Publicado 31/08/2020 8:19:36 +02:00CET

Por qué la adolescencia es tan convulsa: pautas para lidiar con ellos

Grupo de adolescentes sentados mirando sus móviles.
Grupo de adolescentes sentados mirando sus móviles. - FABIO PRINCIPE/ISTOCK - Archivo

   MADRID, 31 Ago. (EDIZIONES) -

   La adolescencia es un tiempo para ser feliz, para aclararse con el mundo, para saber quiénes somos, y que empieza en torno a los 12 años y termina sobre los 18. Es una etapa diferente en la que los jóvenes sólo van a poder dedicarse a eso, y los padres intentan atinar y no paran de pensar en cómo se les puede educar sin pelearse con ellos, y logrando algún fruto frente a su obstinación y rechazo.

   Así lo defiende el psicólogo, educador y periodista Jaume Funes (Calatayud, 1947), en una entrevista con Infosalus, con motivo de la publicación de su nuevo libro 'Quiéreme... pero necesito que me cuentes más. Cómo educar para dar besos y abrazos y pasar de las drogas y ser persona en un mundo digital' (Destino), un manual con el que pretende ayudar a los padres a educar a sus vástagos en un mundo tan cambiante como el actual, y en temas como las drogas, las redes sociales, tan de moda en la actualidad.

   Tras más de 40 años de experiencia tratando a adolescentes, Funes insiste en la idea de que la adolescencia no empieza antes, como así vaticinan muchas madres o la creencia popular actual: "El detonante de la adolescencia es la pubertad, cuando comienza a cambiar su cuerpo por la acción de sus hormonas y cuando cambian de escuela, es decir, cuando pasan de la Primaria a la Secundaria. Ahí es cuando empieza".

   Sí matiza que, dado que vivimos en una sociedad globalizada, de comuniación, una parte de los comportamientos adolescentes avanzan, y pone de ejemplo la fiesta de Sant Jordi de 2019, donde él estuvo firmando libros al lado de una youtuber, que tenía una larga fila de niñas de 10-11 años esperando para hacerse un selfi con ella.

   "Esto no es ser adolescente en sí, aún son pequeñas, iban con sus madres. En el lenguaje y en la estética sí se avanza, en la manera de comportarse, pero en realidad no son adolescentes y es importante no hacerles perder esa etapa de madurez infantil que va de los 10 a los 12, y donde se sienten bien en su infancia, ya que la adolescencia muchas veces no es fácil para ellos", subraya.

   Con ello, también indica que la adolescencia psicológica finaliza en torno a los 18, aunque reconoce que hay personas que socialmente "pueden serlo durante mucho tiempo", mientras éstas no decidan por ellas mismas, o no pueden, por las razones que sean, decidir con autonomía sobre su día a día.

EL CONFINAMIENTO Y LOS ADOLESCENTES

   En cuanto a cómo el confinamiento ha podido afectar a estos jóvenes adolescentes, Funes señala con precaución que, la gran mayoría, no lo han pasado tan mal gracias a las redes sociales, especialmente al principio, donde estaban conectados con sus relaciones virtuales y por ello no necesitaban salir. Eso sí, al final, y como a todo el mundo, dice que se les ha podido hacer pesado.

   Por otro lado, califica estos meses como una "oportunidad" para padres e hijos para descubrirse mejor y que los padres vean, por ejemplo, que sus hijos adolescentes son algo más que un cúmulo de conflictos, mientras que los hijos adolescentes, han comprobado que sus padres son personas con las que dialogar e incluso disfrutar y pasar el tiempo, son algo más que personas con las que discutir. "Ojalá este enriquecimiento de miradas dure un tiempo, pero no tengo claro porque vivimos en una sociedad de etiquetas y de problemas", lamenta.

   La otra parte más complicada, a su juicio, es que tras muchos días juntos, la acumulación de conflictos puede ser altísima, y si no se ha aprendido a aliviarlos es posible que algunas familias se hayan vuelto más conflictivas. Asimismo, cree que algunos jóvenes se encuentren muy desmotivados a la hora de volver a la escuela ya que, si han estado 6 meses sin ir, ¡para qué volver!

   "Hay tantos conflictos entre padres e hijos durante la adolescencia porque ellos quieren volar lejos de nosotros y nosotros los consideramos pequeños e inmaduros. En esta etapa ellos se definen como personas que lo saben y controlan todo, o a las que no les pasa nada malo. A los padres nos cuesta aceptar que han crecido y que es su vida, no la nuestra", indica.

   Cree también Funes que la gran tensión tiene que ver con que por un lado siempre nos ponen en crisis, nos hacen descubrir que nos hemos acomodado y somos incoherentes y esto nos inquieta mucho, junto a la idea de si se estropean, con lo que nos ha costado educarles.

   Con todo ello, el autor de 'Quiéreme*Pero necesito que me cuentes más' plantea que hay que intentar gestionar con seguridad la situación, a la vez que destaca que saber lidiar con los adolescentes forma parte de un aprendizaje de los padres. Recomienda no desconfiar y sí aceptar que, aunque no nos guste, tienen que aprender a relacionarse por ejemplo con el alcohol, como hicimos nosotros, y cuando es algo que nos cuesta mucho porque no queremos que experimenten, o prueben por nuestra propia experiencia: 'Que mi hija no salga como yo'.

   "Nos cuesta más también porque educar en este momento es complejo porque es un mundo cambiante. Lo que viven ellos, no lo vivimos nosotros. No sirven los criterios que nos aplicaron a nosotros. Eso de descubrir junto a ellos, y mostrar criterios de valor en un mundo desconocido nos inquieta mucho y por eso hay personas que vuelven a las fórmulas de siempre, un mundo de supuesta protección, que en realidad es una inseguridad nuestra de un mundo que no es el nuestro sino el suyo", advierte Funes.

   Por eso, reitera que para mejorar la relación entre padres e hijos, por que es difícil en muchos casos, lo mejor es acompañarles: "Es decir, si hay que decir las cosas 50 veces, se dicen. Déjeselo caer en los momentos oportunos. A veces también hay que mandar y poner límites. No va a cambiar la cosa automáticamente. A los 12 seguro que no nos hará caso, pero igual más adelante sí. Hay que saber hacerlo con mano izquierda".

   A su vez, aconseja no confundir conflictos con problemas, porque los adolescentes van a tener muchos conflictos, y deben aprender por qué vale la pena pelearse. Eso sí, el psicólogo avisa de que no hay que pretender una vida pacífica con adolescentes. También indica que es bueno aceptar algo que cuesta mucho, que alrededor de los adolescentes puede haber un buen educador, como un profesor o un entrenador de baloncesto, que le ayude cuando aparezca una dificultad. "El buen tutor sabe relativizar y contextualizar", matiza el especialista en adolescentes, al mismo tiempo que sugiere a los padres que es bueno atenuar la hostilidad de la mirada, aunque por dentro les entren ganas de morderlos.

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