Publicado 20/10/2021 18:08CET

Así se descontrolaron los hábitos de sueño de los adolescentes durante el confinamiento

Archivo - Niña adolescente con la tablet y los cascos.
Archivo - Niña adolescente con la tablet y los cascos. - KERKEZ/GETTY - Archivo

MADRID, 20 Oct. (EUROPA PRESS) -

El aislamiento social, el aprendizaje mediante métodos 'on line', así como los horarios más flexibles comportaron un incremento significativo en el uso de dispositivos electrónicos y un retraso en el inicio y el fin del sueño en los adolescentes durante el confinamiento, según un estudio presentado durante la celebración de la XXIX Reunión Anual de la Sociedad Española de Sueño (SES).

Este aumento en el uso de pantallas se asoció a una dificultad para conciliar el sueño y a otros hábitos no saludables. No obstante, y contrariamente a lo que cabría esperar, esta dificultad no se puede atribuir al 'vamping tecnológico', esto es, el uso de las tecnologías a última hora del día, ya que no se objetivó un incremento de este fenómeno", ha explicado la doctora Marta Moraleda, investigadora principal de este estudio y miembro del grupo de trabajo de Pediatría de la SES.

El estudio recopiló las respuestas a un formulario de 57 preguntas de 265 padres cuyos hijos tenían entre 10 (5º de primaria) y 18 años (13,6 de media de edad), eran estudiantes en activo durante el curso 2019/2020 y estuvieron confinados en sus hogares durante la primera ola de la pandemia desatada por la COVID-19.

En todos los participantes se analizaron tres variables principales, tanto antes como durante el confinamiento. Por un lado, los patrones de sueño (latencia, hora de irse a la cama/levantarse, despertares, siestas); por otro, el uso de dispositivos electrónicos (horas al día, tipo y horarios) y, por último, otros hábitos saludables como la exposición a luz solar, la dieta o la actividad física. Las cuestiones relacionadas con las variables principales incluyeron una doble pregunta sobre la situación previa al confinamiento y durante el confinamiento.

Según los resultados del estudio, durante el confinamiento, los adolescentes a los que les costaba más de una hora quedarse dormidos pasaron del 2,3 por ciento al 17 por ciento. Un incremento significativo que también se apreció en otras variables del sueño, como el retraso en el horario de inicio y de fin del sueño, especialmente evidente entre semana.

MÁS DEL 30% DE LOS ADOLESCENTES SE IBAN A DORMIR DESPUÉS DE LAS 00.00 HORAS

Así, los adolescentes que se iban a dormir después de las 00.00 horas en días laborables pasaron de ser apenas el 3,4 por ciento antes del confinamiento a representar más del 32 por ciento durante las semanas de encierro; mientras que el porcentaje de jóvenes que se levantaban más tarde de las 09.45 horas entre semana se disparó un 30 por ciento. Todo ello generó un incremento también significativo de la hipersomnolencia diurna, que pasó del 28 por ciento al 34,4 por ciento.

No obstante, esa dificultad para conciliar el sueño y el retraso a la hora de irse a la cama no se pueden atribuir directamente al incremento de la práctica del vamping durante el confinamiento. De hecho, si bien es cierto que hubo un incremento sustancial en el uso de pantallas (los adolescentes que las usaban más de cuatro horas al día pasaron del 12,8 al 75,1%), este uso se repartió durante el día, disminuyendo su frecuenta en el horario nocturno (antes y después de la cena y en la cama).

"Esta es una variable interesante porque demuestra, por un lado, que cuando nos quitan los horarios cambia toda la distribución de nuestros hábitos; y, por otro, que el uso de pantallas por la noche no es la única causa de que los adolescentes duerman menos, sino que hay otros factores a tener en cuenta", ha argumentado Moraleda.

MÁS PANTALLAS, MENOS HÁBITOS SALUDABLES

En ese sentido, la investigadora principal del estudio ha señalado que el incremento en el número de horas de uso de pantallas durante el confinamiento se asoció a un retraso en el inicio del sueño y a otros hábitos no saludables, como la exposición a luz solar o la actividad física.

Así, en el estudio se comprobó que uno de cada cuatro adolescentes no se expusieron durante el día a la luz solar, que uno de cada cinco no realizaba ninguna actividad física, y que el 25 por ciento de ellos aumentaron de peso durante el confinamiento, una etapa en la que a su vez hubo un considerable incremento de la ingesta de dulces (+20%) -también tras la cena (del 6,8% al 14,3%)-, todos ellos hábitos que tienen un impacto directo sobre el descanso.

"Se habla mucho de pantallas y adolescentes, pero el déficit de sueño de este grupo de población no se puede simplificar así", apostilla Moraleda, para añadir que lo que se observa en este estudio es que, a medida que aumenta el uso de pantallas, los adolescentes tenían menos exposición a la luz, hacían menos ejercicio físico, ganaban más peso y, a su vez, les costaba más dormir.

"Es decir, que cuanto más tiempo se pasa ante las pantallas, más se descuidan el resto de hábitos saludables que influyen en nuestro sueño. Además, no hemos de olvidar factores que influyen negativamente en el sueño de los adolescentes, como el retraso del ritmo circadiano o la falta de sincronía entre los horarios lectivos y los ritmos cronobiología en esta época de la vida", ha concluido Moraleda.