hasta 10,5 veces el costo de la puesta en marcha de un programa de comercio de derechos de emisión. La diferencia depende en gran medida de los costos de las políticas, ya que el ahorro, en la forma de atención médica y al evitar días de enfermedad, se mantuvo más o menos constante, de forma que las medidas dirigidas a fuentes específicas de contaminación del aire, como las plantas de energía y los vehículos, no dio lugar a beneficios sustancialmente mayores que otras políticas más baratas, como el comercio de derechos de emisión.

   Los ahorros de los beneficios para la salud reducen el costo estimado de 14.000 millones de dólares de un programa de límites máximos y comercio de emisiones. En el otro extremo del espectro, una política centrada en el transporte con requisitos de ahorro de combustible es la medida más cara, costando más de un billón de dólares en 2006, con sus beneficios para la salud que permiten recuperar sólo una cuarta parte de ese gasto.

   El precio de un estándar de energía limpia se sitúa entre los costos de las otras dos políticas, con los beneficios para la salud asociados superando algo a los costos, 247.000 millones de dólares en comparación con 208.000 millones. "Si el análisis costo-beneficio de las políticas climáticas no incluye los beneficios para la salud de un aire más saludable, se subestiman dramáticamente los beneficios de estas políticas", señala el autor principal, Tammy Thompson, ahora en la Universidad Estatal de Colorado, Estados Unidos, pero que condujo la investigación como postdoctorado en el equipo de Selin.

   El estudio es la evaluación más detallada hasta la fecha de los efectos de la  política climática sobre la economía, la contaminación del aire y el costo de los problemas de salud relacionados con la contaminación del aire. El grupo del MIT se centró de modo particular en cómo los cambios en las emisiones causadas por la política se traducen en mejoras en la calidad del aire local y regional, usando modelos integrales de la economía y la atmósfera.

   Además de dióxido de carbono, la quema de combustibles fósiles libera una gran cantidad de otros productos químicos a la atmósfera y algunas de estas sustancias interactúan para formar ozono a nivel del suelo, así como partículas finas. Los científicos calcularon dónde y cuándo ocurrieron estas reacciones químicas y dónde terminaron los contaminantes resultantes en las ciudades en las que mucha gente entra en contacto con ellas o en las zonas menos pobladas.

   Los investigadores proyectaron los efectos en la salud del ozono troposférico y las partículas finas, dos de los mayores factores que afectan a la salud que están relacionados con las emisiones de combustibles fósiles. Ambos contaminantes pueden provocar ataques de asma y enfermedades cardiacas y pulmonares y pueden conducir a la muerte prematura.

   En 2011, 231 condados en Estados Unidos superaron los estándares de regulación de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA, por sus siglas en inglés) para el ozono, el componente principal de la contaminación. En 118 condados, se sobrepasaron las normas que fijan los niveles de las partículas finas, partículas en el aire lo suficientemente pequeñas como para ser inhaladas profundamente en los pulmones e, incluso, absorbidas por el torrente sanguíneo.

   Aunque la disminución del dióxido de carbono a partir de los actuales niveles en Estados Unidos se traducirá en mejor calidad del aire, los beneficios relacionados con la contaminación disminuyen a medida que las políticas de carbono se vuelven más estrictas. Selin advierte que después de cierto punto, se consigue la mayoría de los beneficios para la salud y reducciones de emisiones adicionales no se traducirán en mayores mejoras.