La alteración neuroinmune y gastrointestinal contribuye a la enfermedad de la guerra del Golfo

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REUTERS PHOTOGRAPHER / REUTER - Archivo
Publicado 25/02/2019 7:01:33CET

   MADRID, 25 Feb. (EUROPA PRESS) -

   Muchos veteranos de la Guerra del Golfo Pérsico experimentan la Enfermedad de la Guerra del Golfo (GWI, por sus siglas en inglés), una afección crónica con síntomas que van desde gastrointestinales hasta neurológicos. Si bien la exposición al gas anti-nervioso bromuro de piridostigmina (PB, por sus siglas en inglés) está relacionada con el desarrollo de GWI, siguen sin estar claros la causa exacta y los mecanismos de la enfermedad.

   Recientemente, un estudio en animales publicado en 'The FASEB Journal' probó la hipótesis de que la exposición a PB contribuye al desarrollo de GWI al interrumpir los sistemas neuronales e inmunitarios del intestino. Un equipo de científicos dirigido por Brian D. Gulbransen, profesor de la Fundación de la Universidad del Estado de Michigan (MSU, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, que trabaja en el programa de neurociencia de la universidad, lideró el experimento.

   El equipo utilizó ratones machos y hembras que habían estado expuestos a agua potable normal o agua que contenía una de las dos concentraciones de PB durante siete días. Evaluaron los efectos de la droga en el intestino in vivo cada tres días y registraron el peso corporal durante todo el experimento.

   En los días 7 y 30, recogieron tejido del colon y cerebral para analizar los efectos agudos y crónicos del fármaco sobre las funciones intestinales, las respuestas inmunitarias en el intestino y el cerebro, y la estructura y función del sistema nervioso entérico, que dirige la función del tracto gastrointestinal. Los resultados clave del estudio mostraron que exponer a los ratones a PB de una manera que reflejara la exposición de los veteranos de la Guerra del Golfo los llevó a desarrollar problemas gastrointestinales de larga duración y cambios en el sistema inmunológico en el intestino y el cerebro.

   En general, el trabajo demuestra que la exposición al PB solo es suficiente para causar amplias alteraciones en la comunicación cerebral que podrían contribuir al desarrollo de GWI. Curiosamente, la investigación también encontró que el PB afecta a los animales machos y hembras de manera diferente, un hallazgo que podría indicar distintos mecanismos que subyacen en el desarrollo del síndrome en hombres y mujeres.

   "Aunque nuestros animales machos y hembras fueron tratados de la misma manera, detectamos diferencias emocionantes dependientes del sexo que nos pueden dar una mejor idea de cómo abordar el tratamiento en los pacientes", declara Gulbransen. "Entender los mecanismos específicos del sexo que subyacen a este trastorno puede proporcionar información importante que conduce a terapias específicas y novedosas", subraya.

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