Actualizado 26/05/2020 15:06:47 +00:00 CET

El 30% de los niños y adolescentes padecen síntomas estrés postraumático por la cuarentena

Niño triste, estrés y depresión, agotamiento con juguetes esparcidos alrededor.
Niño triste, estrés y depresión, agotamiento con juguetes esparcidos alrededor. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / NADEZHDA1906 - Archivo

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MADRID, 26 May. (EUROPA PRESS) -

Un 30 por ciento de los niños y adolescentes aislados o en cuarentena como consecuencia de la pandemia de Covid-19, la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus, podrían presentan síntomas de estrés postraumático y el 85 por ciento de ellos tienen padres también con dicha sintomatología.

Así se ha puesto de manifiesto durante el 'webinar' 'Duelo y Trauma en la Infancia y Adolescencia en los Tiempos de COVID- 19', el primero de una serie de encuentros organizados por la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA), con el patrocinio de la biofarmacéutica Takeda.

"Nos estamos enfrentando a una situación sin precedentes, una pandemia que no permite a los niños y adolescentes visitar a sus seres queridos o participar de los rituales de despedida y que les impide acudir a la escuela o salir a la calle a realizar actividades de ocio, pero que mantiene las conexiones digitales que posibilitan el acceso a la información", ha comentado la médico psiquiatra del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y portavoz de AEPNYA, Abigail Huertas Patón.

A su juicio, existe una "necesidad urgente" de disminuir grietas en el sistema de salud mental para enfrentarse a este desafío "sin precedentes" y evitar que esta situación "tan estresante" alcance niveles traumáticos en los pacientes.

Dicho esto, la experta ha aseverado que el pediatra o el médico de Atención Primaria están en un lugar privilegiado por su accesibilidad, proximidad y conocimiento previo de la familia, si bien ha lamentado que la mayoría se sienten "inseguros" en la detección y el manejo de los problemas de salud mental de los niños y adolescentes, por lo que ha destacado la importancia de prestarles asesoramiento y apoyo.

COLECTIVOS VULNERABLES

Uno de los colectivos más vulnerables ante las situaciones derivadas de la pandemia por Covid-19 son los niños con autismo y discapacidad intelectual, un grupo de pacientes que presenta una alta dependencia de los adultos de su entorno, de los recursos de salud mental y también de los médicos y educadores sociales.

"El confinamiento ha supuesto una ruptura inmediata y dramática con las rutinas de estos niños y sus familias provocando realidades hace unos meses impensables, como la disminución o incluso eliminación de los recursos de salud mental, el difícil acceso a la atención médica para las frecuentes patologías asociadas, la brusca cesación de las escuelas de educación especial o de los programas integrados en escuelas ordinarias o la supresión de los recursos de respiro y apoyo social", ha explicado la doctora.

Los niños y adolescentes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) son otro de los grupos que más pueden acusar las consecuencias de la cuarentena, los cuales pueden presentar mayor riesgo de desbordamiento conductual, desorganización y abuso de nuevas tecnologías, de difícil manejo familiar en situación de confinamiento.

"Las dificultades atencionales y motivacionales pueden suponer un gran desafío en el seguimiento de la enseñanza a distancia. Asimismo, especialmente los adolescentes con mayores niveles de impulsividad y conductas de búsqueda de riesgo pueden requerir especial atención en aras a mejorar su bienestar emocional y conductual. En ocasiones, esta población presenta además problemas de adherencia terapéutica, que a su vez podría suponer falta de cumplimiento de las medidas preventivas del COVID-19, incrementando los riesgos sobre su salud", ha subrayado Huertas.

Finalmente, durante el encuentro se ha evidenciado que un 30 por ciento de los niños y adolescentes que recibía atención psiquiátrica antes de la cuarentena han presentado mejoría coincidiendo con el confinamiento. "Es posible que estuviesen sometidos a elevadas exigencias ambientales y que el tiempo compartido con sus progenitores les esté ayudando. También creemos que los sentimientos de miedo, ansiedad y preocupación, así como de tristeza ante la pérdida de un ser querido, no tienen por qué ser causa de complicaciones si el entorno social de los niños y adolescentes es sensible a sus necesidades", ha zanjado la doctora.

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