Publicado 23/04/2021 18:35CET

Los bajos niveles de yodo en embarazadas, riesgo para el desarrollo intelectual del feto

Archivo - Antojos de sal (sodio) en el cerebro
Archivo - Antojos de sal (sodio) en el cerebro - CALTECH - Archivo

MADRID, 23 Abr. (EUROPA PRESS) -

Un pequeño estudio piloto realizado por la Universidad del Sur de Australia en el que se comparan los niveles de yodo de 31 participantes vegetarianos y 26 omnívoros ha evidenciado el posible riesgo para la salud de los fetos de mujeres embarazadas.

En su trabajo, publicado en la revista 'International Journal of Environmental Research and Public Health', las muestras de orina mostraron lecturas de yodo de 44 ug/L en el grupo basado en plantas, en comparación con el nivel de 64 ug/L de los consumidores de carne. Ninguno de los dos grupos se acercó a los 100 gramos por litro recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los participantes de ambos grupos que eligieron sal rosa o del Himalaya en lugar de sal yodada tenían niveles de yodo muy deficientes, con una media de 23 ug/L. Aunque el estudio se llevó a cabo en el sur de Australia, se basa en un estudio estadounidense de 2017 que descubrió que casi dos mil millones de personas en todo el mundo tenían una deficiencia de yodo, lo que provocó que 50 millones experimentaran efectos clínicos secundarios.

Una de las autoras del estudio, Jane Whitbread, explica que el yodo adecuado es esencial para el desarrollo intelectual del feto. "Se ha demostrado que la carencia de yodo, de leve a moderada, afecta al desarrollo del lenguaje, la memoria y la velocidad de procesamiento mental. Durante el embarazo, la necesidad de yodo aumenta y se recomienda un suplemento de 150mcg antes de la concepción y durante todo el embarazo. Por desgracia, la mayoría de las mujeres no toman suplementos de yodo antes de concebir. Es importante consumir una cantidad adecuada de yodo, especialmente durante los años reproductivos", apunta.

Las fuentes dietéticas de yodo incluyen el pan fortificado, la sal yodada, los mariscos, incluidas las algas, los huevos y los productos lácteos. La preocupación por la relación entre un estado deficiente de yodo y el deterioro de las condiciones neurológicas de los recién nacidos hizo que en 2009 se fortificara obligatoriamente el pan no orgánico con sal yodada en Australia.

Desde entonces se ha informado de que las mujeres que consumen 100 g de pan enriquecido con yodo cada día (aproximadamente tres piezas) tienen cinco veces más posibilidades de satisfacer su ingesta de yodo en comparación con las mujeres que no consumen esa cantidad. La cantidad media de pan que consumían las mujeres en este estudio era de una pieza.

La creciente preferencia por la sal del Himalaya frente a la sal de mesa yodada también puede ser problemática, según la doctora Whitbread. Una cuarta parte de las mujeres del estudio declaró utilizar la sal rosa, que contiene un nivel insignificante de yodo.

Otro problema es que las leches de origen vegetal tienen niveles bajos de yodo y actualmente no están fortificadas con este nutriente. Ninguno de los dos grupos alcanzó el requerimiento medio estimado de calcio.

El grupo vegano/vegetariano tampoco alcanzó los niveles recomendados de selenio y B12 sin suplementos, pero su ingesta dietética de hierro, magnesio, vitamina C, folato y fibra fue mayor que la de los consumidores de carne. Esto refleja la inclusión en su dieta de productos de soja ricos en hierro, alimentos integrales, legumbres y verduras de hoja verde.

Los investigadores recomendaron que tanto las nuevas sales como las leches vegetales se enriquezcan con yodo, así como una campaña de concienciación sobre la importancia del yodo en la dieta, especialmente para las mujeres en edad reproductiva.

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