La contaminación del aire y acústica aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular

Actualizado 21/05/2013 12:45:47 CET
EUROPA PRESS

MADRID, 21 May. (EUROPA PRESS) -

Tanto la contaminación atmosférica de partículas finas como la contaminación acústica pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular, según concluyen investigadores alemanes que han llevado a cabo un gran estudio poblacional, en el que ambos factores se consideraron al mismo tiempo y que presentarán en la Conferencia Internacional de la Sociedad Americana del Tórax, que se celebra en Filadelfia (Estados Unidos).

"Muchos estudios han analizado la contaminación del aire, mientras que otros han estudiado la contaminación acústica --dijo la líder del estudio, Barbara Hoffmann, profesora de Epidemiología Ambiental en el Instituto UITA Leibniz de Investigación de Medicina Ambiental, en Alemania--. Este estudio se centró en las dos al mismo tiempo y encontró que cada forma de contaminación se asoció de forma independiente con la aterosclerosis subclínica".

"Este estudio es importante porque se dice que tanto la contaminación del aire como la contaminación acústica constituyen importantes problemas de salud", resaltó el doctor Philip Harber, profesor de Salud Pública en la Universidad de Arizona (Estados Unidos), que no participó en la investigación.

"En el pasado, algunos estudios de contaminación del aire han sido descartados porque decían que era probable que la contaminación acústica causara el daño y viceversa. Ahora sabemos que las personas que viven cerca de autopistas, por ejemplo, están siendo perjudicadas por la contaminación del aire y por la contaminación acústica", agrega.

Utilizando los datos del estudio Nixdorf Recall Heinz, un estudio poblacional en curso de tres ciudades vecinas en la región alemana de Ruhr, Hoffmann y sus colegas evaluaron la exposición a largo plazo a las partículas finas con un diámetro aerodinámico <2,5 micras (PM 2,5) y la exposición prolongada al ruido del tráfico en 4.238 participantes en el estudio (con una edad media de60 años y un 49,9 por ciento de varones).

La exposición a los contaminantes del aire se calculó utilizando la 'EURopea Disperson sobre contaminación del aire o el modelo 'EURAD' mientras la exposición al ruido del tráfico se evaluó utilizando modelos de los niveles de ruido del tráfico exterior de la Unión Europea, que se cuantificaron como exposición media de 24 horas ponderada (Lden) y exposición nocturna (Lnight).

Para determinar la asociación entre las dos variables de riesgo cardiovascular, los investigadores analizaron la calcificación de la aorta torácica (TAC, en sus siglas en inglés), una medida de la aterosclerosis subclínica. TAC se cuantificó usando tomografía computarizada por haz de electrones sin contraste y mediante regresión lineal múltiple, los investigadores controlaron otros factores de riesgo cardiovascular (edad, género, educación, desempleo, consumo de tabaco, historia y exposición al humo ambiental del tabaco, actividad física, consumo de alcohol e índice de masa corporal).

Después de controlar por estas variables, los científicos encontraron que la contaminación atmosférica de partículas finas se asoció con un aumento de un 19,9 por ciento en la carga de TAC por 2,4 microgramos/m3. Para poner este aumento en perspectiva, los autores señalan que la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos ha revisado recientemente el límite global a la baja desde 15 a 12 microgramos/m3.

Los investigadores también encontraron que la contaminación del ruido del tráfico nocturno aumentó la carga de TAC en un 8 por ciento por 5 dB. (Un salón promedio tendría típicamente un nivel de ruido de unos 40 decibelios con ponderación, o decibelios (A), una expresión de la intensidad relativa de los sonidos percibidos por el oído humano, mientras que el tráfico por carretera ocupada generaría cerca de 70-80 decibelios (A). La media de exposición al ruido del tráfico más de 24 horas no se asoció con un aumento de TAC.

Entre los subgrupos de los participantes, los investigadores hallaron asociaciones más fuertes: la interacción de las PM 2,5 y la TAC fue más clara entre los individuos menores de 65 años, con enfermedad coronaria prevalente y los que tomaban estatinas, mientras el efecto de Lnight fue más fuerte en los participantes que no eran obesos, no tenía la enfermedad arterial coronaria y no tomaban estatinas.

Aunque el diseño transversal del estudio limita la interpretación causal de los datos, el doctor Hoffmann cree que "las exposiciones parecen ser importantes y ambas deben ser consideradas". Este investigador adelantó que su grupo de investigación tiene previsto llevar a cabo un análisis longitudinal de medidas de TAC repetidas en el tiempo.