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La revolución del envejecimiento: cómo retrasar el reloj biológico

Envejecer, vivir, reloj de arena
GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / LIGHTFIELDSTUDIOS
Publicado 24/10/2017 8:29:39CET

   MADRID, 24 Oct. (EDIZIONES) -

   Recientemente se ha publicado que los españoles tienen una esperanza de vida 10 años mayor que la media de la población mundial. Además, en ambos sexos, la esperanza de vida se sitúa entre los cinco primeros puestos a nivel mundial. El caso es que a lo largo de las ultimas décadas se ha generado una esperanza de vida mayor, en gran parte debida al desarrollo de una medicina de precisión y personalizada, que ha permitido la detección temprana de enfermedades, y con ello su mejor corrección.

   "El escenario ha cambiado y es un hecho incontestable", subraya en una entrevista con Europa Press el catedrático de Medicina Interna y presidente de la Fundación Fernández-Cruz, el doctor Arturo Fernández-Cruz. De hecho, el experto destaca que la persona más longeva del mundo vive en un pueblo de Badajoz, Bienvenida, y se llama Francisco Núñez Olivera, de 112 años.

   Asimismo, indica que, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, la esperanza de vida se situaba en 2010 en 84,7 años para la mujer, y en 81,9 años para el hombre, mientras que en 2016 ha ascendido a 87,6 en la mujer, y en el hombre a 81. "Nos encontramos en uno de los escenarios en los que envejecer se va retrasando de forma progresiva a la muerte. Un hecho incontestable es que la edad es un factor de riesgo de enfermedades, y enfermamos porque envejecemos. Por eso es importante también abordar las enfermedades crónicas que se asocian con el envejecimiento", sostiene.

   En concreto, el experto explica que las principales enfermedades asociadas al envejecimiento son: la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y el Alzheimer. ¿Cómo prevenirlas? Según precisa, se ha demostrado que una de cada tres enfermedades degenerativas puede prevenirse siguiendo un estilo de vida saludable (dieta, ejercicio, evitar tóxicos y estrés).

ÚLTIMOS AVANCES CONTRA EL ENVEJECIMIENTO

   En este sentido, Fernández-Cruz ensalza la labor desarrollada por el especialista en cáncer y catedrático en el área de Bioquímica y Biología Molecular de la facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, Carlos López Otín, quien ha mantenido una investigación progresiva sobre los síndromes que aceleran el envejecimiento y la muerte prematura.

   "En sus trabajos señala que el trastorno genético se debe a que por la mutación de las bases que constituyen el alfabeto del gen se produce una sustancia que se llama 'prelamina A' o 'progerina' que se deposita en el núcleo. Esa alteración es la que hace que se produzca un trastorno en la mecánica de la energía y la aceleración de las actividades metabólicas, por ejemplo, en el envejecimiento prematuro que padecen los pacientes de progeria o de síndrome de Hutchinson-Gilford o el de Werner", señala.

   También cita los progresos realizados por la premio Nobel de Medicina en 2009, la bioquímica australiana Elisabeth Blackburn, por sus investigaciones sobre los telómeros, los extremos de los cromosomas o genes, que son claves para proteger el ADN y que éste no se dañe. En concreto, concluye que a medida que los telómeros se acortan, bien por el propio proceso de envejecimiento de la persona o por estrés, se da lugar a la degradación celular; una investigación que favorecerá el conocimiento de nuevas terapias contra el cáncer o que servirá para conocer los procesos de regeneración celular.

   "Las personas no están familiarizadas con que al día hay más de 10.000 lesiones en el ADN/por célula que se producen de forma espontánea , o en relación con nuestro procesos de supervivencia. Eso sí, existen otros genes para reparar el ADN", sostiene Fernández-Cruz.

   En opinión del catedrático de Medicina Interna, lo más revolucionario que se ha avanzado en el campo contra el envejecimiento lo ha logrado el científico español Juan Carlos Izpusúa en 2016, al demostrar que se pueden modificar los genes, sobre todo en la etapa embrionaria. "Han sido capaces de modificar las mutaciones de los genes en la etapa embrionaria en humanos, en enfermedades, por ejemplo, como la miocardiopatía hipertrófica, responsable de la 'muerte súbita en el hombre', un hecho que alberga la esperanza de la desaparición de enfermedades congénitas como el Síndrome de Down, o las enfermedades llamada raras, agrega.

   Asimismo, cita sus investigaciones que han permitido rejuvenecer animales. "La base teórica dice que usamos nuestro mecanismo biológico y con el uso, lo gastamos y los estropeamos, como en los coches. Es en los talleres donde se cambian sus piezas y se 'rejuvenece' el automóvil. Nosotros con el envejecimiento dañamos al ADN. La cantidad de células que cambiamos a lo largo del año es brutal. Se conoce como factores epigenéticos, descubiertos por el japonés Yamanaka, sobre los que Izpisúa ha trabajado, y ha demostrado que si se trabaja sobre ellos como cirujano del ADN se pueden rejuvenecer las células", indica.

   Es más, indica que este investigador español piensa que células madre no son el camino contra el envejecimiento, sino que la meta es hacer retroceder a la célula adulta, que no tiene capacidad de regeneración, salvo si se la lleva a un estadio previo a ser célula madre (célula progenitora) de forma que ahí tenga capacidad de poder restaurarse y de resetearse para hacerse más joven. "Es el concepto de reprogramar las células. Actuando sobre estos factores epigenéticos a través del corte y pega genético. En el animal se ha conseguido retroceder hasta 25 años y en estos se revierte el proceso de envejecimiento. Es uno de los hechos más apasionantes del momento actual", precisa el presidente de la Fundación Fernández-Cruz.

   Con ello, el especialista concluye que, entendiendo que los genes son inestables, y trabajando para que no se produzca en ellos el caos y tengan lugar las mutaciones anormales, es vital manteniendo unos estilos de vida saludables, realizando ejercicio físico regular, siguiendo la dieta mediterránea o japonesa, o evitando el estrés, el tabaco, la radiación, o la polución.

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