El abuso de drogas aumenta la violencia de género y el consumo de alcohol entre mujeres

Maltrato
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Publicado 09/03/2018 16:26:44CET

MADRID, 9 Mar. (EUROPA PRESS) -

Se estima que alrededor del 20 por ciento de los hombres que participan en programas de intervención para reducir el consumo de drogas y que conviven con sus parejas, cometieron alguna agresión contra ellas durante el año antes de iniciar del tratamiento, según la nueva 2017-2024 del Plan Nacional sobre Drogas (PNSD).

Así los datos, presentados por el delegado del Gobierno, Francisco de Asís Babín, en las XLV Jornadas Nacionales de Socidrogalcohol en Toledo, han mostrado que las mujeres que han sufrido la violencia de su pareja tienen casi el doble de posibilidades de padecer problemas con el alcohol, así como que la violencia sexual ejercida contra ellas puede a su vez también incrementar su consumo de alcohol.

Todo ello muestra que "la mujer, por tanto, sufre doblemente como víctima el consumo excesivo de alcohol", en dos sentidos, ha añadido el delegado para el PNSD: por un lado, en relación con la violencia ejercida sobre ella por la pareja que consume alcohol de forma nociva y, por otro, padeciendo ella misma problemas de consumo nocivo como consecuencia de esa violencia.

De acuerdo con ello, la nueva estrategia dicta que "en relación a la perspectiva de género, es fundamental mejorar la incorporación efectiva de las necesidades específicas de la mujer a todos los programas de prevención y atención. En este sentido, es importante integrar la violencia de género como un elemento más en el abordaje de las adicciones".

Babín ha explicado que el único consumo de drogas en el que la prevalencia en mujeres es mayor que en hombres, es en el consumo de hipnosedantes; un tipo de consumo oculto ligado al desconocimiento "que es visto como normal".

CANNABIS Y OPIOIDES: RUPTURA SOCIAL

Sin embargo, el consumo de drogas no solo afecta al ámbito del género, sino también al social; sobre todo la adicción al cannabis y opioides.

El hachís o la marihuana puede causar síntomas psiquiátricos desagradables y angustiantes, junto con un estado de inseguridad, desconfianza, suspicacia, recelo e incluso sentirse observado o perseguido. En tales situaciones, la persona puede pasar a la contra-ofensiva y hostigar o agredir a aquella o aquellas personas por las cuales se siente perseguido.

Otras personas presentan síntomas de angustia, fobia social, depresión e ideación suicida. Todas estas sensaciones son muy desagradables y pueden persistir incluso tras haber abandonado el consumo de cannabis.

La evidencia científica relaciona el consumo continuado de cannabis con diversos trastornos mentales, tales como un episodio psicótico, que cursa con percepciones alucinatorias e ideas delirantes persecutorias.

El consumo de esta droga puede precipitar y adelantar en el tiempo el inicio de uno de los trastornos psicóticos "más graves", como es la esquizofrenia. También puede empeorar su curso evolutivo, interferir en su recuperación y aumentar la probabilidad de recaídas, dado que todavía no existe ningún otro "procedimiento eficaz" para prevenir la esquizofrenia, evitar el consumo de cannabis sigue siendo la única estrategia efectiva para no desarrollar una esquizofrenia.

Pero, tras un proceso de selección de las cepas que producen una marihuana de mayor potencia, los cultivadores de cannabis consiguen productos que son más adictivos y, al mismo tiempo también, más psicotizantes.

Por todo ello, el estigma de la persona con trastorno adictivo dificulta que la persona con esta enfermedad común acceda a tratamiento por la vergüenza o el miedo a ser etiquetado.

Así "lejos de lo que socialmente se cree", el consumo de cannabis tiene también esas repercusiones sociales. La marihuana o hachís, que genéricamente denominamos como 'Canabis' es, entre las drogas ilegales, la que tiene un mayor consumo.

España se considera como uno de los mayores consumidores, puesto que el inicio de su consumo se sitúa en torno a los 16 a 17 años de edad, en grupos reducidos de jóvenes. Algunos tienen la expectativa de un efecto euforizante y desinhibidor, pero otros buscan un efecto tranquilizante, "apaciguador" o bien para "evadirse" de una realidad que les resulta abrumadora.

"Sin embargo, como todas las drogas, tiene efectos de rebote. Es decir, que cuando finaliza el efecto buscado se produce un empeoramiento de los síntomas que la persona pretendía aliviar, tales como ansiedad, insomnio, pérdida del apetito y hostilidad", ha matizado el vicepresidente de Socidrogalcohol, Josep Guardia Serecigni.

Otra sustancia que en la actualidad preocupa a los profesionales de las adicciones es el aumento del consumo de medicamentos analgésicos opioides, medicamentos que alivian el dolor.

Estos reducen la intensidad de las señales de dolor que llegan al cerebro y afectan las áreas que controlan las emociones, lo que disminuye los efectos de un estímulo doloroso. Los riesgos del uso de analgésicos opioides recetados incluyen dependencia y adicción.

El abuso de estos medicamentos en EE.UU ha llevado a catalogarlo como "una epidemia nacional", puesto que han producido adicción y sobredosis en muchas personas y ha hecho que se incremente también el consumo de heroína, según el director clínico de la División de Farmacoterapias y Consecuencias Médicas del Abuso de Drogas del National Institute on Drug Abuse (NIDA) en Bethesda, EEUU, Iván Montoya.

UN TERCIO DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA HA CONSUMIDO DROGAS

La situación económica, el desempleo y la precariedad, la trayectoria vital interrumpida en muchos jóvenes por la situación de crisis; el aumento de hogares unipersonales y la soledad, las dificultades para la conciliación de la vida laboral y familiar, son factores que pueden contribuir a un consumo abusivo de sustancias y a otras conductas con potencial adictivo, como el abuso de las nuevas tecnologías.

A ellos se les une la desestructuración familiar y el aumento de hogares monoparentales; la mayor presión al consumo en adolescentes y el fomento de la búsqueda de satisfacción y las respuestas inmediatas.

"En este sentido, hay que señalar que se ha observado un aumento de la prescripción de medicamentos con potencial adictivo (benzodiacepinas e hipnosedantes)", ha explicado Babín.

En cuanto a la demanda de drogas, el consumo de drogas ilegales en España sigue siendo una de las amenazas más persistentes; "un tercio de la población española ha consumido alguna droga ilegal en su vida", según ha recordado basándose en la 'Encuesta EDADES 2015-2016', aunque ha señalado que el mayor consumo sigue siendo el de sustancias legales como es el alcohol.