La genética amplifica los efectos de una mala dieta

El abuso de fritos engorda más cuando hay riesgo genético asociado con la obesidad

Actualizado 07/10/2014 0:38:12 CET

MADRID, 19 Mar. (EUROPA PRESS) -

   El consumo de alimentos fritos más de cuatro veces a la semana provoca el doble de efecto en el índice de masa corporal (IMC) en aquellas personas con la puntuación de riesgo genético más elevada en comparación con los individuos que presentan puntuaciones más bajas, según concluye una investigación que se publica en 'British Medical Journal'. En otras palabras, la composición genética puede amplificar los efectos de una mala dieta, dice un editorial acompañante.

   Es bien conocido que tanto el consumo de alimentos fritos y variantes genéticas se asocian con la adiposidad (grasa), pero no se ha examinado la interacción entre estos dos factores de riesgo en relación con el índice de masa corporal y la obesidad.

   Así, un equipo de investigadores de Estados Unidos, encabezado por Lu Qi, profesor asistente en la Escuela de Salud Pública y Escuela Médica de Harvad, en Cambridge, Massachusetts, y el Hospital Brigham y de Mujeres en Boston, analizó las interacciones entre el consumo de alimentos fritos y el riesgo genético asociado con la obesidad en más de 37.000 hombres y mujeres que participan en tres grandes ensayos de salud estadounidenses.

   Los autores de este trabajo utilizaron cuestionarios de frecuencia alimentaria para evaluar el consumo de alimentos fritos, tanto en el hogar como fuera de casa, y una puntuación de riesgo genético basada en 32 variantes genéticas conocidas asociadas con el IMC y la obesidad. Además, identificaron tres categorías de consumo de alimentos fritos: menos de una vez a la semana, de una a tres veces y cuatro o más veces semanales.

Las puntuaciones de riesgo genético oscilaron entre 0 y 64 y los que registraron una puntuación más alta tenían un IMC más elevado. Se evaluó la altura y el peso corporal al inicio de los ensayos, además de pedir información sobre el peso en cada cuestionario de seguimiento y recoger datos sobre el estilo de vida, como la actividad física y el tabaquismo.

   Los investigadores encontraron interacciones constantes entre el consumo de alimentos fritos y las puntuaciones de riesgo genético en el IMC. Entre los participantes en el tercio más alto de la puntuación de riesgo genético, las diferencias en el IMC entre los individuos que consumían alimentos fritos cuatro o más veces a la semana y los que los ingerían menos de una vez a la semana eran de 1,0 kg/m2 en mujeres y 0,7 kg/m2 en hombres.

   Para los participantes en el tercio inferior de la puntuación de riesgo genético, las diferencias fueron de 0,5 kg/m2 en mujeres y 0,4 kg/m2 en hombres. No obstante, los autores subrayan que sus resultados pueden haberse visto afectados por otros factores no medidos o desconocidos, a pesar de haberlos ajustado por varios factores de la dieta y del estilo de vida.

   Sin embargo, estos científicos indican que la asociación entre el consumo de alimentos fritos y la adiposidad puede variar de acuerdo a las diferencias en la predisposición genética, y viceversa, que las influencias genéticas sobre la adiposidad pueden alterarse por el consumo de alimentos fritos. "Nuestros resultados destacan la importancia de reducir el consumo de alimentos fritos para prevenir la obesidad, sobre todo en personas genéticamente predispuestas a ella", aconseja Lu Qi.

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