Publicado 30/11/2020 12:52CET

El ayuno intermitente aumenta el riesgo de sufrir trastornos alimentarios

Tiempo para comer y el concepto de la dieta. Ayuno.
Tiempo para comer y el concepto de la dieta. Ayuno. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / IAROSLAV DANYLCHENKO PH

MADRID, 30 Nov. (EUROPA PRESS) -

La psicóloga de la Unidad de TCA en Instituto Centta, Adriana Esteban, ha avisado de que el ayuno intermitente aumenta el riesgo de sufrir un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), una grave patología de la salud mental que se manifiesta mediante síntomas y obsesiones relacionados con la comida y la imagen corporal.

Se estima que el 5 por ciento de personas entre 12 y 21 años padecen trastornos de la conducta alimentaria en España, según datos de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) previos a la crisis sanitaria generada por el coronavirus.

Con estos datos, y con motivo del Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria, la experta ha recordado que la lucha de las personas afectadas por estos trastornos de la alimentación es diaria, al igual que para sus familiares y, cómo no, para los profesionales de este ámbito tanto en psicología como en medicina o nutrición.

"El principal desencadenante de un TCA es el comienzo de una dieta restrictiva con una motivación estética. Esto unido a otros factores como baja autoestima, perfeccionismo, inseguridad, baja tolerancia a la frustración o impulsividad genera el caldo de cultivo apropiado para que se manifieste la patología", ha argumentado, para señalar que en la práctica clínica se puede apreciar cómo esta estrategia nutricional del ayuno intermitente puede ser un potencial desencadenante de algunos TCA.

Las razones que pueden llevar a una persona que hace ayuno a desarrollar un TCA pasan por la dificultad para sostener el ayuno, y el posterior "atracón" derivado de la misma; y sostener el ayuno demasiado tiempo, ya que puede provocar una insatisfacción permanente que no puede solucionar ni comiendo ni dejando de comer, siendo ésta última la opción más cómoda ante la posibilidad de engordar y verse peor si cabe.

"En cualquiera de los casos el ayuno se convierte en un gran enemigo porque existe una falta de gestión emocional (más típica en bulimia) y/o una rigidez excesiva (más típica en anorexia) que hacen difícil salir de este círculo vicioso. Esta forma de alimentarse tiene el riesgo de convertirse en un patrón de funcionamiento que produce falsos beneficios a corto plazo y muchísimo sufrimiento a largo plazo", ha aseverado Esteban.

El primer paso para decidir si hacer o no ayuno intermitente tiene que ver con preguntarse para qué. "Muchos cometemos el error de asociar los cambios físicos con un aumento en seguridad personal. Cuidar el cuerpo es maravilloso, pero cambiar por fuera con el objetivo de sentirse bien por dentro no lo es tanto", ha añadido la experta.

NO SUPONE UNA MAYOR PÉRDIDA DE PESO

Por su parte, la nutricionista Mireia Elías ha avisado de que el ayuno intermitente "no ha demostrado" que suponga una mayor pérdida de peso. "Además, cuando se compara esta práctica con otros regímenes de restricción calórica, tampoco se observa que sea mejor o más eficaz", ha detallado.

Algunos de los síntomas de un TCA son una rigidez cognitiva extrema en la estructura del plan de ayuno puede llevar a la búsqueda de sensaciones extremas de vacío, ampliando cada vez más los tiempos de restricción; obsesiones por la comida producidas por la fisiología del organismo, que activa el mecanismo de supervivencia cuyo mensaje es "busca comida"; y obsesiones por el cuerpo al percibir cambios físicos que potencian la necesidad de continuar hacia conductas cada vez más autodestructivas.

Otros signos pasan por cambios de humor debido a la autonegligencia de las propias necesidades básicas, que con el tiempo se vuelven más intensas y aparecen en un mayor número de contextos; y deterioro del área social y /o familiar, donde empiezan a surgir conflictos de mayor intensidad.

"Por estas razones, el ayuno no está recomendado para personas con inseguridad y baja autoestima, insatisfacción corporal, obsesión por el peso y la figura, rechazo hacia el propio cuerpo y/o miedo a engordar, principalmente. Lo ideal es que la alteración del comportamiento alimentario, propia del ayuno intermitente, sea supervisada por un profesional, nutricionista o psicólogo, para evitar que se convierta en un mal hábito y derive en un TCA, cuyo pronóstico es, en muchos casos, peor que el de la obesidad", ha zanjado Esteban.

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