La quinta enfermedad o 'síndrome de la bofetada': así es el megaloeritema

Bebé sorprendido, sorpresa
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Actualizado 25/08/2018 10:29:28 CET

   MADRID, 25 Ago. (EDIZIONES) -

   El megaloeritema o eritema infeccioso, también llamado 'quinta enfermedad', es una patología infecciosa, benigna pero contagiosa, que está producida por un virus --el parvovirus B19--, que puede reconocerse en los niños por las ronchas rojas en la cara y sarpullido por todo el cuerpo.

   La Asociación Española de Pediatría (AEP) sostiene que esta infección afecta con más frecuencia a los niños en edad preescolar o escolar durante la primavera, aunque dice que pueden existir casos en cualquier época del año. “Alrededor del 50% de los adultos han pasado la infección por este virus, pero la mayoría de ellos no lo recuerdan”, advierte.

   En este sentido, el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona informa de que también se conoce como ‘la enfermedad de la bofetada’ porque en personas sanas la enfermedad se caracteriza inicialmente porque produce un sarpullido por todo el cuerpo, de un rojo muy intenso en la cara, además de fiebre, síntomas catarrales leves, malestar general y dolor de músculos y de articulaciones.

    “Al cabo de pocos días de los síntomas catarrales aparece una erupción de color rojo intenso en la piel que comienza en las mejillas y produce en el niño el aspecto de haber recibido una bofetada (aspecto de ‘niño abofeteado’). Posteriormente se extiende al resto del cuerpo, donde las manchas suelen ser de un color más tenue. Con el paso del tiempo, las manchas se van aclarando en su zona central, lo que da a la erupción un aspecto de ‘encaje’”, señala.

   Además, avisa de que esta erupción puede agudizarse con el calor ambiental, con el ejercicio físico o con la exposición al sol, a la vez que indica que como complicaciones, ocasionalmente puede producir inflamación de articulaciones (muñecas, rodillas y tobillos) o anemia.

CÓMO SE CONTAGIA

   Mientras, la AEP precisa que una persona infectada por parvovirus es más contagiosa durante el período de incubación (oscila entre 4 y 28 días, con un promedio de 16 a 17 días) o durante el período catarral.

   “El contagio se produce por contacto con secreciones infectadas procedentes de la nariz, la boca o la garganta, especialmente las gotitas que se expelen al toser y estornudar. También puede haber contagio por compartir vasos y cubiertos. La probabilidad de infectarse tras un contacto con esta enfermedad es de un 50%. Una vez infectado por el parvovirus B19, el individuo se hace inmune al mismo y, por lo general, no vuelve a tener esta enfermedad”, añade.

   El diagnóstico es clínico por las características de la erupción cutánea y generalmente las pruebas de laboratorio no son necesarias, aunque en situaciones especiales se podría recurrir al estudio de anticuerpos sanguíneos frente al virus.

   Sobre el tratamiento, indica que en la gran mayoría de los casos se trata de una afección tan leve que no requiere de tratamiento, especialmente porque los niños se recuperan rápidamente y sin complicaciones.

   Una de las cuestiones que más inquietan a los padres es si podrán llevar a sus niños a la guardería. Desde la AEP son rotundos al afirmar que cuando están en la fase de erupción, que es cuando se puede reconocer la enfermedad, ya no son contagiosos, por lo que sostiene que “no es necesario tomar ninguna medida de aislamiento y el niño puede hacer vida normal, incluida la asistencia a clase”.

   Sobre cómo evitar contagios, lamenta que por el momento no hay ninguna vacuna contra el parvovirus B19 y ninguna forma de prevenir la propagación del virus. “Aislar a una persona que presenta el exantema característico de esta enfermedad no permite evitar el contagio porque, generalmente, cuando aparece el exantema la persona ya ha dejado de ser contagiosa. Tener unos buenos hábitos higiénicos, sobre todo lavarse las manos con frecuencia, siempre es una buena idea, puesto que puede ayudar a evitar el contagio de muchas infecciones”, agrega.

INFECCIÓN POR PARVOVIRUS B19 EN PERSONAS DE RIESGO

   Finalmente, desde el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona llaman la atención sobre los colectivos de riesgo ante esta enfermedad. Según sugiere, dado que el virus tiene especial afinidad por las células precursoras de los glóbulos rojos de la sangre, en pacientes con anemia hemolítica crónica puede producir crisis de anemia.

   “En pacientes con inmunodeficiencias puede producir disminución de los niveles de glóbulos blancos en sangre de forma transitoria. Mientras, en el caso de que la infección se produzca en una mujer embarazada, el parvovirus B19 puede transmitirse al feto a través de la placenta y afectarlo de forma grave. Por eso, si bien es una enfermedad propia de la infancia, si existe sospecha de contagio en alguno de estos casos es importante un seguimiento estrecho por sus correspondientes especialistas”, advierte la institución.

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