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Asocian los traumas en la infancia a problemas de salud en adolescentes

Asperger, niño, autismo
GETTY//NATASA BLAGOJEVIC-STOKIC
Publicado 02/11/2017 8:04:40CET

   MADRID, 2 Nov. (EUROPA PRESS) -

   Las experiencias adversas en la infancia, como la muerte de un padre, crecer en la pobreza, el abuso físico o sexual, o tener un padre con una enfermedad psiquiátrica, se han asociado con problemas de salud física y mental más adelante en la vida. Una nueva investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, Estados Unidos, demuestra que las experiencias adversas múltiples en la primera infancia están relacionadas con depresión y problemas de salud física en niños de tan solo entre 9 y 15 años, e identificaron una potencial vía en el cerebro para explicar cómo estas experiencias estresantes influyen en la mala salud de los niños.

   Los investigadores encontraron que una estructura cerebral clave involucrada en la regulación de las emociones y la toma de decisiones es más pequeña en los niños que han vivido tres o más experiencias adversas antes de los 8 años frente a los niños cuyas vidas eran más estables. Los niños pequeños que se enfrentaron a múltiples experiencias adversas también tuvieron un 15 por ciento más de probabilidades de desarrollar depresión severa en sus años preadolescentes y adolescentes tempranos y un 25 por ciento más de probabilidades de tener problemas de salud física, como asma y trastornos gastrointestinales; por lo que estos niños eran más propensos a faltar a la escuela.

   "No esperábamos ver problemas de salud en niños tan pequeños --reconoce la investigadora principal y psiquiatra infantil de la Universidad de Washington Joan L. Luby--. Nuestros hallazgos demuestran cuán poderoso puede ser el entorno psicosocial. El cerebro de un niño no se desarrolla únicamente en base a su infraestructura genética. Está influenciado por el estrés de la pobreza, la violencia, la pérdida de un padre y otras experiencias adversas, que juntos pueden tener serias consecuencias de salud evidentes desde los años preadolescentes y adolescentes".

   El estudio, que se detalla en un artículo publicado este lunes en 'JAMA Pediatrics', involucró a 119 niños, que tenían entre 3 y 6 años cuando comenzó el proyecto. Los investigadores rastrearon experiencias adversas en la vida de los niños, que también incluyeron experiencias como desastres naturales, el arresto de un padre o tener un padre con una enfermedad grave que requirió hospitalización. Los niños en el estudio habían sufrido un promedio de más de cinco de estas experiencias antes de los 8 años.

CAMBIOS EN EL VOLUMEN DE UN ÁREA CEREBRAL

   Los investigadores también realizaron múltiples escáneres cerebrales MRI (imágenes de resonancia magnética) de estos niños cuando tenían entre 6 y 13 años. Los primeros escaneos, realizados cuando los niños alcanzaron la edad escolar, mostraron que la circunvolución frontal inferior era más pequeña en los niños que tenían experiencias más adversas y determinaron que la estructura parece ser parte de un camino a través del cual el estrés de las experiencias adversas de la infancia puede influir en la salud mental y física.

   "Las personas expuestas a la adversidad a temprana edad experimentan cambios en el volumen de la circunvolución frontal inferior que probablemente pueden hacer que los niños sean más vulnerables a problemas de comportamiento y mala toma de decisiones", plantea Luby, directora del Programa de Desarrollo Emocional Temprano de la Universidad de Washington. "Sospechamos que tales cambios están asociados con problemas como una dieta deficiente, conductas de riesgo y más peligrosas y, en general, no cuidarse muy bien, todo lo cual contribuye a peores resultados de salud mental y física", añade.

   Investigaciones previas han conectado las experiencias adversas de la infancia con problemas como el cáncer, las enfermedades cardiacas y las enfermedades mentales en las personas mayores, pero nadie había analizado si esas experiencias estresantes están relacionadas con problemas de salud en adolescentes. Y hasta ahora, los investigadores no habían podido explicar cómo tales experiencias podrían contribuir a la mala salud de estos niños.

   Los investigadores encontraron que cuando los niños tenían tres o más experiencias adversas, también presentaban volúmenes cerebrales más pequeños que, a su vez, se asociaron con puntuaciones más bajas en una escala que mide cómo de bien expresa un niño las emociones. La expresión emocional deficiente se ha asociado con depresión y peores resultados sociales y emocionales. Dichos niños también tenían más problemas de salud física. Los padres informaron que los niños que sufrieron más experiencias adversas tenían más probabilidades de desarrollar problemas de salud importantes que parecían afectar a la asistencia escolar.

   En investigaciones anteriores, Luby, también profesora de Psiquiatría, descubrió que los niños pueden ser resistentes y, con el respaldo parental, pueden superar factores estresantes individuales como la pobreza o la pérdida de un padre. Esta nueva investigación indica que cuando los niños acumulan múltiples factores estresantes, las experiencias se acumulan y causan problemas al principio de sus vidas, y los familiares y los médicos deben estar al tanto de la poderosa influencia de estos riesgos psicosociales para que los niños puedan obtener la ayuda que necesitan.

   Luby agrega que el estudio podría alterar la forma en que los doctores e investigadores piensan sobre el desarrollo de la enfermedad. "Sabemos que las toxinas en el ambiente pueden contribuir a la enfermedad, pero este estudio sugiere que los niños pueden experimentar problemas de salud física y mental por la exposición a 'toxinas' psicosociales también", afirma Lucy, que planea ahora junto a sus colegas continuar el seguimiento de la salud de estos niños a medida que crecen hasta la edad adulta.

   Mientras tanto, los investigadores también están comenzando un estudio multidisciplinario para seguir a las mujeres embarazadas y sus bebés para ver si los factores estresantes psicosociales y la adversidad experimentados durante el embarazo y los primeros tres años de la vida de un niño también afectan el desarrollo cerebral y la salud general.

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