El consumo regular de comida para llevar acarrea grandes riesgos para los niños

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Publicado 15/12/2017 8:00:37CET

   MADRID, 15 Dic. (EUROPA PRESS) -

   Los niños que regularmente comen comidas para llevar pueden estar aumentando sus factores de riesgo de enfermedad cardiaca y diabetes, según sugiere una investigación publicada en la edición digital de 'Archives of Disease in Childhood'. También es más probable que consuman demasiadas calorías y menos vitaminas y minerales que los niños que toman una comida casera, según indican los hallazgos.

   En Reino Unido, el consumo de 'take-aways' aumentó en más de una cuarta parte entre 1996 y 2006, un patrón de comportamiento que se ha hecho aún más fácil con el advenimiento de las aplicaciones digitales y los servicios dedicados a entrega de comida, dicen los investigadores.

   La evidencia disponible indica que, entre los adultos, un elevado consumo de comida para llevar se asocia con una dieta de peor calidad, más grasa corporal y un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedad cardiaca. Y los investigadores querían averiguar si una dieta similar en niños podría llevar a problemas similares.

   Por lo tanto, preguntaron a 1.948 niños étnicamente diversos de 9 a 10 años de 85 escuelas primarias de Londres, Birmingham y Leicester sobre sus dietas habituales, incluida la fuente de sus comidas y la frecuencia con la que tomaron las comidas para llevar.

   Las escuelas formaron parte del 'Child Heart and Health Study' en Inglaterra (CHASE, por sus siglas en inglés), que analizó las posibles causas de enfermedad cardiaca y factores de riesgo de diabetes en preadolescentes de una amplia gama de orígenes étnicos. Se usaron fotos de alimentos comunes para ayudar a recordar a los niños y estimar el tamaño de la porción y se calcularon la densidad de energía y los niveles de nutrientes de los alimentos ingeridos a partir de sus respuestas.

   Se midieron la altura, el peso, la circunferencia de la cintura, el grosor del pliegue cutáneo y la composición de grasa corporal (impedancia bioeléctrica) de los niños. Se tomó su presión arterial, así como una muestra de sangre para descubrir los niveles de grasas circulantes en la sangre (total y baja: colesterol de alta densidad).

   Sus padres también completaron cuestionarios sobre su estado laboral y roles laborales. Alrededor de una cuarta parte de ellos se desempeñaban en puestos de gerencia/profesionales, con una proporción similar en puestos administrativos (ocupaciones intermedias). Alrededor del 29 por ciento realizaba trabajos de rutina/manuales, mientras que el 16 por ciento estaban desempleados o trabajaban en el hogar.

MÁS GRASA CORPORAL Y EN SANGRE

   Uno de cada cuatro niños (499; 26 por ciento) dijo que nunca o casi nunca tomaba comidas para llevar; casi la mitad (894; 46 por ciento) explicó que tomaron una comida para llevar menos de una vez a la semana; y 555 (28 por ciento) reconoció que ingería este tipo de comida al menos una vez a la semana. Los niños eran consumidores más frecuentes de comida para llevar que las niñas, al igual que los menores de entornos menos acomodados.

   No hubo diferencias en la presión arterial o la resistencia a la insulina entre los que comían regularmente y los que no. Pero el espesor del pliegue cutáneo, la composición de la grasa corporal y las grasas en la sangre tienden a ser más elevados en los consumidores habituales de comida para llevar. Las diferencias en las grasas en la sangre fueron similares en todos los grupos étnicos.

   Los alimentos ingeridos fueron más densos en energía, mientras que las ingestas de proteínas y almidón fueron más bajas entre los consumidores habituales de comida para llevar, y la ingesta de vitamina C, hierro, calcio y ácido fólico también fue menor. Si este patrón dietético se mantuviera, podría desencadenar problemas de salud posteriores, advierten los investigadores.

   Un análisis por separado, en el que se comparó la ingesta de nutrientes de la comida de la noche anterior en relación con su fuente, mostró que los alimentos para llevar eran más densos en energía y contenían más grasas y grasas saturadas que las comidas preparadas en casa. Se trata de un estudio observacional por lo que no se puedan extraer conclusiones firmes sobre causa y efecto, y se necesitaría más investigación para explorar los vínculos causales, advierten los autores.

   Sin embargo, estos expertos señalan: "Las concentraciones más altas de colesterol total y LDL [baja densidad o 'malo'] observadas en el grupo de comidas para llevar frecuentes, si se mantienen, son lo suficientemente grandes como para elevar el riesgo de enfermedad coronaria a largo plazo en alrededor de un 10 por ciento".

   Y continúan: "Estos resultados sugieren que un mayor aumento en el consumo de comida para llevar (y el marketing dirigido a alentar estos incrementos) probablemente tenga consecuencias adversas para la salud pública y se desaconseja activamente. El gobierno debería considerar iniciativas de protección de la salud para revertir las tendencias actuales en el consumo de comida para llevar, en el contexto de esfuerzos más amplios para mejorar la dieta y nutrición infantil en el hogar y la escuela".

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