Siete falsos mitos de la reproducción asistida

Mujer embarazada
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Actualizado 02/11/2018 14:15:04 CET

MADRID, 2 Nov. (EUROPA PRESS) -

Cuarenta años después del primer nacimiento alcanzado mediante la fecundación in vitro (FIV), hoy existen múltiples técnicas derivadas de esta que, bajo la denominación de 'reproducción asistida', se utilizan para solucionar problemas de fertilidad masculina y femenina. A pesar de su potencial, existen "numerosos falsos mitos sobre su utilización", según MAR&Gen.

El primero de ellos es que la presencia de un ciclo menstrual espontáneo es una prueba de ovulación. Sin embargo, los estrógenos producidos por los folículos ováricos estimulan el crecimiento del endometrio incluso si ninguno de estos llega a ovular.

En la ausencia de la ovulación no se producen progestágenos y el endometrio no sería capaz de acoger un embrión, pero esto no impide que el endometrio se canse bajo el efecto prolongado de los estrógenos y los evacúe mediante una menstruación cómo si fuera un ciclo natural completo.

Estos ciclos anovulatorios suelen ser algo menos regulares que los ciclos ovulatorios, pero incluso la presencia de ciclos menstruales más o menos normales no son una prueba de la ovulación, ya que son consecuencia de la secreción de hormonas por parte de los ovarios.

En las mujeres menopáusicas, por ejemplo, no hay ni crecimiento de un folículo dominante, ni secreción coordinada de los estrógenos y los progestágenos, por lo cual el endometrio no crece y el ciclo menstrual desaparece, a menos que se utilicen terapias hormonales sustitutivas para sostenerlo.

El segundo de los mitos sería la creencia de que la calidad de los óvulos puede predecir por valores hormonales en la sangre. Diferentes trabajos de investigación para desarrollar métodos de evaluación de la calidad de óvulos mediante una biopsia líquida están en marcha. Sin embargo, estas técnicas no están aun disponibles en la rutina.

En tercer lugar estarían los fracasos de implantación embrionaria y abortos espontáneos, que no siempre están causados por una baja calidad de los óvulos, tal y como se tiende a creer, pese a que esto es lo más frecuente.

Este error puede llevar a la recomendación precipitada de la donación de óvulos a las mujeres con fracasos repetidos de implantación o abortos espontáneos previos. Sin embargo, si el problema principal no está en los óvulos, la tentativa de donación llevará también a un fracaso.

A parte los factores atribuibles a los óvulos, los fracasos de la reproducción asistida y abortos espontáneos pueden ser causados por una fragmentación del ADN de los espermatozoides, anomalías del revestimiento interno del útero, anomalías endocrinas de la mujer, incompatibilidades inmunológicos, anomalías de la coagulación sanguínea, anomalías del metabolismo de las hormonas esteroides o infecciones del tracto genital masculino o femenino.

En caso de FIV no es preferible alargar el cultivo durante cinco días para mejorar los embriones, puesto que su permanencia en el medio de cultivo no aumenta su vitalidad, "más bien al contrario", según la clínica. De la misma forma, el diagnóstico genético preimplantacional de anomalías cromosómicas no reduce la probabilidad de aborto espontáneo.

En el sexto lugar se posiciona lo relativo a los síntomas de premenopausia y las posibilidades que quedan en esta situación. Aunque la donación de óvulos suele ser más eficaz en mujeres con premenopausia, una tentativa de reproducción asistida con sus propios óvulos puede resultar en embarazo también para estas mujeres.

Además, la probabilidad de éxito de la reproducción asistida utilizando los óvulos propios de las mujeres con premenopausia se puede predecir, caso por caso, con una relativa alta precisión. La decisión final tiene que ser tomada por cada pareja, según sus
preferencias personales, y después de recibir una información exhaustiva por parte del
médico.

En último lugar, está la creencia de que si los testículos no producen espermatozoides, no hay más remedio que acudir a la donación de esperma. La técnica de fecundación ROSI (round spermatid injection), que consiste en la inyección en los óvulos de espermátidas redondas, el estadio de desarrollo inmediatamente precedente el de los espermatozoides, es una opción viable y disponible desde 1995.

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