Por deterioro hormonal

El abuso infantil puede elevar el riesgo de obesidad y diabetes

Actualizado 07/10/2014 0:23:33 CET

MADRID, 21 Mar. (EUROPA PRESS) -

   El abuso infantil o la negligencia pueden llevar a un deterioro hormonal a largo plazo que eleva el riesgo de desarrollar obesidad, diabetes u otros trastornos metabólicos en la edad adulta, según revela un nuevo estudio publicado en 'Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism'. El análisis examinó los niveles de leptina, adiponectina e irisina, hormonas que regulan el peso corporal, en la sangre de adultos que sufrieron abuso físico, emocional o sexual o abandono cuando eran niños.

La leptina está implicada en la regulación del apetito y está vinculada al índice de masa corporal (IMC) y la masa grasa; la irisina está involucrada en el metabolismo energético y la adiponectina reduce la inflamación en el cuerpo, por lo que las personas obesas tienden a registrar niveles más bajos de esta hormona. El trabajo detectó una desregulación de estas hormonas en personas que habían sufrido abusos o estuvieron descuidadas en su infancia.

"Este estudio ayuda a aclarar por qué las personas que han luchado contra la adversidad en la niñez se enfrentan a un mayor riesgo de desarrollar exceso de grasa en el vientre y otras condiciones de salud relacionadas", afirma uno de los autores del estudio, Christos S. Mantzoros, del Centro Médico Beth Israel Deaconess y del Sistema de Salud VA de Boston, ambos afiliados a la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard en Boston, Massachusetts, Estados Unidos.

"Los datos sugieren que la adversidad durante la niñez traslada esa tensión al sistema endocrino, lo que conlleva a un deterioro de las hormonas importantes que pueden contribuir a la obesidad abdominal en la edad adulta", agrega este investigador, cuyo estudio transversal analizó los niveles de hormonas en la sangre de 95 adultos de 35 a 65 años.

Mediante cuestionarios y entrevistas, a los participantes se le asignó una puntuación basada en la gravedad del abuso o la negligencia que sufrieron durante su niñez, de forma que se les dividió en tres grupos y se compararon los niveles hormonales de las personas con las puntuaciones más altas en cuanto a la adversidad con las otras dos terceras partes de los participantes.

   Los individuos con las puntuaciones más altas en adversidad tendían a poseer niveles más altos de leptina, irisina y la proteína inflamatoria C reactiva en la sangre, todas ellas relacionadas con la obesidad. Además, el grupo de personas que más sufrió la adversidad solía presentar niveles más bajos de adiponectina, otro factor de riesgo para la obesidad.

Incluso después de que los científicos ajustaron los resultados por las diferencias en la dieta, el ejercicio y las variables demográficas entre los participantes, los altos niveles de leptina e irisina continuaron estando asociados con la adversidad durante la niñez.

"Estamos viendo una correlación directa entre la adversidad en la niñez y el deterioro hormonal", alerta Mantzoros. "La comprensión de estos mecanismos podría ayudar a los proveedores de atención sanitaria a desarrollar nuevas y mejores intervenciones para abordar el elevado riesgo de esta población de padecer obesidad abdominal y riesgo cardiometabólico en el futuro", concluye.

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