Actualizado 01/02/2012 19:50:57 +00:00 CET

Una reducida sensibilidad a la insulina, ligada a un menor tamaño cerebral y peor capacidad de habla en mayores

Mayores en el centro de Mazarrón
Foto: IGNACIO RUIZ MARTINEZ

MADRID, 2 Feb. (EUROPA PRESS) -

  Investigadores de la Uppsala University, en Suecia, han demostrado que una reducida sensibilidad a la insulina está vinculada a un menor tamaño cerebral y a unas capacidades del habla deteriorada en mayores. Este hallazgo, publicado en 'Diabetes Care', respaldaría que prácticas que mejoran la sensibilidad a la insulina, como el ejercicio, como estrategia contra el envejecimiento cognitivo.

   La principal función hormonal de la insulina es ayudar a la captación y uso de la glucosa en los músculos y el tejido graso. Sin embargo, en un artículo anterior, publicado recientemente en 'Molecular Neurobiology', el investigador Christian Benedict, del Departamento de Neurociencia de la Uppsala University, ha demostrado que, cuando la insulina llega al cerebro, aumenta la función cerebral en humanos.

   Como la capacidad de la insulina para estimular el metabolismo de la glucosa generalmente se reduce con la edad, puede que también afecte la tasa de envejecimiento cognitivo por envejecimiento en los mayores.

   En el nuevo estudio, Benedict, junto con otros científicos de su universidad, de Reino Unido y de Estados Unidos, ha estudiado de forma sistemática a 331 hombres y mujeres de unos 75 años.

   Los investigadores analizaron si la sensibilidad a la insulina está vinculada a la salud cerebral. Para ello, midieron la estructura cerebral de cada participante empleando tomografía de resonancia magnética (MRT) y sus capacidades de habla se probaron pidiéndoles que nombrasen a tantos animales como les fuera posible en un minuto, la denominada fluidez verbal.

   "Hemos descubierto que, en los mayores que mantenían la sensibilidad a la insulina alta, los cerebros eran mayores y tenían más materia gris en regiones importantes para la capacidad del lenguaje, en comparación con aquellos que tenían una menor sensibilidad ante la insulina", señala.

   "También hemos observado que la mayor sensibilidad ante la insulina está asociada con mejores puntuaciones en los test de lenguaje. Nuestros descubrimientos ofrecen una posible explicación de por qué los métodos que mejoran la sensibilidad a la insulina, como el ejercicio, suponen una prometedora estrategia para contrarrestar el envejecimiento cognitivo al final de la vida", concluye.