Vigilancia, prevención y protección

'Males del verano', consejos para evitar que arruinen tus vacaciones

Calor, fuente
FLICKR/ FLÁVIO EIRÓ/ATTRIBUTION 2.0 GENERIC (CC BY
Publicado 01/08/2017 12:56:50CET

MADRID, 1 Ago. (EUROPA PRESS) -

La coordinadora de Pediatría de HM Hospitales, Isabel Romero, ha comentado que la vigilancia, prevención y protección son "armas clave" para evitar los 'males del verano', caracterizados especialmente por los ahogamientos.

"Es el más temido. No es un motivo frecuente de consulta, pero por desgracia todos los años hay en España algún dramático caso. Es muy importante que los pediatras concienciemos a los padres del peligro de dejar sin vigilancia a los niños en playas y piscinas, incluso en las pequeñas de juguete con poca agua", ha comentado Romero.

Otro de los principales 'males del verano' son las picaduras de medusas. En estos casos, la experta ha recomendado lavar la zona con agua del mar, no frotarse, quitar los restos con pinzas y o un plástico duro, aplicar frío durante 15 minutos y no mojar la lesión con amoniaco ni con orina.

Del mismo modo, ha recordado la importancia de seguir "en todo momento" las recomendaciones de los socorristas en la playa o piscina. "La bandera amarilla significa extremar precaución no sólo por oleaje, puede ser por presencia de medusas. Las cremas solares aplicadas correctamente (media hora antes de la exposición y repetida a lo largo de las horas) no sólo previenen las quemaduras, también actúan de protección frente a las medusas", ha enfatizado Romero.

Insolaciones, picaduras de insectos, hongos o intoxicaciones alimentarias son también el abecé de las consultas médicas en los meses de verano. "Otros motivos de consulta de verano suelen ser urgentes, no por su gravedad, sino por requerir generalmente un tratamiento inmediato. Estoy hablando de quemaduras solares, picaduras de avispas y otros insectos, caídas (que provocan heridas abiertas, contusiones o fracturas), otitis externas, insolaciones o cuadros gastrointestinales", ha añadido Romero.

En este sentido, prosigue, hay que estar muy atento a los síntomas, que en la mayoría de los cuadros son evidentes por la aparición súbita y la relación con el desencadenante, si bien lo más difícil de reconocer suelen ser los cuadros de insolación.

"El niño mayor se quejará de dolor de cabeza intenso, malestar general, incluso vómitos y fiebre, los más pequeños estarán irritables. Cuando los días de calor son muy fuertes, aunque se use la crema protectora adecuada y la piel del niño ya esté bronceada, no hay que olvidar evitar la exposición solar prolongada, protegerse con gorras y ropa clara, y beber agua en cantidad suficiente", ha argumentado la doctora.

PICADURAS DE INSECTOS

Respecto a la picadura de insectos, frecuentes en sitios de campo y al aire libre, la doctora ha recordado que la medida de prevención "más lógica" pasa por usar repelentes y medidas de barrera como mosquiteras o ropa clara de manga larga para evitar picaduras.

"La avispa produce un habón, la abeja deja su aguijón, la araña una lesión con dos puertas de entrada, la garrapata una mancha negra. El modo de actuar más eficaz reside en lavar con agua y jabón, si es por abeja conviene quitar con unas pinzas el aguijón lo antes posible para evitar que el veneno penetre. Se puede aplicar localmente soluciones con calamina, barritas de amoniaco o frío, evitando contacto directo con la piel", ha recomendado Romero.

En algunas ocasiones, no sólo se trata de una lesión local, sino que puede haber lesiones similares que se extienden por el resto del cuerpo. En esos casos conviene consultar al pediatra, quien decidirá si son necesarios otros tratamientos como antihistamínicos o cremas específicas.

"A veces las picaduras producen reacciones alérgicas más graves y siempre que haya una reacción cutánea exagerada, hinchazón de párpados o labios, picor intenso de manos o dificultad respiratoria se debe acudir de forma inmediata a urgencias o contactar con el 112", ha destacado.

Finalmente, se ha referido a las intoxicaciones alimentarias, destacando la necesidad de asegurarse la cadena de frío evitando consumir alimentos refrigerados que hayan estado expuestos durante algunas horas a temperatura ambiente o que no se tenga seguridad de la integridad del envasado o de las condiciones de preparación.

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