Analgesia y dolor, ¿por qué es tan importante frenarlo cuanto antes?

Paciente y médico en la consulta, dolor
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Publicado 12/01/2019 7:59:42CET

   MADRID, 12 Ene. (EDIZIONES) -

   El dolor es la causa más frecuente de consulta médica. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés) lo define como “una experiencia sensitiva y emocional desagradable, asociada a un daño real o potencial en un tejido, o descrito en términos de dicho daño”.

   La percepción del dolor se realiza a partir de un sistema neuronal sensitivo (nocioceptores) y de unas vías nerviosas aferentes (sensitivas) que responden a unos estímulos. Esa percepción del dolor, además, puede estar influida por otros factores, como por ejemplo los psicológicos.

   Así pues, la Fundación Grünenthal recuerda que el dolor agudo forma parte de un sistema protector del organismo. “Actúa como una señal de alarma ante un daño presente o inminente. En este sentido, el dolor desempeña una importante función para preservar o restaurar la integridad física. No obstante, en ocasiones también se puede experimentar dolor en ausencia de un daño tisular (de un tejido del organismo), e incluso, su intensidad puede no ser proporcional con el daño original”, advierte.

    Desde la Sociedad Española de Dolor (SED), la doctora Concha Pérez explica en una entrevista con Infosalus que por ejemplo cuando nos cortamos o nos quemamos un dedo, desde el extremo de los dedos de la mano se produce un impulso nervioso hasta el cerebro, encargado de alertarnos de que algo está sucediendo. “El dolor como tal es un mecanismo de alerta. Avisa de que algo no funciona bien”, precisa.

   Según explica, lo mismo sucedería por ejemplo si nos aparece un dolor fuerte en la tripa. “Ese dolor va desde donde se produce, en este caso en la zona del abdomen, y llega a la espalda. De ahí va a la médula espinal, y desde ésta al tálamo, donde nuevamente hay una conexión que lleva el dolor hasta la corteza cerebral. Hasta que no llega a la corteza un estímulo sensitivo, éste no se hace consciente. Además, incluso antes de llegar el dolor a la corteza y hacerse consciente, nuestro organismo pondrá en marcha una serie de mecanismos que modularán lo que sentimos y nos protegerán”, indica la especialista en dolor.

CUÁNDO UN DOLOR ES ALARMANTE

   La también jefa de la Unidad de Dolor del Hospital Universitario de La Princesa (Madrid) explica que es muy importante descartar cuándo un dolor es alarmante de cuando no lo es. “Hay dolores que no implican a priori un peligro para la persona, por ejemplo el dolor de la regla o el de una cefalea leve, y que sólo cuando son desproporcionados o constantes deben alertarnos y preocuparnos. Eso no quiere decir que no deban de ser tratados ambos con el tratamiento que te haya prescrito tu médico”, subraya.

   En este punto, la doctora Pérez señala que cuando hay intensidades altas de dolor muchas veces para poder controlarlo necesitaremos fármacos mucho más potentes, en dosis más altas, o incluso varios de ellos. Sin embargo, puntualiza que cuando el dolor es tratado precozmente es más fácil mitigarlo.

   “En el dolor crónico además, ese estímulo de dolor se va a mantener constante y va a producirse sinapsis desde el tálamo a diferentes regiones cerebrales implicadas en las emociones como el hipotálamo, o la amígdala, por ejemplo, y va a añadirse a ese dolor una sensación de angustia, de ansiedad y de depresión. También favorecerá que ese dolor se perpetúe en el tiempo. Por eso, el dolor hay que tratarlo precozmente antes de que se vuelva crónico”, destaca la miembro de la SED.

   Hasta hace pocos años, cuando se iba al médico porque dolía la tripa y se sospechaba de apendicitis, según cuenta Pérez, nadie trataba de ese dolor de abdomen agudo que se desconoce muy bien por qué tiene lugar. “Hoy en día se sabe que cuando tienes dolor agudo en el abdomen, aunque se desconozca su origen, mientras se llega al diagnóstico se empieza el tratamiento analgésico, ya que se ha visto que es beneficioso para el paciente. Evidentemente, esto no excluye que se trate la causa que lo origina cuando se descubra”, añade.

   Así, insiste en que el dolor hay que tratarlo desde el primer momento porque la repercusión es tremenda. “El dolor agudo produce una liberación de hormonas de estrés, aumenta la frecuencia cardíaca, puede producir hipertensión arterial, y otras muchas cosas concomitantes que hay que evitar. Además, es importante que el paciente consulte con su médico sobre sus dudas en torno al dolor agudo y crónico y que se valoren las causas subyacentes que produce el dolor y se traten si es posible”, resalta la jefa de la Unidad de Dolor del Hospital Universitario de La Princesa.