¿Guardan relación el calor y el cambio de tiempo con el dolor crónico?

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Publicado 27/07/2018 8:44:43CET

   MADRID, 27 Jul. (EDIZIONES) -

   Muchas personas con dolores musculoesqueléticos continuos aseguran notar cuándo va a cambiar el tiempo, y especialmente se encuentran peor con las altas temperaturas del verano, ¿por qué sucede esto? ¿Realmente guardan relación la variabilidad del termómetro con el dolor crónico?

   En una entrevista con Infosalus, el doctor Carmelo Fernández García, jefe del servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid) subraya que no está tan clara esa relación por la que las personas notan el cambio del tiempo respecto a su dolor musculoesquelético.

   "La cultura popular ha establecido que existe una clara relación entre el frío, el calor, o los cambios de temperatura con el dolor de la artrosis de las rodillas, de la fibromialgia, o con otros dolores, si bien no está clara la evidencia científica que así lo determine", destaca el especialista.

   De hecho, indica que, según una encuesta, el 70% de pacientes con enfermedades como la artritis reumatoide, o la artrosis de rodilla consideran que cuando cambiaba el tiempo aumentaba su dolor, si bien "después se estudiaban los momentos en los que se producía ese aumento de dolor y no se tenía clara esa relación".

   Según reconoce el jefe de Rehabilitación del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, hay teorías que dicen que cuando llega un frente meteorológico a una determinada zona unos días antes llegan una serie de partículas que son percibidas por una serie de personas con sensibilidad a las mismas y por eso piensan que va a cambiar el clima. "Quizá esta sensibilidad y estas partículas puedan producir unos mecanismos que modulen su dolor. Pero no está claro", concluye el doctor Fernández.

   Es más, recuerda que otro estudio revelaba que cuando aumentan las temperaturas también lo hacen las búsquedas en Internet sobre dolores musculoesqueléticos, la existencia de una mayor relación entre las personas con más dolor por las altas temperaturas. No obstante, advierte de que también hay quien decía lo contrario, que podía tener lugar el dolor porque con el calor se daba una mayor inactividad y se tenía también más tiempo para buscar por Internet.

EL CALOR SÍ PUEDE AFECTAR

   A pesar de todo ello, el experto de la Fundación Jiménez Díaz reconoce que sí que es cierto que el calor puede afectar al dolor musculoesquelético ya que produce cansancio y apatía, aspectos que pueden afectar a la condición muscular y a las articulaciones.

    Por otro lado, apunta que en los momentos de mayor calor se pueden producir episodios de deshidratación y los músculos lo acusan. Además, recuerda que el calor siempre produce alteraciones del sueño, y no se descansa bien, lo que provoca que los moduladores cerebrales también se alteren y hagan que las mismas patologías duelan más. Por ello, insiste en que en las zonas donde más calor hace las personas con dolor crónico deben hidratarse más de lo normal e intentar descansar bien al máximo

   "No está claro que se pueda dar un consejo a los pacientes con dolor sobre qué clima les viene mejor. Como siempre los extremos se acusan en el cuerpo, pero parece que por los estudios antes mencionados, quizá es más perjudicial el calor que el frío en el dolor musculoesquelético", precisa el doctor Fernández.

   Por otro lado, el especialista de Rehabilitación recuerda que a la hora de tratamientos locales sucede lo mismo, es mejor la aplicación de frío en casos de dolor crónico y muscular. A su vez, indica que con el calor sí que suelen aumentar los dolores de cabeza, probablemente por la falta de sueño y por el aumento de temperatura corporal, que hace que se modulen peor los neurotransmisores que producen la cefalea.

   Finalmente, el doctor Fernández enumera los que, en su opinión, representan los 5 principales pilares a la hora de combatir el dolor musculoesquelético: la práctica de ejercicio regular aunque haga calor; cuidar las posturas; descansar; hidratarse; y huir de las temperaturas extremas. En este punto advierte de que hay que tener mucho cuidado con los aires acondicionados o de las corrientes de aire frío, responsables generalmente en verano de las contracturas cervicales.