La hormona del estrés puede rebajar los efectos de un hecho traumático

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GETTY// CATHY YEULET
Publicado 08/09/2017 14:47:07CET

BARCELONA, 8 Sep. (EUROPA PRESS) -

Investigadores del Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona (INc-UAB) han descubierto el motivo por el que la administración de la hormona del estrés, un glucocorticoide, pocas horas después de un estrés traumático puede rebajar la aparición de enfermedades psicológicas.

Era conocido, en el ámbito médico, que la aplicación de la hormona del estrés puede prevenir de la aparición de enfermedades psicológicas, una de las mayores paradojas de la medicina actual, ha manifestado el investigador de la UAB y líder del trabajo, Raül Andero.

El experto ha remarcado que el estudio "aporta luz a esta paradoja y descubre una manera" de prevención, de al menos enfermedades psicológicas, mediante la regulación del gen, la proteína fosfatasa 1 f (Ppm1f), ha informado la UAB en un comunicado.

El coautor de la investigación, Antonio Florido, ha apuntado que este descubrimiento "abre la puerta a aplicarla de una forma más amplia y al desarrollo de tratamientos específicamente dirigidos a regular las funciones del gen implicado".

La Ppm1f regula la actividad de la proteína 'Calcio calmodulina quinasa 2' (Camk2), fundamental para procesos del cuerpo como la memoria, las defensas inmunitarias y el corazón, que se altera después de exponerse a un estrés traumático y está relacionado con la aparición de depresiones y ansiedades.

Andero ha indicado que al descubrir está relación "se buscaron posibles tratamientos preventivos" que se basasen en reducir la expresión alterada de este gen y evitar las consecuencias negativas en el cerebro.

Así, al administrar la hormona del estrés en ratones, una hora después de un evento traumático, los resultados han mostrado una disminución de la aparición de síntomas de ansiedad y depresión, gracias a esta hormona que prevenía los cambios de expresión en el gen.

La investigación, hecha en colaboración con las universidades de Harvard y Emory de Estados Unidos, se ha publicado en la revista de neurociencia 'Biological Psychiatry'.

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