Movimiento como vehículo de salud

Danza para las heridas del alma

Actualizado 07/10/2014 2:17:33 CET
Danza
Foto: FLICKR/KHATAWAT/CCBY

MADRID, 21 Feb. (Infosalus/EP) -

   La Danza en Movimiento Terapia tiene su origen en los años 40 en Estados Unidos cuando bailarinas profesionales comenzaron a colaborar con algunos hospitales psiquiátricos a través de sesiones terapéuticas con los pacientes. A inicios de este siglo, España comenzó a dar sus primeros pasos en esta disciplina.

   La Danza en Movimiento Terapia (DMT) es una de las modalidades de las terapias artístico-creativas entre las que también se encuentran Arteterapia, Dramaterapia y Musicoterapia. Según señala la Asociación Española de Danza en Movimiento (ADMT) en su web, consiste en el uso psicoterapéutico del movimiento dentro de un proceso que persigue la integración psicofísica (cuerpo-mente) del individuo y se caracteriza por el uso que hace del medio y de la danza y el movimiento para ayudar a solventar los conflictos emocionales o psicológicos de las personas.

   La terapia parte de la premisa de que todo movimiento corporal puede llevar a su vez a cambios en la 'psyche', promoviendo la salud y el crecimiento personal. En la actualidad existen 50 asociados a la ADMT, aunque cada año empiezan a formarse aproximadamente unas 40 personas entre un máster y un curso de posgrado que imparte la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y que en este año comenzaban su décima y octava edición respectivamente.

   En el sitio en Internet de la UAB las autoridades universitarias señalan que esta es una profesión de carácter interdisciplinario que se fundamenta en la unión de moción y emoción: "utiliza la teoría y método psicoterapéutico y se fundamenta en la investigación sobre la comunicación no-verbal, la psicología del desarrollo y los sistemas de análisis del movimiento".

   De esta terapia pueden beneficiarse adultos con trastornos mentales como adicciones, esquizofrenia, depresión, ansiedad y trastornos de la alimentación como la anorexia o la bulimia entre otros. En el caso de los niños se trabaja con trastornos del desarrollo, motricidad, aprendizaje, falta de concentración y/o atención, hiperactividad y autismo. Además, la DMT puede emplearse como medio de prevención y crecimiento personal para quienes buscan utilizar danza y movimiento como medio de expresión.

   Según explica a Infosalus Elena Dueso, una de las pioneras en DMT en España y profesora en el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), esta terapia sirve para acercarse a todo tipo de trastorno aunque es aconsejable la especialización, que en su caso se ha dirigido a niños de familias adoptivas y a personas afectadas por un duelo. Dueso, médico y con formación en baile, señala que los terapeutas de DMT deben tener un conocimiento profundo de su cuerpo y una gran formación en psicoterapia, conjugando así dos profesiones en una disciplina.

Análisis del movimiento

   Como punto de partida se realiza una entrevista personal en la que se valora la patología de la persona y si es posible o no emplear la DMT en su tratamiento. Para poner en marcha la terapia es necesario realizar un análisis del movimiento del paciente a través de técnicas específicas, en concreto, las desarrolladas por Rudolf von Laban y Judith Kestenberg.

   La experta explica a Infosalus algunos de los elementos que participan en este análisis del movimiento espontáneo del paciente:

1. Relación con el espacio de la sala. Se tienen en cuenta aspectos que se refieren a cómo el paciente entra en la sala, si se dirige de forma directa o indirecta al terapeuta o se pasea por la sala o si mira a su alrededor.

2. Relación con el psicoterapeuta. Se analiza si el paciente espera las preguntas o comienza a hablar de forma espontánea, la forma en la que se desarrolla la conversación.

3. Cómo improvisa en el espacio. La forma de actuar en el espacio puede ser estudiada en aspectos como si camina o no en la sala o si es un niño, si echa a correr o salta.

4. Cómo usa su espacio personal. Se refiere al espacio del paciente, lo que se denomina 'kinesfera', el área en la que se mueve el cuerpo y cómo el sujeto presta atención a ella. Se observa si la persona usa toda esta área propia, si mantiene posturas de encogimiento o bien se alarga hasta donde le permiten sus extremidades.

5. Flujo de movimiento. Se refiere a cómo realiza sus movimientos, si éstos son ligeros o bruscos, si denota tensión muscular o si le cuesta moverse.

6. Peso. Si el movimiento que realiza es fuerte, vigoroso y enérgico o liviano, delicado y sensible.

7. Análisis de los ritmos de movimiento. Se estudian los ritmos físicos de movimiento asociados al desarrollo humano. Entre ellos se encuentran el ritmo oral-succionar, correr sin rumbo, ritmo de iniciar-detener o de apretar-soltar.

   Como regla general Dueso indica que cada sesión consta de tres partes: charla inicial y calentamiento psicofísico; desarrollo del movimiento del paciente, donde se trabaja sobre el uso del espacio y las interacciones interpersonales; cierre de la sesión, en el que se hace un repaso de los aspectos físicos y espaciales del movimiento desarrollado y sus asociaciones emocionales o mentales.

   Dueso señala que cada sesión es única y distinta pues depende de cada paciente y el estado en el que llega a la terapia en un día concreto. Por ello, la sesión no se prepara de antemano y las reglas se aplican en función de la persona y momento, así, los materiales se eligen en función de aquello que se desea trabajar.

   La terapeuta explica que se emplean materiales como cuerdas, pelotas de distintos tamaños, pañuelos, telas o gomas elásticas. El tratamiento se fija en una o dos sesiones semanales durante un tiempo variable que se adapta a cada paciente.

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