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Un mes tumbados en beneficio de la salud de los astronautas

Estudio para evaluar los efectos de estar tumbado en misiones espaciales
DLR
Publicado 20/10/2017 18:52:19CET

MADRID, 20 Oct. (EUROPA PRESS) -

El Instituto de Medicina Aeroespacial de la Agencia Espacial Alemana (DLR, en sus siglas en inglés) comenzarán esta semana un estudio con 12 voluntarios que permanecerán un mes tumbados en una cama para evaluar los efectos que conlleva para los astronautas que pasan tanto tiempo en esa posición durante sus misiones espaciales.

El proyecto forma parte de un programa de investigación de la NASA con el que buscan recrear en la Tierra las diferentes situaciones a las que deben hacer frente los astronautas para evaluar el impacto físico y emocional de las mismas.

En este caso, los participantes pasarán 30 días en una cama con una inclinación de cabeza hacia abajo de apenas seis grados y respirarán aire con 0,5 por ciento de dióxido de carbono, cuando el aire que se respira en la Tierra tiene una proporción del 0,04 por ciento.

En la Estación Espacial Internacional y en muchos otros vehículos espaciales los niveles de dióxido de carbono son más altos que en la Tierra, en parte por el entorno cerrado en el que viven y trabajan los astronautas.

Además, la inclinación simulará la naturaleza ingrávida del espacio, donde los fluidos en su cuerpo se desplazan hacia la cabeza, unas condiciones que imitan el entorno que se cree que puede ser la causa de algunos problemas de visión observados ya en algunos astronautas.

Los estudios de reposo en cama permiten a los científicos ver cómo el cuerpo se adapta a la ingravidez, ya que los participantes deben vivir, comer e incluso bañarse en esa misma posición, en un ambiente con más dióxido de carbono.

Y según explican los organizadores, esto hace que sus cuerpos se adapten como si estuvieran en el espacio, lo que permite también diseñar medidas para contrarrestar los efectos de pasar mucho tiempo en cama que puede afectar a muchos pacientes hospitalizados.

Aunque el estudio está muy bien estructurado, los días de los participantes pueden resultar muy aburridos, según admiten, de ahí que les animarán a fijarse determinados objetivos como aprender un nuevo idioma o tener clases 'on-line'. Además, las rutinas diarias como ducharse llevan más tiempo cuando es complicado llevarlas a cabo.

Continuamente los voluntarios estarán monitorizados mediante resonancias magnéticas para observar posibles cambios en las estructuras del cerebro o del ojo. Y también se controlará la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la absorción de nutrientes, el gasto de energía, la masa ósea e incluso el estado de ánimo de los participantes.

La dieta está estrictamente controlada, dando a los participantes pocas opciones sobre cuándo comer o el qué. Asimismo, aunque podrán tener acceso a sus teléfonos para estar en contacto con familiares y amigos, no podrán recibir visitas.

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