Publicado 21/02/2022 07:17

La antigua mezcla de ancestros ha dado lugar a los actuales rasgos corporales y de salud de los europeos

Archivo - Gente paseando por la calle Valentín Sanz en una nueva edición de 'Ven a Santa Cruz'
Archivo - Gente paseando por la calle Valentín Sanz en una nueva edición de 'Ven a Santa Cruz' - CEDIDA - Archivo

MADRID, 21 Feb. (EUROPA PRESS) -

Un nuevo estudio, realizado por investigadores italianos y publicado en la revista 'Current Biology', describe el impacto de las antiguas migraciones en algunos rasgos complejos (fisiología y apariencia) de los europeos contemporáneos.

La mayor parte de la composición genética europea contemporánea se formó a partir de los movimientos que se produjeron en los últimos 10.000 años, cuando los cazadores-recolectores europeos locales se mezclaron con los agricultores neolíticos de Anatolia y los pastores de la estepa póntica que llegaron.

Estas poblaciones estuvieron separadas durante miles de años y evolucionaron en direcciones diferentes. Tras este encuentro, su ADN, o genoma, entró en contacto y las variantes genéticas que caracterizan a cada una de ellas se entremezclaron.

Estudios anteriores, basándose en la información contenida en los genomas antiguos, describieron algunos rasgos biológicos de estas poblaciones de origen, dilucidando los orígenes y las fuerzas de selección natural que actuaban sobre rasgos como la persistencia de la lactasa, la altura y la pigmentación de la piel, los ojos o el pelo.

"Con nuestro estudio, en cambio, nos preguntamos cómo la fisiología y el aspecto de los europeos contemporáneos están influidos por estas antiguas huellas que aún están incrustadas en sus genomas", explica el doctor Davide Marnetto, del Instituto de Genómica de la Universidad de Tartu (Estonia) y la Universidad de Turín (Italia) y primer autor del estudio.

"Como caso de estudio, utilizamos la población estonia, que también muestra algunos componentes genéticos frecuentes en las poblaciones siberianas actuales, debido a la riqueza de datos que proporciona el Biobanco de Estonia, donde pudimos encontrar la caracterización del genoma y los rasgos de más de 50.000 muestras --prosigue--. En concreto, medimos si tener un determinado rasgo, por ejemplo, colesterol alto, va unido a haber heredado más variantes de una determinada ascendencia, exactamente en aquellas regiones del ADN que influyen en los niveles de colesterol".

El profesor Luca Pagani, de la Universidad de Padua (Italia), coautor del estudio, resalta que estos resultados "muestran que las antiguas poblaciones que formaron a los europeos contemporáneos estaban lo suficientemente diferenciadas como para contribuir con su propia firma a la fisiología y apariencia de los individuos contemporáneos".

Por ejemplo, la ascendencia esteparia parece haber contribuido a una complexión fuerte, con una estatura elevada y un mayor perímetro de cadera y cintura, pero también a un mayor colesterol en sangre, que por otro lado tiende a ser menor en los individuos con ascendencia cazadora-recolectora en genes específicos.

Este último parece también vinculado a un mayor índice de masa corporal (IMC), entre otros. En cambio, las mejores conexiones establecidas para la ascendencia anatoliana son una relación cintura-cadera reducida (corregida por el IMC) y una frecuencia cardíaca más baja, señalan los autores.

También encontraron diferencias sustanciales en la ascendencia o pruebas de selección natural reciente en la pigmentación de los ojos y el pelo, el consumo de cafeína en el cuerpo, la edad de la menarquia y los patrones de sueño.

Los autores exlican que sacaron estas consuiones basándose en partes específicas del genoma, mientras que utilizaron el resto del genoma como control, para observar efectos sutiles por contraste. "Esto significa que es engañoso e ingenuo, en el mejor de los casos, utilizar un rasgo determinado para adivinar la ascendencia dominante en el propio genoma", afirma el profesor Mait Metspalu, coautor del estudio.

Además, recuerda que, para obtener un resultado biológico, no sólo importa la cantidad de una determinada ascendencia en el genoma, sino dónde y qué genes contribuyeron a ella, incluso en el caso de rasgos complejos codificados por muchos genes.

Metspalu también subraya que, por la misma razón, es simplista interpretar los patrones de rasgos en toda Europa únicamente como la abundancia de una ascendencia u otra sin tener en cuenta el entorno y otras fuerzas evolutivas.

"Además, es importante señalar que el vínculo que establecemos entre un rasgo determinado y una ascendencia determinada no implica que dicho rasgo fuera predominante en una población antigua concreta o estuviera ausente en todos los demás grupos", apostilla.

Los autores concluyen señalando que su atención a la población estonia y, en última instancia, a la europea, está relacionada con la gran cantidad de datos disponibles, en contraste con la dramática infrarrepresentación de otras etnias en los estudios genéticos.

"No hay absolutamente ninguna prueba que indique que Europa abarca una mayor diversidad genética y un patrimonio más complejo que otros continentes: una mayor cobertura de muestras de todo el mundo es crucial para mejorar nuestra comprensión de cómo la historia humana pasada dio forma a la variabilidad de los rasgos mostrados por los individuos contemporáneos", asegura Marnetto.