Descubren interrupciones del reloj corporal años antes de tener Alzheimer

Alzheimer, anciana, dependencia, demencia
PIXABAY/GERALT
Publicado 22/02/2018 7:07:31CET

   MADRID, 22 Feb. (EUROPA PRESS) -

   Se sabe que las personas con la enfermedad de Alzheimer tienen alteraciones en los relojes internos del cuerpo que afectan el ciclo de sueño/vigilia y pueden aumentar el riesgo de desarrollar el trastorno. Ahora, una nueva investigación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis, Estados Unidos, indica que estas alteraciones del ritmo circadiano también ocurren mucho antes en personas cuyos recuerdos están intactos pero cuyas exploraciones cerebrales muestran evidencia preclínica temprana de Alzheimer.

   Los hallazgos, que se detallan en un artículo que se publica este lunes en 'JAMA Neurology', podrían ayudar a los médicos a identificar a las personas en riesgo de Alzheimer antes de lo que actualmente es posible. Eso es importante porque el daño del Alzheimer puede echar raíces en el cerebro entre 15 a 20 años antes de que aparezcan los síntomas clínicos.

   "No era que las personas en el estudio carecían de sueño --explica el primer autor, Erik S. Musiek, profesor asistente de Neurología--. Pero su sueño tiende a estar fragmentado. Dormir durante ocho horas por la noche es muy diferente de dormir ocho horas en incrementos de una hora durante las siestas diurnas".

   Los investigadores también realizaron un estudio separado en ratones, que se publicará este martes en 'The Journal of Experimental Medicine', que muestra que alteraciones circadianas similares aceleran el desarrollo de placas amiloides en el cerebro, que están relacionadas con el Alzheimer.

   Estudios previos en la Universidad de Washington, realizados en personas y en animales, han encontrado que los niveles de amiloide fluctúan de maneras predecibles durante el día y la noche. Los niveles de amiloide disminuyen durante el sueño, y varios estudios han demostrado que los niveles se elevan cuando se interrumpe el sueño o cuando las personas no reciben suficiente sueño profundo, según una investigación del autor principal, Yo-El Ju.

   "En este nuevo trabajo, descubrimos que las personas con enfermedad de Alzheimer preclínica tenían más fragmentación en sus patrones de actividad circadiana, con más períodos de inactividad o sueño durante el día y más períodos de actividad por la noche", dijo Ju, profesor asistente de neurología.

   Los investigadores rastrearon los ritmos circadianos en 189 adultos mayores cognitivamente normales con una edad promedio de 66 años. A algunos se les realizaron escáneres de tomografía por emisión de positrones (PET) para detectar placas amiloides relacionadas con el Alzheimer en sus cerebros. A otros se les analizó el líquido cefalorraquídeo para identificar proteínas relacionadas con el Alzheimer y algunos se les sometió a exploraciones y pruebas de fluido espinal.

   De los participantes, 139 no tenían evidencia de la proteína amiloide que significa enfermedad de Alzheimer preclínica. La mayoría presentaban ciclos normales de sueño/vigilia, aunque muchos registraban alteraciones circadianas que estaban relacionadas con la edad avanzada, la apnea del sueño u otras causas.

   Pero entre los otros 50 sujetos, que tenían exploraciones cerebrales anormales o líquido cefalorraquídeo anormal, todos experimentaron interrupciones significativas en sus relojes corporales internos, determinados por cuánto descansaron durante la noche y cómo de activos estuvieron durante el día. Las interrupciones en el ciclo de sueño/vigilia permanecieron incluso después de que los científicos controlaron estadísticamente la apnea del sueño, la edad y otros factores.

UN POSIBLE BIOMARCADOR DE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

   Los sujetos del estudio, del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer Knight de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, usaron dispositivos similares a los rastreadores de ejercicio durante una o dos semanas. Cada uno también completó un diario de sueño detallado cada mañana.

   Al rastrear la actividad durante el día y la noche, los investigadores pudieron determinar cómo se produjeron el descanso y la actividad durante periodos de 24 horas. Los sujetos que experimentaron pequeños brotes de actividad y descansos durante el día y la noche presentaban más probabilidades de poseer evidencia de acumulación de amiloide en sus cerebros.

   Estos hallazgos en personas refuerzan la investigación con ratones del laboratorio de Musiek. En ese estudio, trabajando con la primera autora, Geraldine J. Kress, profesora asistente de Neurología, Musiek estudió las alteraciones del ritmo circadiano en un modelo murino de Alzheimer. Para interrumpir los ritmos circadianos de los animales, su equipo inhabilitó los genes que controlan el reloj circadiano.

   "Durante dos meses, los roedores con ritmos circadianos alterados desarrollaron considerablemente más placas de amiloide que los ratones con ritmos normales", destaca Musiek. "Los ratones también tuvieron cambios en los ritmos diarios y normales de la proteína amiloide en el cerebro. Son los primeros datos que demuestran que la alteración de los ritmos circadianos podría acelerar el depósito de placas", añade.

   Tanto Musiek como Ju dijeron que es demasiado pronto para responder a la cuestión del huevo y la gallina de si los ritmos circadianos interrumpidos ponen a las personas en riesgo de la enfermedad de Alzheimer o si los cambios relacionados con el Alzheimer en el cerebro interrumpen los ritmos circadianos.

   "Por lo menos, estas interrupciones en los ritmos circadianos pueden servir como un biomarcador para la enfermedad preclínica --apunta Ju--. Queremos volver sobre estos temas en el futuro para saber si sus problemas de sueño y del ritmo circadiano aumentan el riesgo de Alzheimer o si la patología de Alzheimer cambia el ciclo de sueño/vigilia y provoca problemas circadianos".