Desarrollan un pequeño sensor adherido al diente que controla los niveles de glucosa, sal o alcohol que se consume

Sensor que monitorea fluidos ingeridos
FIO OMENETTO, PH.D., TUFTS UNIVERSITY
Publicado 22/03/2018 14:15:26CET

MADRID, 22 Mar. (EUROPA PRESS) -

Los científicos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Tufts en Estados Unidos han desarrollado pequeños sensores montados en los dientes que pueden rastrear lo que se come, controlando en tiempo real los niveles de glucosa, sal o alcohol, lo que podría ayudar a mejorar la dieta y la salud.

Según señalan los investigadores, el desarrollo de este sensor miniaturizados podría cambiar el panorama actual del control de la salud. El nuevo sensor va en directamente en un diente y se comunica de forma inalámbrica con un dispositivo móvil. A su juicio, estos sensores podrían permitir la detección y el registro de una amplia gama de nutrientes, sustancias químicas y estados fisiológicos.

La investigación, que publicará en la revista 'Advanced Materials', viene a mejorar los dispositivos portátiles anteriores para monitorear la ingesta dietética, que sufrían de limitaciones tales como el uso de un protector bucal, un cableado voluminoso o la necesidad de un reemplazo frecuente a medida que los sensores se degradaban rápidamente.

Los ingenieros de Tufts, tras analizar la tecnología más adoptable, han conseguido desarrollar un sensor con una huella simple de 2x2 mm que se puede adaptar y unir flexiblemente a la superficie irregular de un diente. De manera similar a la forma en que se recauda un peaje en una carretera, los sensores transmiten sus datos de forma inalámbrica en respuesta a una señal de radiofrecuencia entrante.

Los sensores están formados por tres capas intercaladas: una capa central "bioreactiva" que absorbe el nutriente u otros químicos que se detectarán, y las capas externas que consisten en dos anillos de oro de forma cuadrada. Juntas, las tres capas actúan como una pequeña antena, recogiendo y transmitiendo ondas en el espectro de radiofrecuencia. Cuando una onda entrante golpea el sensor, parte de ella se cancela y el resto se transmite de vuelta, al igual que un parche de pintura azul absorbe las longitudes de onda más rojas y refleja el azul de vuelta a nuestros ojos.

El sensor, además, puede cambiar su color. Por ejemplo, si la capa central adquiere sal o etanol, sus propiedades eléctricas se desplazarán, haciendo que el sensor absorba y transmita un espectro diferente de ondas de radiofrecuencia, con intensidad variable. Así es como los nutrientes y otros analitos pueden ser detectados y medidos.

"En teoría, podemos modificar la capa bioreactiva en estos sensores para apuntar a otros químicos; realmente solo estamos limitados por nuestra creatividad", ha señalado Fiorenzo Omenetto, uno de los autores, qquien recuerda que estos sensores pueden leer y transmitir dinámicamente información sobre el entorno, ya sea que esté adherida a un diente, a la piel o a cualquier otra superficie.

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