¿Qué le ocurre a una galleta cuando te la comes?

Comer galleta
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Publicado 23/05/2018 8:37:35CET

   MADRID, 23 May. (EDIZIONES) -

   Muchas veces comemos rápidamente y sin pensar realmente en lo que estamos comiendo y cómo lo estamos comiendo, cuando realmente es más importante de lo que creemos. Todos los alimentos se convierten además en energía para nuestro cuerpo, y parte de ellos se desecha. ¿Cuál es el proceso?

   En primer lugar esa galleta es triturada por nuestros dientes. Se hace una masa con nuestra saliva. "Te puede parecer que la saliva sólo es un líquido transparente parecido al agua, pero en realidad es muy diferente. Cada día fabricas alrededor de un litro. Suficiente para llenar tu cantimplora", explica el periodista Josep Corbella, responsable de la sección de Ciencia del diario 'La Vanguardia' en 'La Maravillosa Historia de tu cuerpo' (Libros Cúpula).

   Este divulgador científico destaca que la saliva contiene un ingrediente que te protege de las infecciones, por ejemplo, si lo que se come tiene alguna bacteria, además de otros componentes que deshacen las moléculas de la galleta, piezas microscópicas, en moléculas aún más pequeñas para que el cuerpo pueda aprovecharlas mejor. "Por eso es importante masticar bien los alimentos antes de tragarlos, porque en la primera parte del trabajo de digerirlos bien", señala.

   Después, indica que la pasta de la galleta que se ha triturado en la boca pasa por un tubo que se tiene en medio del pecho, entre los pulmones. "Es como un tobogán de un palmo de longitud que se llama 'esófago'. En una persona adulta mide un palmo de adulto. Y en una niña pues un palmo de niña. Pero los alimentos no caen por el tobogán. Es un tubo estrecho y, para que los alimentos puedan pasar, tiene unos músculos a su alrededor que los empujan. En seis segundos hacen que los alimentos lleguen de la boca a la barriga", advierte.

   Según señala Corbella, estos músculos trabajan solos, igual que el corazón, que late sin que se tenga que estar pensando noche y día en que hay que hacerlo latir. "Por eso, si quisieras, podrías comer tumbada. O incluso boca abajo. Sería más incómodo, pero la comida también llega a la barriga", agrega.

   Después de pasar por el túnel del esófago, los alimentos llegan a la gran estación del estómago. "Es una especie de saco que tienes debajo de las costillas. En él la comida puede quedarse horas, hasta cuatro o cinco a veces, el tiempo que haga falta para triturarla bien. Si en la boca la galleta se ha convertido en una pasta espesa, el trabajo del estómago consiste en convertirla en una pasta más fina. Casi en un líquido", señala el experto en divulgación.

   De hecho, destaca que hay pájaros que por eso tragan piedras, ya que éstas chocan en el estómago del animal y poco a poco trituran los alimentos. "Para ellos es como tener un martillo en la barriga. Nosotros lo hacemos de otra manera. Tenemos tres capas de músculo alrededor del estómago que lo aprietan y aplastan los alimentos. Estas capas de músculo están colocadas en direcciones distintas, de manera que aprietan el estómago desde todos los lados. Así que para nosotros no es como tener un martillo, más bien es como tener una batidora. Pero de todo esto tampoco te das cuenta, porque estos músculos, como el corazón y como los del esófago, también trabajan sin que tengas que estar pendiente de ellos", sostiene.

   Para terminar de triturarlo todo bien, dice que el estómago segrega un líquido ácido que rompe las moléculas. Después, viene otro túnel muy largo y fino que hace un trayecto lleno de curvas por el interior de la barriga: el intestino delgado, que mide unos cinco metros de largo, si eres un niño, y siete en el caso de los adultos. "Podríamos tenderlo desde un segundo piso y llegaría hasta la calle", añade.

   El experto resalta que es largo porque en el intestino delgado se acaba de hacer el trabajo de romper los alimentos en moléculas muy pequeñas que tu cuerpo pueda utilizar. Y porque a través de las paredes del intestino delgado estas moléculas pasan a la sangre para repartirse por todo el cuerpo y dirigirse allí donde son necesarias.

   "Si los alimentos pasaran deprisa por el intestino delgado una parte llegaría al final del trayecto sin que los hubiéramos aprovechado del todo y se perderían. Por eso van despacio. Se pueden pasar cuatro horas para recorrer seis o siete metros. Van a velocidad de caracol", añade.

   Además, en el intestino delgado el camino de los alimentos se bifurca, una parte es la que el cuerpo utilizará y pasará a la sangre, y la otra parte llega al final del camino sin que quede casi nada que se pueda aprovechar, son residuos que hay que eliminar.

   El cuerpo, según indica, cuenta con el intestino grueso, dos veces más largo que el delgado, y también mucho más corto, y donde se almacenan estos residuos hasta su expulsión. También es una vía lenta. Allí los restos que quedan de los alimentos pueden estar 12 horas, y eso cuando van rápido. Si se entretienen pueden estar hasta 36 horas.

   Corbella precisa que se encuentran tanto tiempo porque nuestro cuerpo es "muy eficiente" y procura no tirar nada que pueda aprovechar. "En el intestino delgado ya ha aprovechado todos los ingredientes que ha podido de los alimentos. (...) Cuando los restos llegan finalmente al intestino grueso les queda mucho agua que el cuerpo aún no puede reciclar. Hoy en día puede parecer que este agua no tiene demasiado valor, porque cuando queremos agua nos basta con abrir el grifo. (...) Pero por eso los restos de los alimentos se quedan tantas horas en el intestino grueso. Porque el cuerpo recupera el agua poco a poco y los restos de los alimentos se vuelven más consistentes hasta que están listos para salir", sentencia.

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