¿Por qué mi hijo empieza a beber alcohol?

Adolescente alcohol
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Actualizado 06/12/2016 7:25:41 CET

   MADRID, 6 Dic. (EUROPA PRESS) -

   En los últimos meses han sido noticia varios menores de edad por haber sido ingresados en estado grave por consumo de alcohol, entre ellos la niña de 12 años que murió en octubre en San Martín de la Vega (Madrid), lo que ha servido para sensibilizar a la población sobre un problema que no es nuevo.

   De hecho, la última encuesta escolar del Plan Nacional sobre Drogas de 2014 revelaba que hasta el 78 por ciento de los jóvenes de 14 a 18 años han probado el alcohol (el 68% en los últimos 30 días) pero, la de 1994, mostraba porcentajes incluso superiores (84 y 75 por ciento respectivamente). Además, desde 1997 la edad media de inicio en el consumo se mantiene en los 16 años, décima arriba décima abajo, lo que significa que gran parte de los adolescentes empieza incluso antes a beber.

   La clave, el temido pero 'respetado' botellón, al que incluso algunas ciudades han dado una sede oficial, los llamados botellódromos, cuyos asistentes son cada vez más precoces. Pero, ¿qué les lleva a participar en ellos? ¿el sabor de la bebida, sus efectos o la sociabilización que conllevan?

   "Los adolescentes ven en el alcohol un billete en primera clase a la desinhibición, a la osadía, a la distensión; en suma a la libertad sin barreras, lo cual constituye toda una fascinante tentación", aclara la directora del centro de terapias grupales Coaching Club, que admite que muchos padres se preguntan con perplejidad por qué sus hijos repiten una conducta que, quién sabe, igual ellos ya tuvieron de adolescentes o un poco más talluditos.

   La diferencia es que los adultos, aunque no todos, suelen tener la capacidad suficiente para manejar el consumo aplicando una mesura y un autocontrol que los menores no tienen, ya que a esas edades uno tiene la sensación de invulnerabilidad, impunidad y hasta omnisciencia.

MUCHOS ADULTOS, UN 'EMPUJÓN' A BEBER PARA LOS JÓVENES

   Además, Rodríguez Orellana reconoce que muchos adultos no logran evitar que los jóvenes se autodestruyan bebiendo porque creen que enfrentar de cara y con contundencia la situación estableciendo unas normas claras y rotundas equivale a adoctrinar, por lo que se retraen para no ser vistos como unos "carcas".

   Otros no saben tratar con los menores cuando estos empiezan a hacerse mayores (tal vez porque tampoco encontraron para sí mismos las respuestas que los adolescentes están buscando o quizás porque son tan diferentes a como ellos eran a su edad que la desubicación les impide ponerse en su lugar) e incluso los hay que no se ven modelo a seguir para sus hijos, toda vez que también ellos se exceden en la bebida y favorecen que los menores testigos presenciales de tal actuación.

   De hecho, hay cierto paralelismo en la queja generalizada de muchos padres sobre los escasos hábitos lectores de sus hijos cuando estos jamás los verán con un libro en la mano.

   Como todas las drogas, el alcohol tiene un efecto diverso y variable sobre la personalidad y no solo sobre el organismo. Hay quien se pone eufórico, hay quien se marea, hay quien siente mucho sueño, hay quien se pone divertido y se acerca a la persona que le gusta; también hay quien, por contra, se pone agresivo y se pelea hasta con los amigos a los que más quiere.

   "La sensación más inmediata y perceptible es la de la desinhibición: convierte en livianas situaciones previamente complicadas de afrontar y sociabiliza en grado extremo al bebedor", según esta experta.

   Además, podemos pensar que hay razones circunstanciales inmanejables, pero también es cierto y probable que los adolescentes que no saben cuidarse son, por lo general, los que no están siendo bien queridos, no sienten el contacto, la cercanía, la intimidad con adultos comprensivos y maduros.

"Los niños que corren más peligros son, en consecuencia, los que no tienen adultos emotivamente cercanos que los ayuden a entenderse y a entender el mundo siempre complejo con el que los humanos tenemos que enfrentarnos", explica Rodríguez Orellana.

NUNCA ES TARDE PARA SENSIBILIZAR A LOS JÓVENES

   Por ello, y además de las restricciones de venta, esta experta también ve preciso incrementar los controles estrictos en discotecas o centros recreativos de juegos, así como saber sensibilizar de los riesgos que puede conllevar el consumo, sobre todo a esas edades:

   - Entender por qué el efecto del alcohol es tan perseguido (no simplificar este punto, que es clave, en una niebla moral falta de realidad).

- Facilitar información realista acerca de los peligros, es decir, enseñar a beber por si llegara a producirse la incitación: no mezcles, no conduzcas, toma mucho agua, para a tiempo, negarse no es de persona débil, sino todo lo contrario.

   - Ayudarlos a mejorar el control respecto de sus acciones: colaborar y participar en su proceso de maduración, tratando no solo el tema del alcohol sino las todas y cada una de las cuestiones que les preocupan

   - Fomentar el desarrollo de su sentido de la responsabilidad mediante una toma de conciencia de sus verdaderos deseos y necesidades, porque la insistencia en el deber y, sobre todo, hacerlo de una manera injustificada y autoritaria nunca resultó un procedimiento ni efectivo ni eficaz.