¿Aún se usan las sangrías para tratar enfermedades? En el caso de la hematocrosis, sí

Publicado 13/09/2019 8:24:44CET
Sacar sangre.
Sacar sangre. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / CYLONPHOTO - Archivo

MADRID, 13 Sep. (EDIZIONES) -

Se denomina sangría a varios procedimientos médicos relacionados con la sangre que fueron de uso muy frecuente, a través de incisiones o con sanguijuelas, para tratar diversas dolencias hasta bien entrado el siglo XIX. Casi siempre carecían de efecto curativo, pero en la actualidad aún se utilizan las flebotomías para tratar una enfermedad llamada hematocrosis.

"Se trata de una enfermedad que facilita el depósito de hierro en los tejidos y órganos al producir un aumento de su absorción en las células del intestino. Este aumento de la absorción no se compensa con una mayor eliminación, por lo que se va acumulando", explica a Infosalus el portavoz de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), el doctor José Miguel Rosales Zábal.

La hematocrosis es de origen genético. "En concreto, se debe a diferentes mutaciones en el cromosoma número 6, debiendo estar estas mutaciones tanto en el padre como en la madre para poder transmitir la enfermedad. Por tanto, la enfermedad se inicia con el nacimiento", especifica el doctor Rosales. No obstante, otras mutaciones "pueden favorecer la sobrecarga de hierro, pero no llegan a desarrollar la hematocrosis como tal y, por tanto, no producen enfermedad", agrega el experto.

Se manifiesta a partir de entre los 40 y los 50 años y los síntomas dependerán del órgano o tejido afectado. "Cuando el hierro se acumula en el corazón puede producir miocardipatías que den lugar a arritmias", expone el doctor Rosales. En cambio, si se acumula en la piel produce "un color más oscuro y la pérdida de vello", añade el portavoz de FEAD.

También puede acumularse, destaca el doctor Rosales, "en el páncreas, produciendo diabetes; en las articulaciones, inflamaciones, y también pueden afectar a diferentes glándulas del organismo, como la hipófisis y las glándulas sexuales, haciendo que disminuyan su función". Por último, el hierro puede acumularse en el hígado, lo que produce "una inflamación crónica que termina dando lugar a una cirrosis hepática y el desarrollo de cáncer de hígado", alerta el experto.

Si el órgano o el tejido en cuestión está muy dañado, el tratamiento para la enfermedad no es eficaz. "Por ejemplo, si el hígado ya es cirrótico, por mucho que se trate la hemocromatosis ese hígado ya no se va a arreglar, salvo que se realice un trasplante", subraya el portavoz de FEAD. Es en el resto de los casos dónde entran en juego las flebotomías.

Efectivamente, "el tratamiento actual más eficaz es la realización de flebotomías, es decir, sangrías", confirma el doctor Rosales, que hace hincapié en que "la importancia estriba en diagnosticar lo antes posible para iniciar el tratamiento antes de que produzca daños irreversibles". De hecho, los hombres suelen desarrollar los síntomas antes que las mujeres precisamente porque en estas la pérdida de sangre con la menstruación les hace eliminar hierro, asegura el experto.

CÓMO SE LLEVAN A CABO

"Normalmente se extraen entre 400 y 500 mililitros de sangre, lo que equivale a extraer entre 200 y 250 miligramos de hierro", clarifica el doctor Rosales. En cuanto a la frecuencia, habitualmente se realiza cada una o dos semanas, "aunque depende de cómo lo tolere el paciente", puntualiza el portavoz de FEAD.

"Esto se hace hasta que los valores de ferritina descienden a unas cifras bajas. Después se hacen flebotomías de mantenimiento para que no suban los niveles de ferritina cada tres o cuatro meses", continúa el experto que, aunque lamenta que la enfermedad "hoy por hoy no es curable, sí se puede controlar el desarrollo de sus complicaciones".