LOS HOSTILES, PESIMISTAS Y TÍMIDOS TIENEN PEOR PRONÓSTICO

Tener mal carácter es malo para el corazón

Pelea, discusión, pareja
FLICKR/ULISSE ALBIATI/CC BY-SA 2.0
Actualizado 19/02/2016 12:02:56 CET

   MADRID, 19 Feb. (EUROPA PRESS) -

   Las personas con mal carácter o que presentan una actitud hostil, así como aquellas que se caracterizan por presentar siempre una sensación continua de desconfianza, enojo o rabia, y que tienen tendencia a mantener relaciones agresivas e inadaptadas, presentan un riesgo más elevado de desarrolllar enfermedades cardiovasculares, según ha informado la Sociedad Española de Hipertensión-Lida Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA).

   Esta mayor propensión a sufrir afecciones relacionadas con el corazón también se da en las personas con tendencia a experimentar emociones negativas y a inhibirse en la relación con los demás, especialmente si ya padecen una enfermedad cardiovascular, ha asegurado la organización médica.

   Otros aspectos psicosociales también incrementan el riesgo de padecer estas enfermedades y contribuyen a su empeoramiento una vez que se sufren, como son el estatus socioeconómico bajo, carecer de apoyo social o sufrir estrés, depresión o ansiedad. La Sociedad Española de Hipertensión los identifica como obstáculos para el seguimiento de los tratamientos y para mejorar el estilo de vida.

   El presidente de SEH-LELHA, Julián Segura, ha llamado la atención sobre el hecho de que en la mayoría de los casos estos factores de naturaleza psicosocial no se dan por separado, sino que se agrupan en los mismos individuos. "Las personas con un estatus socioeconómico bajo o estrés crónico son también más propensos a la depresión, la hostilidad y el aislamiento social", ha asegurado.

ESTILO DE VIDA SALUDABLE

   En opinión del experto, los hábitos de vida también influyen en esto. "Las personas con más riesgo por los factores antes mencionados son las que presentan un estilo de vida menos saludable (consumo de tabaco, alimentación poco equilibrada y menor ejercicio físico) y una peor adherencia a las recomendaciones sobre los cambios en el estilo de vida", ha añadido el doctor Segura.

   "La prescripción de hábitos de vida saludable debe ser la piedra angular de los tratamientos en pacientes con riesgo de sufrir patologías cardiovasculares. Tener una rutina saludable puede prevenir y retrasar de forma segura la aparición de hipertensión en pacientes no hipertensos y la necesidad de seguir un tratamiento farmacológico en pacientes con hipertensión de grado 1. Además, contribuye a reducir el número y la dosis de fármacos en pacientes hipertensos en tratamiento farmacológico", ha explicado el doctor Segura.

RECOMENDACIONES

   Según SEH-LELHA, hay una serie de medidas para tener un estilo de vida saludable que han demostrado su capacidad para reducir la presión arterial. Entre ellas está la disminución del consumo de sal; el incremento de frutas, verduras y alimentos bajos en grasa y ricos en ácidos grasos insaturados; la reducción y el control del peso; la actividad física regular, el abandono del tabaco y del alcohol, y en el caso de que se beba, hacerlo de manera moderada y eligiendo bebidas fermentadas como el vino o la cerveza.

   Respecto a las dietas, la organización recomienda "huir de auqellas generalizadas que cuantifican el consumo de calorías, y seguir las recomendaciones personalizadas cobre hábitos nutricionales que puede facilitar el personal sanitario. También se puede realizar un diario de comidas que incluya el sitio donde se come, los menús, horarios, si se está de viaje, etc.

   Por otra parte, para incrementar el nivel de actividad física que se realiza, SEH-LELHA aconseja caminar, ya que no es obligatorio correr o practicar un deporte para conseguir los efectos beneficiosos del ejercicio.

   En este catálogo de recomendaciones también incluye la práctica de hobbies que requieran un cierto esfuerzo, como la fotografía o tener una mascota a la que haya que sacar de paseo, incorporar en la rutina el subir y bajar escaleras en lugar de utilizar los ascensores, o la utilización de podómetros o algún otro dispositivo tecnológico que contabilice el número de pasos que se dan al día para chequear el logro de los objetivos propuestos, ya que por ejemplo, si damos más de 10.000 pasos al día, dejaremos de ser sedentarios.

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