EN LA MAYORÍA DE CASOS ES POR CAUSAS GENÉTICAS

La intolerancia a la lactosa, un problema para un tercio de los españoles

Leche
PIXABAY
Publicado 22/03/2016 12:16:43CET

   MADRID, 22 Mar. (EUROPA PRESS) -

   La intolerancia a la lactosa es un trastorno provocado por un déficit de la lactasa que afecta a aproximadamente un tercio de los españoles, y en el 70 por ciento de los casos está provocada por causas genéticas, lo que hará que se mantenga de por vida.

   Cuando se habla de una causa genética, la más frecuente suele ocurrir tras el período de lactancia, según ha reconocido el jefe de Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario HM de Madrid, Félix González Rodríguez, ya que en ese momento "comienza una pérdida progresiva de la producción de lactasa y, por tanto, una pérdida gradual de la capacidad de digerir la lactosa".

   En estos casos, es habitual que al cumplir los 20 años muchos adultos muestren ya algún grado de intolerancia y, al tratarse de una causa congénita, "no existe curación porque el individuo no recupera el enzima y los síntomas sólo se alivian con la suspensión de los lácteos", ha añadido Natalia López-Palacios, experta en este trastorno del mismo hospital.

   Menos frecuente es la intolerancia a la lactosa que se produce por causas secundarias relacionadas con una agresión de la mucosa intestinal. Estos casos pueden aparecer tras un episodio agudo de diarrea, tras el tratamiento con antibióticos o con quimioterapia o tras cirugía del intestino delgado, como se ha dicho anteriormente.

También puede darse en pacientes celíacos o con enfermedad inflamatoria intestinal. "En estos casos, la intolerancia suele ser temporal y reversible. Los síntomas mejoran cuando se trata la causa o la enfermedad que ha condicionado su aparición", subraya la especialista.

   Aunque existen diferentes grados de intolerancia y no todas las personas que presentan este trastorno reaccionan igual, aun habiendo ingerido la misma cantidad de lactosa, los síntomas más frecuentes son dolor abdominal, gases, retortijones, enrojecimiento perianal, hinchazón abdominal, heces pastosas o diarrea, defecación explosiva o náuseas.

LOS SÍNTOMAS NO CAMBIAN EN NIÑOS Y ADULTOS

   En recién nacidos y bebés los síntomas son los mismos que en el adulto. Sin embargo, subraya González Rodríguez, a estas edades "es importante distinguir si se trata de una intolerancia a la lactosa o de una alergia a la proteína de la leche de vaca".

   Esta última suele afectar a niños que aún no han cumplido los 3 años y entre los síntomas se encuentran algunos típicos de la alergia como erupción cutánea con picor, sibilancias, moqueo o tos. Además, esta alergia alimentaria desaparece en la mayoría de los casos cuando el niño crece.

   En cuanto al diagnóstico, el método más utilizado es el test de Hidrógeno Espirado, que consiste en ingerir una cantidad determinada de lactosa. Si hay un aumento de hidrógeno medido en el aliento significa que la lactosa no ha sido digerida y, por tanto, se confirma el diagnóstico.

REDUCIR LA INGESTA, PERO NO ELIMINARLA

   Tras confirmar la intolerancia, ambos expertos coinciden en que, más que una dieta restrictiva, lo recomendable es reducir la ingesta de lactosa, ya que la mayoría de los pacientes tolera hasta 12 gramos sin presentar síntomas.

   Esto dependerá, en cualquier caso, del grado de intolerancia, y recuerdan que muchos alimentos precocinados e incluso medicamentos pueden incluir lactosa en su composición.

   También se pueden usar suplementos orales con lactasa para mejorar la digestión y reducir los síntomas pero, según advierte González Rodríguez, estos pueden alterar el sabor de la comida, sobre todo el dulce, y es mejor utilizarlos esporádicamente.

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