El diagnóstico es clave

Hacerse adulto con TDAH

Hacerse adulto con TDAH
Foto: GETTY
Actualizado 28/07/2014 9:46:01 CET

MADRID, 28 Jul. (infosalus/EP) -

   El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno neurobiológico crónico caracterizado por la dificultad para mantener la atención voluntaria en actividades, académicas y cotidianas, y una falta de control de impulsos.Se diagnostica en niños pero muchos de los adultos que hoy lo padecen no fueron diagnosticados y arrastran, por ello, graves secuelas.

   Según explica a Infosalus Sara Ortega, neuropsicóloga de la Fundación CADAH en Cantabria, las personas con TDAH nacen hiperactivas, impulsivas, inatentas, unas características que pueden o no generar un trastorno. "Hay casos en los que las manifestaciones no alteran el día a día y se trata de personas resolutivas y capaces de controlar estas alteraciones. En otros casos, la condición se convierte en crónica y patente", señala Ortega.

   Los niños con TDAH pueden seguir con síntomas a lo largo de la adolescencia o la vida adulta o el trastorno puede remitir e incluso no necesitar tratamiento. Si la persona a lo largo de su etapa infanto-juvenil aprende estrategias, en su vida adulta es capaz de convivir con el trastorno con las herramientas adecuadas.

   A nivel global, los datos de prevalencia son estables y similares entre culturas y países y señalan que el trastorno se presenta en 1 de cada 20 niños, de los que se cree que un 60% mantendrá el TDAH en la edad adulta. Es un trastorno que afecta más a los varones, así, de cada cuatro casos sólo 1 se diagnostica en el género femenino. Las estimaciones apuntan a un 4,4% de adultos afectados.

   En el colegio, la sintomatología se detecta cada vez más por los profesores. Los docentes están capacitados para evaluar, según la etapa de desarrollo, lo que está o no dentro de la variabilidad esperable en los niños y sus capacidades de adaptación y rendimiento académico.

   Diagnosticar TDAH en un adulto no es frecuente, dado que el trastorno se comenzó a identificar hace sólo unas décadas y la existencia en muchos casos de ansiedad, depresión o abuso de sustancias hacen difícil su diagnóstico como trastorno de base.

   "Al existir un componente hereditario, se dan casos en los que los padres advierten que padecían el trastorno al ser diagnosticados y tratados sus propios hijos", apunta la especialista de la institución cántabra especializada en el trastorno y su tratamiento.

   En los adultos diagnosticados, los síntomas pueden ser viejos conocidos y como tal los aceptan y controlan en su día a día, adaptan su vida a su condición y se acostumbran a ser más cuidadosos. Quienes no han recibido diagnóstico y no han seguido tratamiento tienen problemas de adaptación social, laboral y familiares.

   "Eran años en los que en España no existía el TDAH y ni el sistema sanitario ni los educadores estaban preparados para tratar a los menores. Estas personas se han adaptado a la fuerza o han tenido problemas económicos, familiares e historiales de depresión y ansiedad", explica Ortega.

PATRÓN DE CONDUCTA ESTABLE

   Aunque se podría pensar que el carácter complicado de estas personas es parte de su personalidad, no debe confundirse un temperamento con un trastorno. "Los adultos con TDHA tienen un patrón de conducta estable en el que los nervios, la irascibilidad o el comportamiento más reactivo puede encontrarse dentro del cuadro de síntomas comunes", explica Ortega. Un patrón de conducta que el estrés incrementa. El TDAH afecta a quienes lo padecen produciendo:

   * Una peor adaptación laboral: la falta de control de impulsos, los olvidos, la falta de concentración y de paciencia, carecen de habilidades organizativas, aceptan con dificultad la autoridad, son oposicionistas y la relación con los compañeros resulta complicada debido a sus limitadas habilidades sociales.

