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Cuidar la tiroides: la alimentación que la favorece

TIROIDES
GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / ZILLI
Publicado 10/02/2018 7:59:35CET

   MADRID, 10 Feb. (EDIZIONES) -

   La tiroides es una glándula con forma de mariposa que se encuentra en el cuello, por delante de la tráquea y justo por debajo del cartílago tiroides. Se sitúa en la conocida 'nuez'.

   "Aunque es la más grande de las glándulas endocrinas, pesa sólo 20 gramos en una persona adulta, por lo que normalmente no abulta el cuello y sólo se llega a palpar en un examen médico cuando aumenta de tamaño (bocio)", explica a Infosalus Silvia Wengrowicz, secretaria del área de conocimiento de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

   Según indica, su función más importante es la de producir las hormonas tiroideas tiroxina o 'T4'--por tener 4 átomos de yodo--, y la triyodo-tironina o 'T3' --con 3 átomos de yodo--, que son segregadas a la sangre (por eso es una glándula endocrina) pudiendo llegar así a todo el organismo.

   "Las hormonas tiroideas participan prácticamente en todas las funciones corporales, en la utilización de la energía, en la producción de calor, regulando la temperatura corporal, en el metabolismo, en el desarrollo y en la maduración de todos los órganos, mantienen las funciones del cerebro, del corazón, de los músculos, y son imprescindibles para el crecimiento corporal, y para la fertilidad", subraya la endocrino.

   Normalmente, la experta de la SEEN dice que la función tiroidea se adapta a nuestras necesidades gracias al control por parte de otra glándula endocrina, la hipófisis, que está en la parte inferior del cerebro, y que produce la tirotropina ('TSH', por sus siglas en inglés), la hormona estimulante de la tiroides.

   Wengrowicz explica que para la población en general, incluyendo a los niños en edad escolar, se aconseja garantizar unos 150 microgramos de yodo al día para mantener sana la tiroides. "Esta cantidad puede obtenerse fácilmente con la sal yodada, es lo que cabe en una cucharadita de tamaño café al ras. No es necesario aumentar el consumo de sal, sino sencillamente de cambiar la sal común o marina por la sal yodada", precisa la experta.

   A su vez, señala que un aporte adecuado de yodo en la alimentación también se puede lograr fomentando el consumo de pescado de mar, de conservas de pescado y de marisco, de huevos, y especialmente de productos lácteos, que forman parte de la dieta mediterránea.

CONSEJOS PARA CUIDAR LA TIROIDES

   A juicio de Wengrowicz, es conveniente tener prudencia con la alimentación y evitar sustancias que pueden perjudicar la tiroides si se consumen en exceso.

   "Es muy importante cuidar la nutrición adecuada de yodo durante toda la vida, pero especialmente en mujeres en edad fértil, durante el embarazo y la lactancia, y también en la niñez", apostilla la responsable de la SEEN.

   A su vez, señala que muchas personas tienen enfermedades tiroideas subclínicas, o sea que aún no se han manifestado con síntomas. "Esta situación puede hacerlas más susceptibles de desarrollar un hipotiroidismo por efecto de algunos alimentos, como los que tienen extractos de isoflavonas de soja, que tomados en cantidad suficiente interfieren en la producción de las hormonas tiroideas y en la absorción del yodo", explica.

   Por otro lado, indica que los alimentos 'bociógenos', aquellos que producen bocio o agrandamiento de la tiroides, además de la soja, el repollo, el brócoli, coliflor y coles de Bruselas, serán perjudiciales para la tiroides si la dieta es pobre en yodo.

   Asimismo, especifica que las algas marinas, que contienen un notable exceso de yodo, pueden poner de manifiesto un hipotiroidismo o hipertiroidismo latente. "No se recomienda consumir productos con alto contenido en yodo con la falsa promesa de perder peso", advierte.

   Otro factor que puede afectar a la tiroides de manera importante es el tabaco. "En el humo del tabaco existen sustancias bociógenas ('tiocianatos'), que aumentan el riesgo de enfermedades tiroideas autoinmunes (hipotiroidismo, hipertiroidismo, oftalmopatía tiroidea), y disminuyen la respuesta a los tratamientos", alerta la endocrina.

   Por ello, Wengrowicz ve conveniente que aquellas personas que notan síntomas de hipotiroidismo o hipertiroidismo realicen un control de la función tiroidea, tales como el abultamiento del cuello, o los ojos saltones con o sin molestias oculares, o las alteraciones visuales.

   "Se recomienda hacer un control de función tiroidea en los embarazos, y si existen antecedentes personales o familiares de enfermedades tiroideas o enfermedades autoinmunes (diabetes tipo1, artritis reumatoide, vitíligo, enfermedad celíaca, entre otras)", precisa la secretaria del área de conocimiento de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

   Igualmente, ve convenientes estos controles si se han seguido tratamientos que pudieran haber dañado la tiroides o a su regulación, tales como cirugías de tiroides o hipófisis, la radiación en la cabeza o e n el cuello, o algunos tratamientos biológicos para distintos tipos de cáncer, tratamientos con litio y amiodarona o pruebas con contrastes radiológicos yodados.

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