Antes de echar la culpa a alguien, la mente simula las alternativas

Culpar, señalar, dedo
GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / CAMILOTORRES
Publicado 18/10/2017 8:43:37CET

   MADRID, 18 Oct. (EUROPA PRESS) -

   Algunos filósofos han sugerido que las personas determinan la responsabilidad de un resultado particular imaginando qué habría sucedido si una causa sospechada no hubiera intervenido. Se cree que este tipo de razonamiento, conocido como simulación contrafáctica, ocurre en muchas situaciones.

   Por ejemplo, los árbitros de fútbol que deciden si se debe indicar a un jugador como responsable de marcar un gol accidentalmente en propia puerta para el equipo contrario deben tratar de determinar qué habría sucedido si el jugador no hubiera tocado el balón. Este proceso puede ser consciente, como en el ejemplo del fútbol, o inconsciente, por lo que ni siquiera somos conscientes de que lo estamos haciendo.

   Utilizando tecnología que rastrea los movimientos oculares, científicos cognitivos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, han obtenido evidencia directa de que las personas inconscientemente usan la simulación contrafáctica para imaginar cómo una situación podría haberse desarrollado de manera diferente.

   "Ésta es la primera vez que se ha podido ver esas simulaciones en directo, contar cuántas personas lo están haciendo y mostrar la correlación entre esas simulaciones y sus juicios", dice el autor principal del nuevo estudio, Josh Tenenbaum, profesor en el Departamento de Ciencias del Cerebro y Cognitivias del MIT, miembro del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT.

   El profesor Tobias Gerstenberg, postdoctorado del MIT que se unirá al Departamento de Psicología de Stanford como profesor asistente el próximo año, es el autor principal del artículo sobre este trabajo que se publica este martes en 'Psychological Science'. Otros autores del estudio son el posdoctorado del MIT Matthew Peterson, el profesor asociado de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, Noah Goodman, y el profesor de la Universidad de Londres, Reino Unido, David Lagnado.

   Hasta ahora, los estudios de simulación contrafáctica solo podían utilizar informes de personas que describían cómo emitían juicios sobre la responsabilidad, que solo ofrecían evidencia indirecta de cómo funcionaban sus mentes. Gerstenberg, Tenenbaum y sus colegas buscaron pruebas más directas rastreando los movimientos oculares de las personas mientras observaban cómo colisionaban dos bolas de billar.

REVELACIONES DEL SEGUIMIENTO OCULAR

   Los investigadores crearon 18 vídeos con diferentes resultados posibles de las colisiones. En algunos casos, la colisión envió una de las bolas a través de una puerta; en otros, evitó que la bola se fuera. Antes de ver los vídeos, a algunos participantes se les dijo que se les pediría que evaluaran cómo de acuerdo estaban con las declaraciones relacionadas con el efecto de la bola A sobre la bola B, cómo la bola A hizo que la bola B atravesara la puerta. A otros participantes se les preguntó simplemente cuál era el resultado de la colisión.

   Mientras los sujetos observaban los vídeos, los investigadores pudieron rastrear sus movimientos oculares usando una luz infrarroja que se refleja en la pupila y revela dónde está mirando el ojo. Esto permitió a los científicos obtener una ventana sobre cómo la mente imagina posibles resultados que no ocurrieron.

   "Lo que es genial sobre el seguimiento ocular es que te permite ver cosas de las que no eres consciente --dice Tenenbaum--. Cuando los psicólogos y los filósofos han propuesto la idea de la simulación contrafáctica, no necesariamente significa que lo hagamos conscientemente. Ocurre algo detrás de la superficie y el seguimiento ocular puede revelarlo".

   Los investigadores descubrieron que cuando a los participantes se les hacía preguntas sobre el efecto de la bola A sobre la trayectoria de la bola B, sus ojos seguían el curso que la bola B habría tomado si la bola A no hubiera interferido. Además, cuanta más incertidumbre existía al respecto sobre si la bola A tuvo un efecto en el resultado, los participantes miraron más a menudo hacia la trayectoria imaginaria de la bola B.

   "Es en los casos cerrados en los que se ve el aspecto más contrafáctico. Están utilizando esos aspectos para resolver la incertidumbre", afirma Tenenbaum. Los participantes a quienes se les preguntó solo cuál fue el resultado real no realizaron los mismos movimientos oculares a lo largo de la ruta alternativa de la pelota B. Los investigadores ahora están usando este enfoque para estudiar situaciones más complejas en las que las personas usan la simulación contrafáctica para hacer juicios de causalidad.

   "Creemos que este proceso de simulación contrafáctica es realmente penetrante", sentencia Gerstenberg. "En muchos casos, los movimientos oculares no pueden respaldarse, porque hay muchas clases de pensamientos contrafácticos abstractos que acabamos de hacer en nuestra mente. Pero las colisiones de bolas de billar llevan a un tipo particular de simulación contrafáctica donde podemos verlo", concluye.

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