Alergia al huevo en niños, cuándo y cómo se debe introducir en su dieta

Huevo, alergia
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Publicado 20/06/2018 8:44:39CET

   MADRID, 20 Jun. (EUROPA PRESS) -

   Una de las dudas que suele rondar en la dieta de los más pequeños es cuándo se introduce el huevo porque, muchas veces, cada pediatra te indica una cosa. Se trata de un alimento de frecuente consumo y es importante para la alimentación del menor por su importante fuente proteica y de vitaminas del complejo B.

   No obstante, siempre hay que tener mucho cuidado puesto que es uno de los alimentos que suele provocar mayores reacciones alérgicas en los dos primeros años de vida. Eso sí, la Asociación Española de Pediatría (AEP) asegura que en los niños alérgicos al huevo se comprueba que aumenta la tolerancia a medida que aumentan los años de seguimiento, aunque hay algunos niños que no lo consiguen.

En la alergia al huevo, como en general en la alergia en los primeros años de la vida, hay un predominio de varones sobre mujeres, indica la AEP, a la vez que precisa que tanto la clara como la yema pueden ser alergénicas, aunque la primera, por su mayor contenido proteico, es la fuente más importante de sensibilización y de alergia.

   Entre los factores de riesgo para la alergia al huevo, igual que para el resto de alergias a alimentos, dice también que se encuentran los factores genéticos y los dependientes del alimento, como la edad de introducción y la forma de introducción –cocido o crudo–, así como los factores ambientales.

   Estas reacciones ocurren generalmente con la primera toma de huevo, lo que indica una sensibilización previa que puede producirse por diversas vías: “Es posible la sensibilización intrauterina; la sensibilización a través de la lactancia materna; la inhalatoria, ya que se ha demostrado la existencia de restos de alimentos en el polvo, entre ellos, partículas de huevo que podrían producir sensibilización; a través de objetos contaminados con partículas de huevo, como chupetes, utensilios de cocina, o juguetes, entre otros”.

¿CÓMO INTRODUCIRLO?

   La AEP precisa que primero debe introducirse la yema cocida, que generalmente es bien tolerada, apareciendo las manifestaciones clínicas cuando se introduce la clara. “Algunos niños toleran la clara cocida pero presentan los síntomas cuando se introducen preparaciones de huevo menos cocinadas (tortilla, revuelto) o huevo crudo (helados, merengues, mayonesa)”, precisa.

   En concreto, indica que el huevo hay que introducirlo en pequeñas cantidades, ya que puede producir alergia, e ir aumentando poco a poco. Aconsejan pasar de un cuarto a media yema, y luego ofrecer ya la yema entera, y posteriormente la clara, siempre cocida.

   Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP) recomiendan la introducción del huevo a partir de los 8-9 meses, y empezar con la yema cocida, añadiéndola a cualquiera de las papillas, y en sustitución de la carne o del pescado, o bien añadirla a las sopas de pasta o de arroz, un máximo de tres veces por semana. Una vez aceptada la yema aconseja introducir la clara, pero también cocida.

¿CÓMO IDENTIFICAR LA REACCIÓN?

   En las reacciones con huevo, como en el resto de las reacciones de hipersensibilidad inmediata, la AEP advierte de que los síntomas clínicos aparecen rápidamente tras la ingesta, el tiempo es inferior a las dos horas y muy frecuentemente tienen lugar en los primeros 30 minutos. Mientras que la resolución del cuadro asegura que puede ser espontánea, o con tratamiento menor de 12 horas.

   Pero, ¿cómo adivinar que nuestro hijo es alérgico al huevo? La Asociación Española de Pediatría indica que el 95% de niños alérgicos al huevo tuvieron síntomas cutáneos (urticaria, angioedema, eritema o síndrome perioral), y en el 62% de estos fue la única manifestación.

   Por otro lado, el 28% de los casos presentaron vómitos; y el 21% tuvieron síntomas respiratorios de vías altas (rinitis); mientras que el 33% sufrieron síntomas cutáneos asociados a síntomas digestivos o respiratorios. “A veces son muy leves y ceden espontáneamente, pero en otras ocasiones pueden requerir tratamiento en el Servicio de Urgencias e incluso ingreso hospitalario”, alerta.

   Sobre el tratamiento, en primer lugar destaca que se debe optar por la dieta de evitación del huevo y de sus derivados, “el único tratamiento efectivo hasta el momento actual”. Aquí llama la atención sobre el hecho de que el huevo se puede emplear para la fabricación de muchos productos, como la repostería, las cremas, los helados y las golosinas, por ejemplo, de uso y gusto frecuente en menores.

   En segundo lugar, aconseja evitar el contacto y la inhalación, y debe indicarse a los familiares el lavado de manos tras la toma o manipulación del huevo y utilizar para el niño utensilios de cocina propios, para evitar posibles contaminaciones, además de evitar los lugares donde se cocine huevo.

   “Algunos niños presentan síntomas cuando se les dan la primera papilla de frutas, y después se comprueba que no están sensibilizados a ellas, sino que la reacción ha sido debida a la preparación de la papilla con batidoras o utensilios de cocina que habían sido utilizados previamente para manipular huevo”, advierte.

   Además, destaca que en el grupo de niños sensibilizados al huevo sin ingesta previa y que reciben lactancia materna, la madre debe realizar una dieta exenta de huevo y derivados mientras dure la lactancia.

   Por otro lado, avisa de que hay medicamentos que contienen proteínas de huevo. Igualmente, advierte del hecho de que algunas vacunas que se administran a los niños (triple vírica, vacuna de la gripe y la de la fiebre amarilla) pueden contener alguna pequeña cantidad de proteína de huevo.

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