   * Impulsividad: que lleva a estas personas a comenzar o proponer proyectos de forma entusiasta pero que luego no concluyen. "Funcionan minuto a minuto y no son resolutivos, toman decisiones que luego no consuman", explica Ortega.

   * Incapacidad para valorar sus acciones: no son conscientes de las consecuencias y el impacto que tienen sus acciones en los demás. "No se aprecia en ellos mala intención detrás de lo que hacen y en ocasiones, si son conscientes, lo son cuando ya es demasiado tarde".

   * Trastornos asociados: son personas que han vivido dificultades en los estudios, con los amigos y en casa. "Toda esta mochila de fracasos y los problemas diarios hacen que se presenten depresión, ansiedad, abuso de sustancias y una afectación en la mayoría de las áreas de la vida".

   En niños y adolescentes el tratamiento es multimodal, se trabaja con las familias en el hogar a través de límites, normas y comunicación y en el centro escolar se supervisa el ámbito académico y la relación con los compañeros. La farmacoterapia se utiliza sólo en los casos en los que se considera necesaria. Se trabaja en el ámbito psicológico y psicopedagógico: conducta, autonomía y habilidades sociales.

   En los niños en el ámbito académico se trabaja en la autonomía para el estudio, organización, aprendizaje, autocontrol de los impulsos, resolución de problemas, aprender a hacer amigos y conservarlos y habilidades sociales de comunicación como saber escuchar, pedir las cosas por favor o dar las gracias. "Todo lo que no se adquiere en esta etapa se arrastra hasta la edad adulta", señala Ortega.

   Si se controlan los síntomas, la medicación deja de ser necesaria cuando los niños llegan a adultos aunque si la sintomatología de base es grave se recomienda seguir tomándola. Los adultos diagnosticados en la infancia pueden continuar sólo con la psicoterapia o bien no necesitar ningún tratamiento. "Se dan casos en los que la persona aprende a manejarse en su entorno y sólo si tiene algún problema acude a los especialistas".

   Cuando el trastorno se diagnostica en la edad adulta suelen existir problemáticas mixtas ligadas a la depresión y la ansiedad y por ello el tratamiento puede incluir antidepresivos, ansiolíticos y medicación específica para el TDAH. "Los fármacos se combinan con una terapia cognitivo-conductual que el adulto comienza de cero y que necesita ahondar en qué le sucede e implicar a su entorno", apunta Ortega.

   El TDAH se trata con metilfenidato, el fármaco de primera elección con el que no siempre se obtiene una buena respuesta, explica la especialista. El medicamento es un fármaco psicoestimulantes que controla la impulsividad, la labilidad emocional y estabiliza la conducta.

   "Aunque parezca paradójico dar a alguien nervioso un psicoestimulante, en realidad estos fármacos activan las áreas de la conducta que regulan la atención y los impulsos que en estas personas funcionan menos de lo habitual y de esta forma modifican la conducta", explica la especialista.

TÉCNICAS COGNITIVO-CONDUCTUALES

   En el tratamiento del TDAH en los adultos juegan un papel clave las terapias cognitivo-conductuales de autocontrol y el apoyo a quienes padecen el trastorno. Entre las cuestiones básicas que intervienen en la terapia se incluyen:

   * Identificar las situaciones críticas: aprender a reconocer las situaciones en las que es posible perder el control e identificarlas antes de se produzcan.

   * Evitar la exposición: una vez identificadas estas situaciones conflictivas se deben evitar para que no se presenten desajustes.

  * Autoconocimiento: porque no sólo consiste en identificar los primeros síntomas de estas situaciones sino también en desarrollar estrategias adaptadas a cada persona.

   * Establecer una red de apoyo: pareja, familiares o amigos a los que se pueda pedir ayuda y con quienes compartir los problemas, las dudas y los sentimientos relacionados con el trastorno.

   * Técnicas de 'coaching': entrenan autonomía, automotivación y habilidades sociales en un formato más dinámico.

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