Las actividades navideñas pueden generar estrés a los niños: pautas de actuación

Niños en Navidad
PIXABAY / WHITE77
Publicado 26/12/2018 17:50:36CET

MADRID, 26 Dic. (EUROPA PRESS) -

La Navidad es una montaña rusa de emociones para los más pequeños. Las reuniones familiares que se alarga, la apertura de los regalos y los actividades y eventos característicos de sta época del año afectan a los más pequeños que, en ocasiones, se ven superados por lo que sienten y pueden experimentar agobio, enfado o estrés.

El estrés es una reacción natural del organismo ante una amenaza cuyo origen es muy variado y puede provocar, a la larga, diversos problemas de salud. La Mayo Clinic destaca que los efectos más comunes del estrés a nivel corporal son el dolor de cabeza, la tensión o el dolor muscular, dolor en el pecho, fatiga, malestar estomacal o problemas de sueño.

Por su parte, también según la clínica, en el estado de ánimo el estrés puede causar ansiedad, agitación, falta de motivación o de concentración, agobio, irritabilidad o ira y tristeza o depresión.

Ante esta situación, al igual que sucede en muchas otras circunstancias, aprender a utilizar técnicas y herramientas desde la niñez facilita su posterior aplicación en la vida adulta.

En este contexto, el 'mindfulness' puede resultar de ayuda. "Todo el mundo puede practicar la atención plena y, de hecho, para los niños pequeños es más sencillo aprender este tipo de técnica, ya que por naturaleza se enfrentan a su entorno con curiosidad y prestando atención a lo que sucede", ha explicado el experto en 'mindfulness' Roberto Alcíbar.

"La práctica del 'mindfulness' reporta beneficios tanto en los periodos vacacionales con una fuerte carga emotiva, como en el regreso a las aulas o la vida diaria", ha agregado Alcíbar.

Además, ha precisado que en el aspecto académico, "un chico que sea capaz de apartar las distracciones y centrar su atención en un momento concreto tendrá una mejor empatía; comprensión hacia los demás y autocontrol; será más creativo y mejorará su atención, concentración y rendimiento académico".

Por otro lado y de cara a la vida cotidiana, "disponer de este tipo de recursos proporciona una mayor conciencia corporal, un mejor control de la respiración y un aumento de la tranquilidad", ha asegurado el experto.

Además, las prácticas que mejoran la atención se pueden realizar en casa y en el exterior. En ese sentido, el experto ha afirmado que "lo ideal es introducir una serie de rutinas diarias como pasear o dedicar un par de minutos a cerrar los ojos y realizar respiraciones conscientes" y, por ello, ofrece una serie de prácticas que pueden ir introduciéndose en el día a día.

PRÁCTICAS

- Hacer, en la medida de lo posible, pausas entre actividades.

En ocasiones, durante la Navidad, hay un listado interminable de cosas que hacer que se intercalan sin parar. En estos casos, los niños acaban el día agotados y con la sensación de no haber parado. Hacer una breve pausa entre el final de una actividad y el inicio de la siguiente ayuda a asimilar que algo se ha acabado para centrarse en lo próximo y, así, poder disfrutarlo.

- No forzar.

Al introducir las prácticas es muy importante no forzar a los niños. Si no están interesados, obligarles será contraproducente. Lo ideal es dejar estar e ir introduciendo ejercicios a medida que despierten su interés por ellos.

- Caminar con atención.

Andar es uno de los ejercicios más relajantes que hay y, en esta época, se puede aprovechar el tiempo extra para hacer más desplazamientos a pie. El consejo consiste en centrar la atención en la respiración y en las sensaciones físicas, como el contacto del pie con el suelo de cada paso.

- Hacer diez respiraciones conscientes.

Si surgen situaciones de estrés o nerviosismo ante las que se puede necesitar parar, lo más conveniente es acudir a un lugar tranquilo o apartado, cerrar los ojos y realizar diez inspiraciones y exhalaciones, con la atención en acompañar la respiración. Se trata de observar y seguir el ritmo natural de la respiración, sin interferir.

- Hacer un 'stop'.

Es recomendable buscar algún momento al día para detenerse, respirar, prestar atención a los pensamientos y a lo que siente el cuerpo. Lo ideal sería buscar un lugar tranquilo, si es posible y, una vez allí, hacer varias respiraciones conscientes. Con esta iniciativa, se puede desconectar de las preocupaciones y regresar al presente.