Publicado 30/12/2020 08:29CET

¿Qué produce una respuesta inmune más fuerte: Una infección natural o una vacuna?

Frenar al coronavirus.
Frenar al coronavirus. - BORCHEE/ISTOCK - Archivo

   MADRID, 30 Dic. (EUROPA PRESS) -

   Habrá muchas personas que hayan superado la COVID-19 en estos meses y se pregunten si deben recibir la vacuna que ya se está inoculando en España. No han desarrollado anticuerpos o no saben si todavía los tienen. También hay enfermedades sobre las que no se nos ponen vacuna y otras que sí.

   ¿Por regla general adquirimos inmunidad frente a una infección? Para poder comprenderlo, el doctor Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología y jefe de Servicio de Inmunología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander explica a Infosalus que el sistema inmunitario de una persona infectada combate al microorganismo con dos tipos de respuesta, que solemos separar por razones de claridad en la explicación, pero que funcionan casi simultáneamente.

   "En primer lugar se activa la respuesta inmunitaria 'innata o natural'. En un número elevado de casos, sobre todo asintomáticos, es posible que sea suficiente con esta respuesta, que es la primera línea de combate no especializada frente a cualquier agresión a nuestro organismo", detalla.

   Ahora bien, si con esto no es suficiente, el experto dice que es posible que se induzca la respuesta inmunitaria adaptativa, "la respuesta especializada y sofisticada", que genera anticuerpos y células T específicas frente al coronavirus SARS-CoV-2. "El que se induzca un nivel de respuesta dependerá del individuo y del tipo de infección que haya sufrido", aprecia.

   En general, el presidente de la Sociedad Española de Inmunología subraya que cuanto más afectación clínica induzca la infección habrá una mayor respuesta inmunitaria especializada, a la vez que se generará una inmunidad específica protectora frente a nuevas exposiciones. "Por regla general, ante una infección inducimos siempre una inmunidad frente al microorganismo generador de la infección. La diferencia radica en la duración de esa inmunidad", advierte eso sí el doctor López Hoyos.

   Así, señala que la inmunidad representa "la cualidad de resistir a enfermedades", una resistencia que se genera porque se induce una respuesta inmunitaria que confiere memoria a nuestro organismo, de modo que ante un nuevo encuentro con el microorganismo, como es el caso del coronavirus SARS CoV-2, se acuerda de él y le combate "muy eficazmente" porque ha generado esa inmunidad previa específica frente al virus en este caso.

¿MEJOR CON VACUNAS?

   Entonces, ¿la inmunidad es mejor adquirirla con vacunas o bien de forma natural tras superar una infección? Por que habrá personas que hayan sufrido la enfermedad y dudarán de si deben vacunarse frente a la COVID-19.

   El doctor López Hoyos remarca en este sentido que la adquisición de inmunidad siempre es preferible obtenerla a través de vacunas. Entre otros puntos argumenta que los efectos adversos de una vacuna suelen ser menores, con malestar, fiebre, dolor, eritema y, en ocasiones muy raras, alguna reacción alérgica. "Suelen ser a corto plazo y sabemos que no tienen riesgo mortal. En cambio, las infecciones en más de una ocasión pueden ocasionar el fallecimiento de quien la padece, como ocurre en el caso actual de la COVID-19. La duda no puede existir en ningún caso, siempre es preferible inmunizarse mediante vacunación", destaca el experto.

   Sobre si es igual la respuesta inmunitaria tras pasar el virus o será mejor la de las vacunas, el presidente de la SEI sostiene también que la memoria inmunológica o inmunidad que se induce parece ser muy parecida en ambos casos: "Incluso es posible que con el empleo de ciertos adyuvantes y diseños de vacunas, en algún caso se podría conseguir una mayor protección con la vacuna".

   Por su parte, y en entrevista con Infosalus, Ángela Domínguez, coordinadora del Grupo sobre Vacunaciones de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Barcelona mantiene que, en la actualidad, no se puede responder con precisión acerca de si la inmunidad es mejor a través de la vacuna, o tras superar la enfermedad, en el caso de la COVID-19, una enfermedad todavía en estudio.

   "No tenemos una respuesta precisa a esta pregunta. Algunos datos disponibles sugieren que la infección natural produce una inmunidad de corta duración, mientras que con la vacunación la inmunidad sería de mayor duración", agrega la también investigadora del Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP).

CÓMO FUNCIONAN LAS VACUNAS

   Con todo ello, cabe recordar cómo funcionan las vacunas, cómo generan esa inmunidad, y desde la OMS indican que estas inyecciones son las encargadas de poner en marcha las defensas naturales del organismo, de forma que reducen el riesgo de contraer enfermedades.

    "Actúan desencadenando una respuesta de nuestro sistema inmunitario, que reconoce al microbio invasor (por ejemplo, un virus o una bacteria); genera anticuerpos, que son proteínas que nuestro sistema inmunitario produce naturalmente para luchar contra las enfermedades; recuerda la enfermedad y el modo de combatirla. Si, en el futuro, nos vemos expuestos al microbio contra el que protege la vacuna, nuestro sistema inmunitario podrá destruirlo rápidamente antes de que empecemos a sentirnos mal", enumera.

   En definitiva, la institución sanitaria internacional celebra que las vacunas son una forma "ingeniosa e inocua" de inducir una respuesta inmunitaria sin causar enfermedades. "Nuestro sistema inmunitario está diseñado para recordar. Tras la administración de una o más dosis de una vacuna contra una enfermedad concreta, quedamos protegidos contra ella, normalmente durante años, décadas o incluso para toda la vida. Por eso las vacunas son tan eficaces: En vez de tratar una enfermedad cuando ésta aparece, evitan que nos enfermemos", resalta la OMS.

   Asimismo, subraya que cuando una persona se vacuna contra una enfermedad, su riesgo de infección también se reduce, por lo que es mucho menos probable que la transmita a otras personas. "Cuantas más personas de una comunidad se vacunen, menos personas permanecerán vulnerables, y de ese modo se reducirán las probabilidades de transmisión del agente patógeno entre personas. La reducción de las probabilidades de circulación de un agente patógeno en la comunidad protege a quienes no se pueden vacunar debido a trastornos graves de salud distintos de la enfermedad contra la que protege la vacuna. Eso se llama 'inmunidad colectiva'", añade.

   Ésta se consigue, añade, cuando un alto porcentaje de la población está vacunada, lo que dificulta la propagación de enfermedades infecciosas, dado que no hay muchas personas que se puedan contagiar. "Ahora bien, la inmunidad colectiva solo se logra si la mayoría de las personas se vacunan", apostilla.