Peligros tanto para la madre, como para el bebé, de la diabetes gestacional

Publicado 11/04/2019 8:26:42CET
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   MADRID, 11 Abr. (EDIZIONES) -

   Un 6 por ciento de las embarazadas padecen diabetes gestacional, según datos de la Sociedad Española de Obstetricia y Ginecología (SEGO). Se trata de una situación que se desarrolla durante el embarazo en la que los niveles de azúcar (glucosa) en la sangre se elevan, y exceden de los valores normales.

   Además, es una situación potencialmente peligrosa para la madre y para el feto, por lo que es necesario un adecuado diagnóstico y tratamiento de la misma. Generalmente una dieta y ejercicio adecuados es suficiente para controlar los niveles sanguíneos de glucosa.

   ¿Por qué tiene lugar? El organismo materno no es capaz de producir suficiente insulina, una hormona que se produce en el páncreas, glándula situada detrás del estómago, que se encarga de que la glucosa que circula en la sangre pase a las células para producir energía. "La falta de insulina produce un aumento de los niveles de azúcar en la sangre de la madre", explica la SEGO.

   Durante el embarazo, según añade, la placenta produce hormonas que bloquean el efecto de la insulina. "Es importante reconocer y tratar esta situación para reducir el riesgo de complicaciones en el bebé", remarca la sociedad científica.

   En una entrevista con Infosalus, la doctora María Teresa Martínez Bermejo, ginecóloga del Hospital Universitario del Henares, en Coslada (Madrid) indica que esta patología se detecta mediante pruebas sanguíneas "de búsqueda", que se realizan a todas las embarazadas en torno a la semana 26 de gestación y, en algunos casos, en el primer trimestre (cuando existen factores de riesgo para desarrollar diabetes). Se conocen como los 'Test de O'Sullivan'.

   En un primer momento, se realiza una primera extracción de sangre para determinar los valores basales de glucosa, y después se administra una bebida con 50 gramos de glucosa, obteniendo una nueva muestra de sangre una hora después, subraya la SEGO en este sentido. Es lo que se conoce como la 'prueba o curva corta del azúcar'.

   No obstante, en aquellas mujeres con valores elevados de glucosa (por encima de 140 mg/dl) es preciso realizarles otra segunda prueba, otro día diferente, que consiste en administrar 100 gramos de glucosa, realizando determinaciones de azúcar en la sangre, a la hora, a las dos horas, y a las tres horas, después de su ingestión; la conocida como 'curva larga'. "Se considera que la prueba es positiva y, por tanto, se diagnostica diabetes gestacional cuando dos valores resultan elevados", añade.

   Sobre si hay factores genéticos detrás, la doctora Martínez Bermejo destaca que el tener familiares de primer grado con diabetes mellitus es un factor de riesgo. "Sí existe una cierta predisposición familiar para desarrollar diabetes, pero los hábitos de vida (como por ejemplo los que conllevan padecer obesidad) también influyen en el desarrollo", añade.

   En concreto, resalta que se ha visto un incremento considerable de la misma en los últimos años, al haber aumentado la incidencia de obesidad en las mujeres jóvenes, y retrasarse la edad de los embarazos (edad por encima de 35 años es un factor de riesgo para desarrollarla).

   A su vez, la ginecóloga del Hospital Universitario del Henares advierte de que, si se tiene en un primer embarazo, estadísticamente está calculado que 30 mujeres de cada 100 pueden desarrollar una nueva diabetes gestacional en caso de un nuevo embarazo.

   Sobre el tratamiento, la experta señala que hay que conseguir un buen control metabólico de la glucosa. En principio, este control se puede iniciar con una dieta saludable y equilibrada y con ejercicio y, si no se consigue, habría que introducir insulina.

PELIGROS PARA LA MADRE Y EL BEBÉ

   Desde la SEGO señalan que tiene riesgos para la madre y el bebé, ya que aumenta el riesgo de tener la tensión arterial elevada y el parto prematuro. También puede producir un crecimiento inadecuado y exagerado (macrosomía) en el feto, lo que dificultará su paso por el canal del parto, incrementando el riesgo de traumatismos obstétricos (fracturas de huesos o lesiones nerviosas).

   A su vez, la Sociedad Española de Obstetricia y Ginecología alerta de que la madre puede sufrir más lesiones y desgarros e la pelvis, aumentándose la probabilidad de requerir una cesárea en el parto. Si el azúcar está elevado en la madre, el bebé puede desarrollar alteraciones en el control de sus niveles sanguíneos después del parto, teniendo bajadas de azúcar o hipoglucemias potencialmente peligrosas.

   "La mujer con diabetes tiene más posibilidad de desarrollar tensión arterial alta y preeclampsia (que es una grave complicación que puede amenazar la vida de la madre y del bebé). También tiene más riesgo de desarrollar diabetes gestacional en un siguiente embarazo y diabetes mellitus tipo 2 en el futuro", subraya la experta del Hospital Universitario del Henares.

   Mientras, apunta que los peligros que conlleva para el bebé esta patología radican en que puede tener un peso elevado al nacer (con lo que será más difícil su paso por el canal de parto, con más incidencia de cesáreas y de complicaciones secundarias), presentará un mayor riesgo de prematuridad al tener, a veces, que finalizarse antes de tiempo el embarazo.

   Las hipoglucemias al nacer, por el exceso de insulina que ellos mismos producen al haber tenido un paso elevado de glucosa desde la sangre materna, o tener un mayor riesgo de sufrir obesidad y diabetes tipo 2 en el futuro, son otros de los peligros, según menciona.

   A pesar de todo ello, la doctora Martínez Bermejo asegura que, una vez se ha dado a luz, generalmente la diabetes gestacional se resuelve, pero las mujeres que la han sufrido tienen mayor riesgo de desarrollarla en un nuevo embarazo, y de padecer diabetes mellitus tipo 2 en un futuro. "Está demostrado que la diabetes tipo 2 se puede prevenir siguiendo una alimentación saludable (evitando la obesidad) y haciendo ejercicio físico de manera regular (mínimo 150 minutos a la semana)", concluye.