Las primeras niñas vacunadas contra el VPH tienen un menor grado de cáncer de cuello de útero

Virus del papiloma, VPH
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Publicado 18/06/2018 16:55:25CET

MADRID, 18 Jun. (EUROPA PRESS) -

Las primeras niñas que fueron vacunadas contra el VPH tienen un menor grado de cáncer de cuello de útero, según ha puesto de manifiesto un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y que ha sido publicado en el 'International Journal of Cancer'.

Los efectos de la vacuna contra el VPH, que en 2009 se convirtió en parte del programa danés de vacunación infantil, han sido examinados por investigadores de la Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud de la Universidad de Copenhague, llegando a la conclusión de que "funciona".

"Es el primer estudio en el mundo para probar la vacuna 'Gardasil-4' a nivel poblacional. El programa de vacunación infantil, que incluye la vacuna contra el VPH, está dirigido a toda la población. Por lo tanto, es importante observar a toda la población y el efecto de la vacuna después de la primera evaluación de mujeres de 23 años", ha dicho una de las autoras del trabajo, Elsebeth Lynge.

En concreto, los científicos analizaron la cohorte de nacimientos de 1993, la primera en recibir la vacuna, y, posteriormente, compararon con una cohorte de nacimientos de 1983, a quienes no se les ofreció la vacuna contra el VPH. Las dos cohortes de nacimiento de mujeres son comparables y se parecen entre sí en cuanto al nivel de educación y la edad promedio de debut sexual, entre otras cosas.

Asimismo, los expertos examinaron los resultados de la primera prueba de detección cervical de las mujeres. La cohorte de nacimientos de 1993 fue invitada a una prueba de detección en 2016, mientras que las mujeres nacidas en 1983 tuvieron su primera prueba de detección en 2006, antes de que la vacuna fuera comercializada.

De esta forma, los investigadores descubrieron un 40 por ciento menos de riesgo de displasia severa en la cohorte de nacimientos de 1993 en comparación con la cohorte de nacimientos de 1983. "Esto significa que hay que remitir a un número menor de mujeres a un ginecólogo para que las examine más a fondo y se tome una muestra de tejido. Finalmente, también esperamos que haya menos enfermos", ha dicho la primera autora del estudio, Lise Thamsborg.

Las niñas de la cohorte de nacimientos de 1993 tenían 15 años cuando recibieron la vacuna. Y los investigadores esperan que el efecto sea aún más pronunciado en la actualidad, donde a las niñas ya se les ofrece la vacuna a la edad de 12 años.

El siguiente paso para los investigadores es examinar las muestras de tejido tomadas de mujeres con displasia. El objetivo es conocer si, y de ser así, cómo se han desarrollado casos de displasia leve y grave, respectivamente.

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